Miguel Lorente, ex delegado del Gobierno contra la Violencia de Género, este viernes en su casa.

Miguel Lorente, ex delegado del Gobierno contra la Violencia de Género, este viernes en su casa. Juande Ortiz

Política VIOLENCIA DE GÉNERO

Miguel Lorente: "Los asesinatos de mujeres refuerzan a hombres que están pensando en matar"

"Las pulseras y los dispositivos telemáticos para garantizar las órdenes de alejamiento no se usan lo suficiente" / "La clave es la educación, formar y concienciar" / "Con la pandemia se ha perdido la conciencia de la violencia de género como problema social".

31 diciembre, 2022 02:53

Miguel Lorente (Serón, Almería,1962) se envuelve de papeles, tiene el CIS abierto en la pantalla del ordenador y habla con palabras de médico forense, pero mira con ojos de estudiante. A veces parece que se va por las ramas, pero siempre vuelve. Todo lo pone en contexto, todo lo asienta sobre el yunque de los datos y lo golpea con el martillo del genoma político. No es habitual. 

El profesor de Medicina Legal y Forense de la Universidad de Granada, ex delegado del Gobierno contra la Violencia de Género en tiempos de Zapatero, recibe a EL ESPAÑOL en su casa de Jaén en la peor semana posible. La expresión más brutal del machismo se acaba de llevar, hace apenas 24 horas, la vida de tres mujeres en la recta final de este 2022. Es el peor diciembre desde que hay registros.

Lorente lleva años en esto, desde que en 1988 un par de víctimas de violencia de género le dijeron que sus maridos les pegaban "lo normal". Desde entonces no ha dejado de estudiar, escribir y hablar sobre el tema. Su voz aún le tiembla cuando la realidad aprieta. Hoy es uno de esos días.

Miguel Lorente.

Miguel Lorente. Juande Ortiz

Tres asesinatos machistas en las últimas 24 horas y un diciembre negro, más que de costumbre. La primera pregunta es obligada: ¿Por qué?

Estamos ante el peor diciembre de toda la serie histórica desde que tenemos datos, por encima del diciembre de 2008, en el que hubo 11 asesinatos machistas. De media, los homicidios se incrementan en julio/agosto y en diciembre/enero porque aumentan los factores de riesgo, que pueden ser las vacaciones, el fin de semana, las discusiones familiares… Eso es algo que los agresores llevan especialmente mal, porque entienden que hay una intromisión a su espacio propio; ven que se ataca su autoridad, ven que la mujer no está aislada de sus apoyos externos y lo viven todo con mayor agresividad. Y esto va avanzando a medida que pasa el tiempo y se van acumulando más casos.

¿Una especie de "efecto llamada"?

No se debe de llamar así, pero lo que sí que ocurre es un refuerzo en la intención asesina de esos hombres. La gente cree que el homicidio es una especie de pérdida de control, como un arrebato que se escapa a su voluntad, pero es todo lo contrario. Es un proceso que se va construyendo y que el asesino va valorando: "Lo hago, no lo hago, qué me va a pasar, qué va a pasar con mi hijo…"

Claro, cuando llegan a ese punto es que están muy cerca de llegar hasta las últimas consecuencias. Nos puede parecer una barbaridad, pero ahora mismo en España hay hombres que están pensando en matar a mujeres y, cuando ven que otro lo ha hecho, se sienten reforzados.

Pero no es un "efecto llamada", no hay hombres que se sientan "llamados" a matar a su mujer sin haberlo pensado antes sólo porque el resto sí lo haga. Es lo contrario: usan homicidios previos para reforzar sus intenciones. Por ejemplo, si una mujer denuncia y en los últimos días ha habido algún homicidio, el investigador debe de elevar el riesgo, y estoy seguro de que estos días estarán aumentando las llamadas al 016 y las denuncias.

"Una orden de alejamiento es un papel. Si alguien está dispuesto a matar, un papel no lo va a parar"

Precisamente, en los últimos feminicidios registrados sí existían denuncias previas en más de la mitad de los casos. ¿Qué está fallando entonces?

