Ramón Tamames, en el salón de su casa, en la semana de la moción de censura (a punto de recibir a unos chinos).

Ramón Tamames, en el salón de su casa, en la semana de la moción de censura (a punto de recibir a unos chinos). Cristina Villarino

Política ENTREVISTA FINAL

Ramón Tamames se despide de ustedes: "Mi próxima aventura es un vuelo espacial"

"Temí que pudiera morir durante la moción. A estas edades puede pasar. Hay que tener mucho cuidado" / "Me lo pasé muy bien. La moción fue como ver el Cometa Halley. Son cosas que ocurren cada setenta años" / "Rufián y yo nos reconocemos como personas sensibles" / "Sánchez me ganó en ego. Leyó todo lo que le dieron. Fue como un robot. ¡Qué tostón!".

25 marzo, 2023 02:42

Si quisiéramos volar por los aires el ático de Ramón Tamames, el portero nos daría los "buenos días". Como en este instante. "¡Hola, buenos días! Adelante". Entramos con un montón de maletas negras en forma de trípode, que lo mismo podrían ser lanzagranadas. Es una locura la casa de don Ramón. Escuchamos varios ruidos a la vez. Tocamos la puerta. No abre nadie.

Entrevista a Ramón Tamames Laura Mateo

Se oye dentro al viejo profesor: "¡Que alguien coja el teléfono y abra la puerta, por Dios!". Eran eso, teléfonos. Pero todos mezclados. Un fijo, varios móviles. Abre él mismo, igual que hacía don Pío en su casa con edad parecida. "Sepan ustedes que hoy sólo recibo visitas especiales. Unos chinos y vosotros".

–Tenga cuidado con los chinos, Ramón.

–¿Qué quieren exactamente?

–Charlar un poco.

Montamos el plató en el salón. Alrededor de las butacas versallescas y de un montón de cuadros. La firma de Ramón está por todas partes. En sus libros, en algunos óleos, en las medallas, en las fotos.

–¿Y el retrato de Marx que tenía por aquí?

–Desapareció hace cuatrocientos años.

Lleva un pañuelo de colores anudado como si fuera una corbata. Las gafas de pasta. Se ha nublado el día. No hay demasiada luz. Al fondo, por el ventanal, se ve el Santiago Bernabéu.

–Ramón, ¿por qué no le hacemos presidente del Barça? Si no, ¿cuál va a ser su próxima aventura?

–Mi próxima aventura va a ser un vuelo espacial.

Y ahí lo deja. La moción de censura ha sido una nave ardiendo más allá de Orión. Ninguno creímos que pudiera ocurrir. La casa de don Ramón es, por tanto, la Puerta de Tannhäuser. Ahora que se abre, no sabemos qué es real y qué no.

Nos cuenta que su discurso del Congreso –convertido en libro digital y puesto a la venta sin haber acabado la moción– es número uno en ventas de Amazon, categoría de "Política". Pensamos, una vez más, que es imposible. Cuando se despista, ponemos el VAR. La madre que nos parió... Va por delante de Fernando Aramburu o Javier Cercas. ¡Dale, Ramón!

La puerta del despacho de Tamames, con la foto de la legalización del PCE colgada.

La puerta del despacho de Tamames, con la foto de la legalización del PCE colgada. Cristina Villarino

Le miramos y lo vemos preparado. En casa, no lleva bastón. ¿Y si los chinos que vienen justo después, igual que Vox con la moción, van a disparar al espacio a don Ramón?

Por fin, nos sentamos.

–Ramón, sabe que yo le quiero, pero... ¿cómo nos hizo usted eso? Lo del Congreso fue para suicidarse.

–Era insoportable. El presidente habló una hora y cuarenta minutos, luego intervino más veces. Entre él y la amiga Yolanda hablaron más de cuatro horas.

–Fue de veras terrible. Hasta Carmen, su mujer, se echó la siesta en la tribuna de invitados. Nos dio una envidia tremenda.

–Ya, ya.

Ramón sonríe. Es verdad que estuvimos en el Congreso justo al lado de Carmen. Otra vez la Puerta de Tannhäuser. La vimos descalza, con las piernas estiradas y apoyadas en la butaca de adelante. El ujier, como nosotros ahora, no daba crédito. ¿Ramón al espacio? ¿Ramón número uno en ventas? ¿Carmen tumbada en el Parlamento?

–Usted aguantó despierto todo el tiempo.

–Sí, es verdad, aguanté y escuché a todo el mundo.

–Le confesaré algo: los diputados salían al baño sólo para poder descansar un rato.

–Claro, necesitaban tranquilizarse un poco. Oiga, mi tiempo es oro. Lo sabe, ¿no?

