"Yo creo que a Unidas Podemos a veces se le va la mano, demasiado ímpetu. Pero tenemos que hacernos más fuertes gracias a ellos, asustar al PSOE con algo". Por ejemplo, ¿con la Ley de Vivienda? "Pues por ejemplo... para empezar, ya hemos pedido la comparecencia de Ábalos para que explique por qué se salta su compromiso de regular los alquileres. Sin nosotros, esa ley no se aprueba".

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En el patio del Congreso, a la salida de una de las sesiones del pleno de esta semana, un diputado de "la otra coalición" de Pablo Iglesias -la de los nacionalistas- mantenía esta conversación con EL ESPAÑOL. Y ponía la guerra por la regulación de los alquileres como ejemplo de la eficacia que alcanza la alianza de ERC, Bildu y Podemos.

Hace un mes que el Gobierno de coalición tendría que haber presentado ante la prensa y tras el Consejo de Ministros la nueva Ley General de Vivienda. José Luis Ábalos y Pablo Iglesias a la cabeza.

Pablo Iglesias Guillermo Serrano Amat

A finales de octubre, Pedro Sánchez nombró a ambos "coproponentes" de la norma y les encargó incluir en ella un sistema legal para intervenir el mercado del alquiler y así "establecer mecanismos de contención o eventualmente bajadas de los precios, tanto de los nuevos contratos como de los contratos existentes".

Pero Unidas Podemos aún no tiene ni el borrador de la ley y el lado socialista ya ha anunciado que no cumplirá ese compromiso de controlar precios y que apuesta por la vía de los "incentivos fiscales".

Aseguran desear un texto "que no pueda ser inconstitucional", como diciendo que los morados no saben de "técnica jurídica". Desde la formación de Iglesias se agarran a lo firmado en aquel pacto de Presupuestos, del 28 de octubre, y se limitan a avisar: "Lo pactado obliga, pero es que además de nosotros, ni ERC ni Bildu van a votar la ley sin eso... si quieren, que busquen al PP para que les apruebe la ley".

El Emérito y el CGPJ

A lo largo de la semana pasada, sólo la segunda regularización fiscal del Emérito -adelantada en exclusiva por EL ESPAÑOL- y el bloqueo de la renovación del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) dieron tregua a la creciente división entre PSOE y Unidas Podemos.

Los conflictos -siempre con reproches del lado morado hacia el socialista- han ido desde el cabreo con Calvo por "cruzar todas las líneas rojas invadiendo competencias de Unidas Podemos" en la ley Zerolo de Igualdad de Trato hasta el choque con Marlaska por los disturbios en las calles, que alentó Echenique y que acabaron con la quema de un furgón de la Guardia Urbana de Barcelona con los agentes dentro.

También ha recibido lo suyo la ministra Robles, por su defensa de la Monarquía frente a los desplantes de Iglesias y el referido Ábalos por la ley de Vivienda y su "falta de voluntad de cumplir lo firmado"...

María Jesús Montero los palos le llegan en conversaciones de pasillo, en las que los morados le reprochan usar la sala de prensa de Moncloa para ser la portavoz del PSOE: "¿Cómo puede mentir a la cara de la prensa diciendo que están cumpliendo en alquileres?".

Las tensiones en el Gobierno de coalición no dejan de crecer, a la espera de que Sánchez e Iglesias se reúnan esta semana y, con su poder de líderes, rebajen "los decibelios" de la bronca. Pero decíamos que esta semana han aparecido dos elementos de unión: el Emérito y el CGPJ.

Unión sólo teórica. Porque es verdad que los dos asuntos permiten a socialistas y morados mirar juntos en la misma dirección. Pero no es menos cierto que les mantienen vigilándose de reojo.

El CGPJ ha sido protagonista por partida doble: el saliente se parecía despedir con un dictamen demoledor por unanimidad contra la ley del "sólo sí es sí" de Irene Montero. Y el entrante no terminaba de hacerlo porque, cuando Podemos había tragado con el veto a sus dos candidatos, halló el apoyo de los separatistas catalanes -que pidieron "su asiento en el Consejo" en estas páginas- para recordarle al PSOE su fuerza.

Y es cierto que Iglesias disfruta calificando al PSOE de "partido monárquico", arrogándose para sí la bandera del republicanismo como único modo de ser de izquierdas. Pero el "rechazo rotundo a las conductas incívicas" de Juan Carlos I al que se ha visto obligado a referirse en público el presidente Sánchez alimenta inevitablemente la caldera impugnatoria del régimen que da energía al corazón de Podemos. Poco importa que Sánchez añada la advertencia de que "aquí no se juzga una institución, sino la conducta de una persona".

Desde el lado morado, además, se señala la "contradicción histórica" del PSOE, se insiste en que "serán sus militantes los que les hagan rectificar" y se llama a "la otra coalición" para presentar comisiones de investigación en el Congreso contra el Emérito... que luego los socialistas se ven obligados a rechazar, uniendo sus votos "a la derecha y la ultraderecha".

"Unidad de acción"

Y con todo eso, los de Iglesias negocian su entrada en el Govern que liderará Esquerra en Cataluña en justa correspondencia a la alianza de intereses que mantienen en Madrid con los republicanos y Bildu, partidos que ya firmaron un compromiso entre sí de "unidad de acción parlamentaria".

Los independentistas catalanes y vascos, por ejemplo, unieron sus votos a los morados en el Congreso para intentar bloquear la tramitación de la Ley de Igualdad de Trato y No Discriminación presentada por el PSOE "y que invade las competencias del Ministerio de Igualdad, una de las poquitas reales que nos dejaron, junto a Trabajo".

Las palabras del portavoz parlamentario de Unidas Podemos, Pablo Echenique, alentando las manifestaciones por el encarcelamiento de Pablo Hasél -de cuyo apoyo se ha desmarcado hasta Alberto Garzón- hay que leerlas también en el mismo guion: la negociación para la formación de Gobierno en Cataluña, en la que ERC necesita a la CUP y los morados no quieren ser apartados.

Esta es "la otra coalición" de Iglesias, la que usa manifiestos en el Congreso para acorralar al PSOE en la reforma de los alquileres. La misma que firmó otro manifiesto al inicio de la legislatura cuyo texto, titulado 'No tenemos rey. Democracia, libertad y repúblicas', no fue apoyado por los morados porque acababan de entrar en el Gobierno.

La misma que coordina discursos en la tribuna del Parlamento y, mientras Iglesias reclama la renacionalización de Endesa para bajar el precio de la luz, critica a Teresa Ribera por negarse a intervenir el mercado eléctrico. La que une sus voces contra Escrivá por incluir la ampliación a 35 años de la cotización en la reforma de las pensiones, que llegó a provocar la amenaza de ruptura real de la coalición.

...la que arranca pactos de la enjundia de la "derogación de la reforma laboral del PP" a cambio de los 18 votos necesarios y que, sumados a los 35 de Unidas Podemos, pueden siempre dejar solo y arrinconado al PSOE en el Congreso. Un acuerdo -ése que "blanqueó a Bildu", según la oposición- que reventó en media hora Nadia Calviño... la enemiga de todos y por todo, pero últimamente por no incluir a Podemos en la decisión de la OPA sobre Naturgy.