Más que fallar, no se están poniendo a nuestro alcance todos los recursos de que disponemos. Cuando hay una denuncia se hace una valoración de riesgo policial sobre la víctima, que la hacen los agentes, y cuando el detenido pasa a disposición judicial en menos de 72 horas se hace una segunda valoración sobre el agresor, que la hacen los forenses.

Cuando yo estaba de delegado del Gobierno para la Violencia de Género, en 2011, pusimos en marcha un protocolo para que los forenses hicieran una evaluación urgente para que el juez valorase realmente el riesgo del agresor. Esto se está haciendo poco, pero muy muy poco. Tampoco se usan lo suficiente, aunque más que antes, las pulseras y los dispositivos telemáticos para garantizar las órdenes de alejamiento. Una orden es un papel. Si alguien está dispuesto a matar, un papel no lo va a parar.

Esta semana hemos sabido que el Ministerio del Interior dedica el mismo número de agentes que en 2011 a luchar contra la violencia machista. Mientras tanto, hay quien dice que se gasta demasiado en campañas.

Esos son argumentos muy vacuos. Es lo mismo que decir que la DGT se gasta mucho dinero en campañas contra los accidentes de tráfico pero que luego las carreteras tienen muchos baches, señales borradas y líneas sin pintar. Son argumentos muy simplistas, por eso funcionan, pero si estamos hablando de un problema de falta de conciencia, como es la violencia de género, lo que tenemos que hacer también es concienciar, aunque no sólo.

El 75% de las mujeres asesinadas no han denunciado nunca, y hay que trabajar en campañas para que lo hagan. Igualar esto a la falta de protección es un argumento muy populista, pero la realidad es que la normalidad impuesta por el machismo todavía es muy potente y tenemos que diluirla de alguna manera. ¿Que hacen falta más recursos? Por supuesto, pero las campañas para concienciar son parte de esos recursos.

Miguel Lorente

Miguel Lorente Juande Ortiz

Un dato revelador del último CIS es que sólo un 0,6% de la población considera la violencia de género un problema grave. 

Sí, es terrible, e insisto mucho en esos datos, porque la percepción de la violencia de género ha cambiado mucho desde la pandemia. En el año 2019 la media era que un 6,7% de la población ponía la violencia de género como un problema grave, durante la pandemia en 2020 bajó hasta el 2,4, y después de la pandemia ya ha caído a ese 0,6%.

La pandemia nos ha generado una posición mucho más individualista, más basada en la propia experiencia, y se ha perdido la conciencia de la violencia de género como problema social. Es muy preocupante, pero demuestra que incluso ante situaciones tan graves como son los homicidios se genera una visión crítica sobre la violencia de género.

¿Cómo es posible que después de 18 años de ley integral, con todo lo que ha supuesto, acabemos de vivir el peor diciembre de la serie histórica? 

A parte de que son factores contextuales, lo que eso te está diciendo es que la base para que se produzca la violencia y se exprese de la forma más grave sigue estando presente. Es decir, que hemos ido corrigiendo muchas cosas, pero esa construcción machista lleva a que un hombre entienda que el uso de la violencia es un instrumento adecuado para resolver su conflicto y para conseguir el control o para castigar a las mujeres. Todo eso sigue presente, a pesar de todos los avances, porque no hemos trabajado tanto en educación. Y luego, en el momento en el que lo quieres incorporar, la ultraderecha aparece con el pin parental.

"La ley de violencia de género no va contra los hombres, va contra los hombres que maltratan. Nunca he escuchado a nadie decir que el Código Penal va contra las personas"

¿Cómo está España en relación a sus vecinos? 

España es uno de los países con menos homicidios, pero también somos los que más los vigilamos. En el año 2010 hicimos en el Gobierno una propuesta a nivel europeo para la violencia de género en la que implicábamos a muchos países. Recuerdo que uno de los 25 Estados que estaban ahí, no recuerdo cuál, ya me dijo entonces aquello de que el problema que teníamos en España es que se mataba a muchas mujeres a manos de sus parejas. Yo les pregunté a cuántas se mataban en sus países y ninguno supo darme una respuesta. Ninguno sabía la respuesta, porque no lo miden.