Hay una enseñanza en todo esto, que anotamos en el estuche de la conciencia. Ramón vive como si tuviera veinte años. Quién sabe. Quizá palmemos nosotros, con treinta, antes que él con noventa.

Aprovecha cualquier rato, entre foto y foto, para leer algo pendiente, para organizar su archivo. En la puerta de su despacho, continúa colgada la mítica foto de la legalización del PCE. Se le ve agitando una bandera roja. En la esquina, un cartel electoral. Campaña municipal de Madrid. Ramón Tamames, del Partido Comunista.

Tamames, antes de coquetear con Vox, estuvo en el PCE y en el CDS de Suárez.

Tamames, antes de coquetear con Vox, estuvo en el PCE y en el CDS de Suárez. Cristina Villarino

–Hay una pregunta que se nos olvidó hacerle, profesor. Si la moción de censura hubiera prosperado, aunque usted había prometido convocar elecciones, habría tenido que formar un gobierno provisional. Porque usted no habría sido Caudillo ni Duce de España. ¿A quién habría nombrado ministros de ese Ejecutivo?

–Respeto la mayor: la tesis de que yo no iba a salir presidente del Gobierno. Era evidente. Por tanto, prescindo de la menor: no pensé en las personas a quienes habría nombrado ministro. Tuve 53 votos de 350. No había posibilidad alguna.

–¿Y Rufián? Fue muy cariñoso con usted.

–Sí señor, lo fue. No me dijo nada en concreto. Nos dedicamos una leve sonrisa y con eso quedó todo dicho. Fue un mutuo entendimiento de que, a pesar de todo, nos reconocemos como personas sensibles.

Ministro... ¿de quién?

Tamames –lo cuenta él– estuvo en las quinielas para ser ministro en varias ocasiones. En dos momentos insospechados, teniendo en cuenta su militancia antifranquista. Primero, con la dictadura. Después con la dictadura que no fue: el 23-F.

Las paredes están llenas de periódicos. Amarillos, casi marrones. El ABC y sus suplementos. El Blanco y negro. ¿Estamos en blanco y negro? ¿Estamos en el pasado? ¿En el futuro? ¡Sácanos de este círculo infernal, Latino!

–Si el 23-F hubiese prosperado y Armada hubiese formado gobierno, con la perspectiva que da el tiempo, ¿qué le habría dicho?

–Que se fuera a la calle y directamente a la cárcel. Yo me enteré de que estaba en esa lista a través de Javier Cercas y su libro sobre el 23-F. El señor Armada estaba un poco desorientado. Pensó que un gobierno de dictadura militar podía funcionar. Y no era así. El Rey no estaba por la labor.

–Ha dicho algunas veces que también pudo ser ministro de Franco.

–Sí. En la última crisis de gobierno de la dictadura, uno de los ministros me propuso ser secretario general técnico con la posibilidad de ascender a ministro en pocos meses. Le dije que sólo lo haría en democracia. Otro ministro me dijo: “Ramón, se ve que no quieres unirte a la carreta de María Antonieta camino de la guillotina”. No, no quería.

–¿Y si Sánchez le propusiera ser ministro? Se define como "un profesor al servicio del país".

–No aceptaría. No me gusta cómo este Gobierno está ejerciendo el poder. Los de Vox me llamaron por eso. Ni poco ni mucho, no me gusta este Gobierno. Es un Ejecutivo Frankenstein apoyado por separatistas y que admira a los antiguos terroristas.

Un momento de la entrevista.

Un momento de la entrevista. Cristina Villarino

Patxi López, al borde del infarto, y con Ramón recetándole cafinitrina, citó en el Congreso Historia de Elio, una novela que Tamames publicó a finales de los setenta. Rafael Chirbes dijo que era un libro "fascista" porque suponía la llegada al poder del alter ego de Ramón mediante una especie de Marcha sobre Roma.

El caso es que la moción de censura de esta semana ya fue prologada por el propio Ramón. Está la novela en el salón. Quizá la haya repasado estos días. Nunca volverá a estar tan cerca (y tan lejos) de la presidencia de España.

–Ya en los setenta, se imaginó usted a sí mismo como una suerte de salvador de la patria. El protagonista, un trasunto de usted, era llevado en volandas a Moncloa para acabar con la desorientación del país.

–En cierto modo, es verdad eso que usted dice. La novela fue una prefiguración de lo sucedido estos días. Si hubiera conseguido los votos, podrían haberme llevado a Moncloa. La novela y la moción de censura tienen una relación evidente.

–¿Ha soñado con ser presidente?

–No he soñado, he pensado.

