El ministro de Transportes, Óscar Puente, en el Senado, el pasado jueves. Europa Press
Bruselas alertó en diciembre de 2023 que la línea de AVE Madrid-Sevilla estaba "obsoleta" y dio 111 millones para mejoras
Hoy se desconoce el destino de esos fondos europeos, tal y como denuncian tres eurodiputados del PP en un escrito dirigido al Ejecutivo comunitario.
El proyecto europeo era ambicioso en su descripción: incluía "la sustitución de raíles y traviesas", mejora estructural de puentes y túneles, y adaptación del drenaje.
La Comisión Europea llevaba dos años largos con las alertas puestas por el AVE Madrid-Sevilla.
En diciembre de 2023, Bruselas ya había dictaminado que estaba "obsoleta en comparación con el resto de la red de alta velocidad española".
Ese diagnóstico oficial reconocía expresamente la necesidad de modernización urgente para cumplir "las normas europeas de interoperabilidad ferroviaria" y los "requisitos de la red transeuropea de transporte".
En otras palabras: el AVE Madrid-Sevilla no daba la talla.
Seis meses después, el 25 de junio de 2024, la Comisión aprobó una subvención de 111.646.340 euros procedentes del Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER) para la mejora de la línea. Sobre el papel, una decisión lógica.
Los fondos se certificaron un mes después de que terminara la obra de "renovación completa" de la línea, según Óscar Puente, ministro de Transportes. Pero sobre el terreno, lo que había ocurrido era muy diferente.
La renovación no fue completa y se desconoce el destino de los fondos europeos, como ahora denuncian tres eurodiputados del PP, en un escrito dirigido al Ejecutivo comunitario, según ha sabido EL ESPAÑOL.
El proyecto europeo era ambicioso en su descripción. Incluía "la sustitución de raíles y traviesas", mejora estructural de puentes y túneles, estabilización de terraplenes y adaptación del drenaje.
Según el documento oficial de la UE, también se "renovarían los edificios e instalaciones" y se "instalarían vallas perimetrales".
Pero el Gobierno confirmó el 29 de enero de 2026, apenas 11 días después del accidente de Adamuz que causó 46 fallecidos, que durante las obras de modernización no se sustituyeron las traviesas en el tramo donde se produjo el desastre. Las traviesas que debían ser reemplazadas según el proyecto financiado por Europa.
El Partido Popular reaccionó con un movimiento político directo al corazón de la gestión.
Los eurodiputados Juan Ignacio Zoido, Borja Giménez Larraz y Esther Herranz, registraron una pregunta parlamentaria dirigida a la Comisión Europea, a la que ha tenido acceso este periódico, exigiendo explicaciones sobre la concesión y el uso de los fondos destinados al AVE Madrid-Sevilla.
La pregunta del dinero
La pregunta es incómoda para Puente y para Bruselas.
Primero: ¿cómo se emplearon realmente los 111 millones de euros si no se ejecutó una parte esencial de los trabajos comprometidos?
Segundo: ¿evaluó la Comisión el impacto que la obsolescencia de la infraestructura podía tener sobre la seguridad operativa de la línea antes de aprobar la subvención?
El PP, además, aprovecha para advertir de que hay un actor más en la ecuación: varias empresas participantes en el proyecto estarían presuntamente implicadas en una trama de corrupción.
Eso abre una tercera pregunta aún más incómoda: ¿hubo malversación de fondos europeos?
Así se expresa Zoido, en una declaración: "El uso de fondos europeos debe estar guiado por la máxima transparencia y orientado a proteger a los ciudadanos. Si una infraestructura financiada por la Unión Europea no se ejecuta conforme a lo aprobado y termina en una tragedia, es imprescindible depurar responsabilidades".
El Partido Popular reclama ahora a la Comisión Europea que active los mecanismos de control y auditoría necesarios.
También pide que se garantice la trazabilidad completa de cómo se invirtieron los 111,6 millones en un proyecto que, sobre el terreno, parece haberse ejecutado a la carta de quien financiaba, no de quien lo pagaba.
La línea Madrid-Sevilla, inaugurada en 1992, fue concebida para velocidades de hasta 300 km/h. Lleva más de tres décadas siendo un eje vertebrador del transporte en el suroeste de Europa.
Pero los avances tecnológicos del sector ferroviario europeo la dejaron fuera de juego. Bruselas lo detectó y evaluó. Lo documentó y financió el arreglo. Ahora toca investigar qué sucedió con el dinero.