A nivel europeo no existen datos ni sobre homicidios ni sobre violencia de género porque su normativa, sus instrumentos y sus indicadores no están desarrollados, en España sí. Esto no es casual, es una decisión de aquellos que consideran que estos temas son secundarios o que, si se abordan, tienen que abordarse con una profundidad mucho menor de lo que es el abordaje de homicidios por narcotráfico, por ejemplo.

En España, en diez años, los homicidios han bajado un 20%. La transformación social, incluso en las peores expresiones, es eficaz, pero hay quien ve en ello un ataque a los hombres y habla de esto como guerra cultural.

Sobre todo desde la extrema derecha.

De la extrema derecha… con la connivencia de la derecha, que le da pábulo. Cuando de pequeño oía en el pueblo a los padres decirle a sus hijas que estudiaran para no depender de un hombre, no es que fueran feministas radicales, pero sí sabían que tenían que ser libres. Ahora hay quien de repente coge esa realidad, que ya estaba antes de las políticas de género, y la ve como algo negativo que va contra lo establecido.

Miguel Lorente.

Miguel Lorente. Juande Ortiz

¿Influye ese discurso, ese negacionismo, en la violencia de género?

Indudablemente. Pero ellos niegan este modelo precisamente para reafirmar el suyo; al final el negacionismo es también afirmacionismo. Recurren a esas ideas de que van contra los hombres, que la ley integral va contra los hombres que maltratan… no, perdone. Los hombres asesinan a las mujeres porque son machistas.

La ley de violencia de género no va contra los hombres, va contra los hombres que maltratan. Nunca he escuchado a nadie decir que el Código Penal va contra las personas. En todo caso, irá contra las personas que delinquen. 

Se penaliza al hombre porque hay una violencia construida por los hombres que normaliza, justifica y minimiza el asesinato de 60 mujeres de media cada año, cosa que no ocurre en otro tipo de violencias. Y todo esto lo hace sin una conciencia crítica por parte de la sociedad, y que encima recibe muchísimas justificaciones como el "algo habrá hecho". Por eso se aborda específicamente. Hay comportamientos distintos porque se trata de violencias distintas, pero hay posiciones conservadoras que lo atacan para vender su modelo de sociedad.

O sea que es un instrumento político.

Es una estrategia global que integra un modelo de sociedad. Empezó con Trump y después ha continuado para hacer propuestas que permitan que un sector de la sociedad se identifique con ellos. Al final, la violencia es una manera de recuperar el orden y de corregir aquella persona que está atacando o alterando ese orden. Pero está todo conectado. 

"Hay un 15,4% de chicos jóvenes que creen que la violencia, si es leve, no es un problema para las relaciones de pareja"

¿Con el discurso sobre la inmigración, por ejemplo?

Por eso decía que son afirmacionistas, porque lo que critican es aquello que cuestiona el modelo y la construcción androcéntrica, que se hace desde el Neolítico. Entonces sólo existían dos grupos, hombres y mujeres, y el hombre adquiere esa posición de referencia y autoridad jugando con la idea de que el que es diferente es también inferior. Por lo tanto, si la mujer es diferente al hombre, la mujer es inferior.

Esto se aplica hoy en día a otros elementos: si eres extranjero, eres inferior; si eres homosexual, eres inferior; si eres de otro grupo étnico, eres inferior… La esencia de toda esta construcción es el machismo, porque es el argumento original, y defenderlo es defender la coherencia de su modelo.

Si encima de todo, oyes que la violencia de género no existe, que vaya con los chiringuitos que se montan, que si tienen divorcio más favorable… pues alimentas aún más la posición que ya existe. Lo mismo con la inmigración. Ese discurso ya existe, ellos sólo lo refuerzan y los conectan para sentirse legitimados.

¿Cómo se aborda esto entonces? ¿Con la educación?