En sus memorias –ésas que Ramón ha ido regalando a los periodistas que lo han visitado– cuenta cómo un día, con su amigo Juan Sebastián Garrigues, hijo de don Antonio, planeó matar a Franco.

Estuvo por medio también el padre de Alberto Ruiz Gallardón, José María, que fue quien los disuadió... 

–Patxi López le habló a usted mucho de Franco. ¿Por qué no le contó que una vez pensó en matar a Franco junto a un hijo de don Antonio Garrigues? 

–Hombre, no pensamos en matar a Franco, bueno Juan Sebastián sí. Pensamos en una especie de estudio sobre la posibilidad… Era Juan Sebastián Garrigues el que quería hacerlo. Me pidió auxilio para la operación y yo le dije: “Es una cosa fantástica”. Fuimos a ver a Ruiz Gallardón, el padre de Alberto. Dijo: “Si queréis matar a Franco, tenéis que contratar a un gangster de Chicago y eso cuesta un millón de dólares”. 

–Teniendo en cuenta lo que fue Franco, ¿no es perder el juicio decir que Sánchez es peor que él? Lo digo porque Vox lo afirma.

–Yo no diría eso nunca. Sánchez es presidente de un Gobierno formado legítimamente por votación de las Cortes. No me gusta este Gobierno, pero es legítimo. Sánchez no tiene nada que ver con Franco.

Los artilugios del despacho de Ramón.

Los artilugios del despacho de Ramón. Cristina Villarino

La guerra de los egos

Pedro Sánchez no se acercó en ningún momento a saludar a don Ramón. Estaba el viejo profesor, con sus noventa años a la espalda y un bastón, desparramado en el escaño. Ramón quiso cenar con Sánchez antes de la moción para conocerse. La Moncloa le respondió que no era una buena idea porque acabarían revelándose sus estrategias. Coló.

–Me han dicho que se quedó usted muy impresionado de que Sánchez no le saludara en ningún momento. ¿Quiere decirle algo?

–Hombre, impresionado tampoco. Me quedé tan tranquilo. Pero, normalmente, cuando una persona está en una casa más frecuentemente que otra, se acerca a saludar. Y Sánchez va todas las semanas al Parlamento. Lo lógico es que el anfitrión salude al visitante. Me extrañó que no me visitara. Creo que inició el camino para hacerlo, pero en ese momento llegó un montón de gente y el camino se torció. Eso me han dicho, pero es un asunto que no he estudiado.

–¿Le ha hecho llegar algún mensaje con posterioridad?

–No, ninguno.

Es difícil medir el ego. ¿Cómo se hace? ¿Por lo que dice uno de sí mismo? ¿Por las fotos suyas que coloca en el salón de casa? ¿Por pensar en cómo pasará a la Historia? Los análisis publicados estos días sitúan el ego como razón principal del "sí" de Ramón a Vox.

A través de sus intervenciones, quedó claro que el viejo profesor no tiene mucho que ver con el ideario de Santiago Abascal. La nación de naciones, el aborto, la inmigración... Llegó a decir Ramón que si le hubiera hecho la misma oferta otro partido se lo habría pensado.

–Quienes le conocen, amigos y adversarios, dicen que a usted le pierde el ego y que eso fue lo que le empujó a aceptar la propuesta de Vox. Pero sólo le dejaron hablar 68 minutos el primer día. Sánchez estuvo leyendo folios hasta alcanzar los 173 minutos. ¿Quién gana en la batalla de los egos? ¿Sánchez o usted?

–Si mide usted el ego con el reloj, gana Sánchez. Es evidente. Cuatro veces más que yo.

–¿Era difícil superarle a usted en términos de ego?

–No, Sánchez me superó. Pero es que yo no hago discursos por bla, bla, bla, bla, bla. Me interesa decir las cosas lo mejor posible y con la mayor brevedad.

–Le impresionó que en el Congreso se lleven todas las intervenciones escritas desde el gabinete. Sánchez leyó respuestas incluso a cosas que usted no había dicho.

–¡Es un tostón todo eso! ¡Un tostón! ¡Tener que escuchar la lectura de un texto previamente escrito! Además, el presidente leía todo lo que recibía por el tubo electrónico. Sánchez fue un portavoz del tubo electrónico, un robot.

–Usted también nos leyó un buen rato, ¿eh?

–Un ratito, sí. Porque había que precisar cosas.

–Lo más grave es llevar la réplica escrita y leerla sin importar lo que ha dicho el adversario.

–Sí, también se llevan escritas las réplicas. Es sorprendente, milagroso y admirable. ¡No sirve para nada!

