Bien mirado, no es verdad que Pedro Sánchez y Pablo Iglesias ya no hablen... no hay más que ver la foto que ilustra esta información: se ven cada martes en el Consejo de Ministros. Pero ni siquiera la reactivación esta semana de la negociación para, por fin, renovar los órganos constitucionales, ha motivado una reunión cara a cara. Es más, la respuesta final de Unidas Podemos al veto del PP a Victoria Rosell y José Ricardo de Prada provocó un nuevo malestar en Moncloa. Pero ni por esas.

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De hecho, las citas semanales en las que revisaban la agenda política, intercambiaban pareceres, establecían prioridades y, sobre todo, engrasaban la coalición llevan más de dos meses sin celebrarse. Según confirman fuentes de ambos lados del Ejecutivo -y más allá de la relación profesional-, presidente y vicepresidente aún no han quedado siquiera para felicitarse el año nuevo. Y ya llega marzo.

Entretanto, la relación de PSOE y Unidas Podemos como socios de Gobierno se ha ido enturbiando y la coalición pasa por sus horas más bajas, con Iglesias advirtiendo de que "a lo mejor llega un día en el que tenemos que decir basta" y Sánchez reclamando insistentemente en el Congreso que su socio "reduzca los decibelios" de los enfrentamientos.

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias durante el acto por el 40 aniversario del 23-F en el Congreso. Efe

Las mismas fuentes tratan de calmar las aguas y confirman que esta semana que entra "sí habrá reunión entre Pedro y Pablo": personal, cara a cara y solos, especifican. Al tiempo que rechazan dar más detalles para no añadirle "anormalidad" a la cita. Ni fecha, ni hora ni lugar serán comunicados a la prensa: "El presidente y el vicepresidente segundo tienen buena relación profesional, si no se han visto en este tiempo ha sido por el puro desarrollo de los acontecimientos".

Es decir, por la Navidad -pese a la tercera ola-, por la crisis de Filomena -más allá del subidón del precio de la luz-, por la gira de Sánchez para presentar el Plan de Recuperación en las Comunidades Autónomas -ésa que por ahora sólo le ha llevado a regiones con gobierno socialista, o apoyado por el PSOE-, por la campaña catalana -en la que Iglesias arremetía contra Illa y decía que "no hay plena normalidad democrática" en España-... 

Y ahora, por la negociación de la renovación del CGPJ, en la que los morados tratan de colar a una diputada, Victoria Rosell, y a un juez desprestigiado por el Supremo, José Ricardo de Prada, como juristas de reconocido prestigio. Empeño que ha provocado el definitivo bloqueo, y cuyas tensiones están atemperando todas las demás.

Este último avatar, unido al enquistamiento de los enfrentamientos entre ministros morados y socialistas, no aconsejaba la escenificación de un encuentro personal entre los socios. Calvo por "cruzar todas las líneas rojas invadiendo competencias de Unidas Podemos" con la ley Zerolo de Igualdad de TratoMarlaska por los disturbios en las calles, que alentó Echenique. La ministra Robles, por su defensa de la Monarquía. Ábalos por la ley de Vivienda y su "falta de voluntad de cumplir lo firmado"...

Pablo Iglesias, entrando al hemiciclo del Congreso de los Diputados. Efe

María Jesús Montero por llamar "cabezón" a Iglesias; Ribera por negarse a intervenir el mercado eléctricoEscrivá por la reforma de las pensiones, que llegó a provocar la amenaza de ruptura real de la coalición. Y Calviño... siempre ella y por todo, pero últimamente por no incluir a Podemos en la decisión de la OPA sobre Naturgy.  

Casi no queda ministro socialista sin palos desde el lado morado en estos dos meses. Pero en las últimas semanas, y ante la puerta cerrada de Moncloa, Iglesias ha ido pedido audiencia dejándose ver más. No sólo poniendo su cara en los medios, sino acercándose a los corrillos de los periodistas en el Congreso.

Bronca a la vista

El vicepresidente ha cambiado su actitud y, después de no pararse nunca a departir con los reporteros en los últimos meses, ha encadenado dos charlas informales seguidas en una sola semana, además de la convocatoria urgente el día del 23-F, antes de los actos oficiales presididos pro Felipe VI, para arremeter contra la Monarquía.

Ese martes, en la Cámara Baja, la bronca ya no fue un rumor alimentado de tuits. Pasó a ser el centro de la actividad política cuando no sólo ocurrió que el vicepresidente dejó sus manos quietas tras el discurso de Meritxell Batet y el del Rey. Es que tampoco batieron palmas los diputados de Unidas Podemos ante las intervenciones de los socialistas, ni viceversa.

Un portavoz de Unidas Podemos explicó a este respecto que la presidenta de la Cámara no merecía el aplauso de Iglesias "porque se refirió a Pablo Casado como jefe de la oposición", justo antes de que el Congreso lo invitara a una comida privada con el Jefe del Estado y el resto de líderes institucionales. Y para Don Felipe tampoco hubo palmas porque "elogió a su padre, el emérito corrupto y huido".

Entretanto, líderes políticos de los socios parlamentarios -Aitor Esteban (PNV), Gabriel Rufián (ERC) y Mertxe Aizpurua (Bildu)- reprochaban "la escenificación pública" de las desavenencias internas en el seno del Consejo de Ministros. "Dejen ya las peleas en público", espetó desde la tribuna el portavoz peneuvista, "arréglenlo en privado, solventen sus diferencias y pónganse a trabajar".

...y a eso se pondrán, Sánchez e Iglesias, por fin, más de dos meses después.