Claro, y eso ellos lo saben, por eso hablan de adoctrinamiento, como si su posición fuera la neutral. O hablan de ideología de género, cuando la suya también es ideología de género, pero machista. Lo usan como algo negativo.

Lo que digo es que hay que construir la convivencia basándonos en la igualdad, por eso la clave es la educación, en formar bajo la referencia y la concienciación, y en ser críticos con las personas que ya están formadas.

Volvemos a lo de las campañas.

Es que la denuncia nunca va a ser suficiente. Hemos avanzado hasta un 25% de denuncias en estos 18 años, pero la realidad es que si trabajamos en que la situación social y la conciencia crítica sea tan alta como para que se denunciara en un 70% o en un 80%, por ejemplo, entonces ya no existiría la violencia de género. Porque precisamente esa normalidad, esa justificación, todo eso que hace que la violencia de género exista, no existiría, porque no lo aceptaríamos como normal. Igual que no aceptamos como normal que nuestro vecino nos pegue, porque no existe esa construcción cultural respecto a las relaciones vecinales.

Miguel Lorente.

Miguel Lorente. Juande Ortiz

Algo no funciona si uno de cada cinco hombres jóvenes de entre 15 y 29 años considera que la violencia machista no existe y que es un invento ideológico. Eso es el doble que hace cuatro años.

Efectivamente, ha pasado del 11,9 al 20% y ha subido un 40% desde 2019. Hay que interpretar el papel de los hombres jóvenes de una manera muy crítica. En ese mismo barómetro [de la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción], sobre si la violencia de género es un problema grave, dicen que el 55% de los chicos lo piensa, mientras las chicas, ante la misma realidad, lo piensan un 74%.

Cuando tú ves que ante la misma realidad, con el mismo reguetón, con los mismos videojuegos, con las mismas series, con las mismas redes sociales, las posiciones son tan diferentes, ves que no es una cuestión de falta de información o de dispersión, es un posicionamiento consciente de que yo, como hombre, no quiero renunciar a una manera de ser que me aporta ventajas, beneficios o privilegios.

En ese mismo barómetro, también hay un 15,4% de chicos que dicen que la violencia, si es leve, no es un problema para las relaciones de pareja. Eso es la trampa, porque la violencia nunca es leve. La intimidación también es un tipo de violencia grave, aunque no hayas pegado, y es muy peligroso que jueguen con esa idea.

¿Todo esto se traduce en nuevas formas de violencia sexual? 

Hay un proceso que está en marcha, y es imparable, en favor de la igualdad. Tantos logros alcanzados se han conseguido porque esa transformación social está siendo liderada y protagonizada por las mujeres mientras que los hombres no estamos en ese proceso, no estamos como deberíamos. Los mensajes de la ultraderecha refuerzan la idea de que este proceso es un ataque a los hombres, a la familia y a la tradición. Eso arma a los chicos de argumentos para que respondan de una forma más violenta. 

Todo forma parte de estos cambios, de unas chicas que se ven empoderadas y unos chicos que están desorientados, del acceso a la pornografía, de la prostitución… y tiran hacia las violaciones grupales.

El grupo de edad en el que más aumenta la violencia de género es en el de menos de 18 años; es decir, que ya no es solo que piensen que es un invento ideológico o que no, es que la están aplicando junto con otro tipo de otras formas de violencia sexual, que son relativamente nuevas. Antes no eran habituales en Europa y ahora las vemos cada vez más. 

Otra que está aumentando es la violencia vicaria, sin embargo no hay un monitoreo de servicios sociales para controlarla.

Ahí está la toma de conciencia de lo que es la violencia de género en toda su expresión. Me gusta insistir en que es violencia viaria "de género", para no confundirla con otra violencia interpuesta.

Cuando yo definí la violencia de género como una violencia interpersonal diferente al resto, a finales de los 80, mencionaba que era una violencia diferente que tenía como objeto controlar y dañar a la mujer y que, por lo tanto, podía utilizar a personas a su alrededor como instrumento. Es una parte esencial de la violencia de género, no sólo cuando se mata a alguien, que es el problema que tenemos ahora. Que parece que sólo hay violencia vicaria cuando matas a alguien. 