–¿Sabe que algunos ministros estuvieron comiendo frutos secos en el Congreso?

–¿De verdad?

–Se lo prometo.

–Por lo menos, no serían pipas, ¿no? Pipas de girasol, como en los cines de la posguerra. Creo que todavía hoy la gente come muchas pipas.

Tamames es autor del mítico Estructura económica de España.

Tamames es autor del mítico "Estructura económica de España". Cristina Villarino

La bomba atómica

Ramón no olvida el día que leyó por primera vez a Baroja, su escritor preferido. Es capaz de describir en qué habitación de su casa estaba. Desde entonces, maquinó un plan para conocer al escritor del Zalacaín. Su padre le decía que no se plantara en la tertulia de don Pío, que ya estaba muy mayor. Pero Ramón, que se ha presentado a una moción de censura con noventa años, no se dejó arredrar.

Fue allí con unos amigos. Varias veces. Una de ellas, el escritor le regaló un retrato firmado, que preside el salón de esta casa y que nos mira ahora desde la pared.

–Ya que estábamos... y teniendo en cuenta lo surrealista que fue todo: ¿por qué no propuso en el Parlamento lo que le dijo un día Baroja? Tirar una bomba atómica en el centro de España y hacer una gran laguna para criar patos.

–Fue una broma de don Pío. No me pareció muy graciosa cuando nos la dijo. Una gran laguna para cazar patos desde la periferia, como si el centro de España estuviera desértico. Hoy tenemos unos núcleos industriales interesantes. Madrid, Alcalá de Henares, Talavera… Ya no es la idea de Perpiñá Grau de que los vagones iban llenos de la costa a Madrid y vacíos de Madrid a la costa. Incluí esto en una de las versiones de mi discurso, pero lo quité porque había ya muchas cosas.

Al día siguiente de la moción, los periódicos, próximos a la izquierda y a la derecha, coincidieron, a través de sus editoriales, en que la maniobra de Vox, si había servido para algo, era para "fortalecer al Gobierno".

Abascal, en la tribuna del Congreso, anticipó esos titulares y dijo que se producirían por estar los periodistas comprados. Habló también de una "ceremonia de la confusión dirigida".

–Ahora que ya ha pasado: ¿la moción ha servido de algo? Al día siguiente, todos los medios, desde la derecha a la izquierda, coincidieron en que sólo hubo un beneficiado: el Gobierno.

–Yo creo que también hay artículos espléndidos sobre mi intervención. Alguno de Girauta, de Tom Burns… Los editoriales, pues cada uno a su aire. Ha habido artículos positivos. Raúl del Pozo me llamó “caballero de Chamberí”. Chamberí fue el primer suburbio de Madrid. El nombre viene de Saboya. Cuando fueron a pedirle a la mujer de Felipe V el nombre del sitio, dijo: “Pongan ustedes Chamberí, que es donde yo nací”. 

–Dice Abascal que los que escribimos que la moción benefició a Moncloa estamos pagados por el Gobierno o el PP. Pero a mí nadie me paga, Ramón.

–Yo no me meto en lo que dicen los demás. Hombre, podía responder a los contrincantes, pero no al partido que me proponía. Yo ya sabía que Vox iba a decir cosas que no comparto. Por ejemplo lo de los medios. No me meto en la guerra, estoy observando a los guerreros.

–Usted sí ha hecho algo de negocio con la moción. Cuando todavía no había terminado, ya vendía usted su discurso en Amazon, en formato libro digital, a 4,80. Cuénteme eso. 

–Bueno, bueno, ¡a 4,80! Es una buena información inmediata. ¿Qué se pensaban? ¿Que iba a esperar a que me lo copiaran y lo publicaran otra vez? Pues lo pusimos nosotros en difusión [se refiere a la filtración].

–¿Qué tal van las ventas?

–Creo que va número uno en venta en España en estos momentos [es cierto. En Amazon, categoría de libros políticos].

–¿De verdad?

–Sí. Lo he visto esta mañana. Son cosas de mi editor.

Tamames estudia en su despacho (no está posando, es un robado).

Tamames estudia en su despacho (no está posando, es un robado). Cristina Villarino

Los viajes de Ramón

–Decía Umbral que usted es un “cometa Halley de la política”. Por su facilidad para cambiar de un partido a otro. Si llega a ver lo de Vox, ¿qué hubiera dicho Paco?

–Le habría gustado. Él decía: “Ramón dice lo que piensa y se lo piensa antes de decirlo”. Me tenía mucho cariño y mucho respeto. Además, cuando publiqué mi segunda novela, dijo: “Ramón es un novelista como la copa de un pino”.