En España hay cerca de 1.700.000 jóvenes viviendo en hogares donde el padre maltrata sistemáticamente a la madre, eso es un 18% de la población por debajo de los 18 años. O sea, que si tenemos al 18% de nuestra juventud viviendo así, imagínate el impacto emocional, el daño que se le produce, pero también el aprendizaje que está obteniendo de esas conductas para normalizar la violencia, y eso hay que vigilarlo muy de cerca.

"La prostitución es una construcción machista. Es una falacia y una trampa del machismo y tenemos que ser muy críticos con ella"

Sin embargo, los filicidios cometidos por mujeres no aparecen registrados en el Ministerio, ¿cómo es eso?

Igual que en el Ministerio del Interior o en la Dirección General de Tráfico no aparecen los accidentes laborales. Que cada ministerio tiene que llevar la estadística del ámbito de sus competencias, y las políticas de Igualdad llevan las estadísticas de la violencia de género, la que tiene una construcción de género. Eso no quiere decir que no exista el resto, pero dependen del Ministerio del Interior o del Ministerio de Justicia, que son los encargados de llevar esas estadísticas.

¿Las mujeres y los hombres ejercen la violencia de la misma forma? 

Cuando una mujer asesina a su hijo, por ejemplo, no suele existir una relación previa de violencia y suele ser más una venganza hacia el padre. Además, en un porcentaje alto de casos, las mujeres que han asesinado a sus hijos tienen el diagnóstico de alguna alteración mental, más que los hombres. Otro porcentaje muy alto es de mujeres que matan al hijo o a la hija justo después del parto, que habían dado a luz ellas solas.

Según los datos, ellos matan en contextos de violencia previa. Ellas lo hacen bajo situaciones de alteración mental bien diagnosticada o bien bajo el impacto emocional que supone la situación de parto a solas, el trauma físico y emocional. Estas son situaciones igualmente reprobables, sin atenuantes [por trastornos mentales sí] y no debemos minimizar una respuesta frente a la otra, pero el abordaje tiene que ser distinto.

Antes mencionaba la prostitución como un refuerzo de la cultura machista. En la izquierda parlamentaria existe un debate muy serio en torno a si abolirla o no.

La prostitución es una construcción machista. En ningún momento de la historia las mujeres han tenido la determinación de ejercer la prostitución como una opción. Y ahora, a raíz de un cambio de referentes y de posición se crea la idea de que hay una libertad que la asume una opción válida.

En realidad es otra falacia y otra trampa del machismo y esa comercialización del cuerpo se está reforzando la construcción cosificada, deshumanizada y sexualizada de las mujeres. Tenemos que ser muy críticos con este tipo de razonamientos, de aparente libertad, porque son libertades dentro de un espacio de toma de decisiones machistas. 

El propio Gobierno parece que no lo tiene muy claro. Se ha posicionado en contra de la trata con fines de explotación sexual, pero también ha desarrollado medidas de ayuda a las mujeres en determinados contextos. ¿Divide la prostitución al feminismo? ¿O a la izquierda?

Claro, es que en el feminismo existe esa doble posición. Hay un feminismo que dice que la libertad de la mujer está por encima de cualquier condicionamiento social. Esto es, cuando una mujer dice "que me peguen es lo normal", que ella lo aceptaría, no podemos aceptarlo como válido. No podemos cuestionar la decisión individual, no podemos cuestionar que esa mujer diga eso, sino cuestionar la construcción cultural que lleva a que haya mujeres que digan eso.

Hay otro feminismo que dice que esas decisiones están tomadas en base a un modelo normalizado, el machismo, y que no existe libertad para tomar ese tipo de decisiones.

Yo soy abolicionista, pero tampoco podemos cerrarlo todo de un día para otro. Tenemos que ponernos un proceso realista de cinco, diez, veinte años para acabar con esto. Mientras tanto, tenemos que intentar trabajar por la mujer que está dentro de este ejercicio para darle alternativas y evitar que otras lleguen a esto.