–¿Lo dijo por amistad o porque lo creía?

–Lo creía.

–Por cierto, ¿es verdad que usted se enfadó con Umbral por el poema que le escribió a su mujer? Se lo escuchamos a un librero de la Cuesta de Moyano.

–No, nunca me enfado cuando le escriben un poema a mi mujer. Primero, porque se pone muy contenta. Por mucho feminismo exacerbado que haya, no se ha perdido la teoría del piropo de la que hablaba Ortega. Además, Paco, tenía razón en ese poema.

Carmen, piernas prohibidas por el ujier del Congreso, leyó estas líneas de Umbral, que fueron escritas con motivo de un homenaje... a Ramón: "¿Recuerdas tú tus noches en el heno, escogiendo luceros en la paja? Yo te miraba en las mañanas rosa trasladando tus muebles y tu llama".

–Fue su amigo Sánchez Dragó el que tuvo la idea de proponerle en una marisquería. Ha escrito ahora que Vox debería ficharle a usted para sus listas electorales. ¿Aceptaría?

–No sabía que había dicho eso Fernando. Oye, que no se piense que se va a convertir en mi mánager. Es un buen amigo. Lo llamo “el gran embarcador”. “De este agua no beberé” es la contestación más sabia, pero ni eso se puede decir. Yo no pienso en un futuro parlamentario, he cumplido con un compromiso de cara a la opinión pública. Lo confieso: me lo he pasado muy bien. He pasado mis temores, como es lógico. No se sabía cómo podía terminar esta aventura.

–¿En qué sentido? ¿Temía que le pasara a usted algo?

–Pues, por ejemplo... que me pusiera malo, que me cayera al entrar por la puerta, o que en vez de recibirme bastante bien los diputados me hubieran recibido con espadas en alto.

–Hemos montado esto para que se divierta usted, Ramón.

–En general, ha habido bastante respeto. Mi mayor temor era no tener resistencia física para estar el primer día seis horas y el segundo cuatro con el presidente enfrente. Figúrese usted. Eso me lo dicen un año antes y no me lo creo.

–Lo que nos faltaba: un candidato muerto. Deje, deje.

–Pues tenía mis temores. Mi pobre maestro, don Juan Velarde, hace un mes se subió a una biblioteca para coger un libro y se murió. Le puede pasar a cualquiera. A estas edades hay que tener mucho cuidado.

Ramón Tamames es catedrático de Economía, político, novelista... ¿Qué no es Tamames?

Ramón Tamames es catedrático de Economía, político, novelista... ¿Qué no es Tamames? Cristina Villarino

El final

Ramón no tenía en el Congreso la escapatoria de las redes sociales. Ese divertimento que encuentran los diputados cada semana para no escuchar al de enfrente. Ramón era un diputado analógico secuestrado por su propia moción de censura.

Como ahora, que quiere terminar porque vienen los chinos... y no le dejamos. Una de las imágenes que más llamó la atención fue –argot futbolístico– cuando hizo la estatua tras las palabras de Abascal. Los parlamentarios de Vox aplaudieron a rabiar. Pero Ramón, su líder de esa mañana, asistió a la ovación con las manos mansas.

–¿Por qué no aplaudió las palabras de Abascal?

–¡Porque yo no tenía que aplaudir! Fui una persona invitada para hablar.

–¡Pero si a usted le había invitado Vox!

–No quería tomar partido por un grupo ni por otro. Me presentaba un partido, pero yo quería ser respetuoso con todos.

–Dígame la verdad: de entre todos los partidos que hay en el Congreso, ¿cuál es el que mejor representa sus ideas políticas?

–Ninguno.

–¿Se llevó algún recuerdo físico del Congreso? Margallo, por ejemplo, tiene un escaño en su casa.

–No, llegué tarde a esa convocatoria de venta de los escaños antiguos. Podía haber comprado el mío. Bien que lo sentí entonces, pero el escaño lo tengo en la cabeza.

–¿Quiere decirle algo a alguien?

–Sí, a usted. Tenemos que terminar ya.

–¿Volvería a hacerlo?

–Una y no más, santo Tomás.

–Parafraseando el título de Jorge Semprún, “Ramón Tamames se despide de ustedes”. Despídase de sus señorías.

–¡Yo me despido de usted! [suelta una carcajada].

–También de sus señorías. Qué les dice.

–Me lo he pasado muy bien. He encontrado el deseo de lucha, de avanzar y de resistir. Cada uno con su ideología. Me he encontrado bien. Eso es bueno. Hemos pasado todos una experiencia única. Presenciar un espectáculo como este en España es como ver el cometa Halley. Ocurre una vez cada setenta años.