El presidente del Partido Popular, Pablo Casado, y el secretario general, Teodoro García Egea, en el día de la Constitución.

El presidente del Partido Popular, Pablo Casado, y el secretario general, Teodoro García Egea, en el día de la Constitución. PP

Política INVESTIDURA

El rompecabezas para el que Casado busca solución: cómo neutralizar a Vox sin ofender a sus votantes

Abascal está condicionando, de momento, la estrategia de los populares. Pero el PP no va a ceder espacio entrando en la lucha cuerpo a cuerpo.

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Si hay un pensamiento que barrunta continuamente la cabeza del presidente del Partido Popular, Pablo Casado, es cómo abordar lo que él viene a llamar, una y otra vez, el “ensanchamiento del espacio del centro derecha”. Paralelamente a otros quehaceres más diarios, el líder de la oposición tiene una gran ambición desde que ganó las primarias de la formación, en el verano de 2018, y, especialmente, desde la debacle electoral del 28-A. Volver a los tiempos de mayorías, refundar su partido. Si eso es posible.

En los últimos tiempos, este proyecto ha cobrado aún más fuerza, si cabe. La catástrofe sufrida por su socio prioritario, Ciudadanos, y el hecho de que Pedro Sánchez cerrara en un abrir y cerrar de ojos el acuerdo para un gobierno de coalición con Unidas Podemos que ha de estar sustentado por los apoyos de los partidos regionalistas e independentistas ha sido un importante galvanizador.

Así, la famosa refundación llevada a cabo por Aznar en el Congreso del PP en Sevilla en los 90 vuelve a estar sobre la mesa. Casado, además, nunca ha renegado de su pasado como hijo político del expresidente del Gobierno. Pero sus circunstancias ahora son bien diferentes: esta vez, en la ecuación, juega también Vox, que nació como una escisión popular y, en esta legislatura, suma 52 escaños.

“Nos está condicionando”

“Es cierto que Vox sí que está condicionando cómo desarrollamos nuestra estrategia”, admiten en conversación con EL ESPAÑOL desde el entorno del presidente popular. Sobre todo, porque el fin último es que todos esos hijos pródigos que ahora arropan a Abascal vuelvan, eventualmente, a casa. A esa “casa común” a la que tanto se refiere Casado en sus discursos desde hace meses.

Pero hay que medir muy bien los pasos, precisan, en privado, miembros del equipo de asesores del líder del PP. Porque una cosa es respetar a los exvotantes y otra, bien diferente, es inflar la burbuja que, desde Génova, consideran que vive Vox.

El ejemplo que utilizan siempre es el mismo: la otra pareja de baile, Ciudadanos. “Mira cómo estaban y cómo se encuentran ahora”, sintetizan. Pero las fricciones entre los de Abascal y los de Casado son una constante. Para muestra, un botón: la tensión entre ambos partidos la pasada semana, durante la sesión constitutiva de las Cortes, con un fuego cruzado entre sendos secretarios generales.

Que el PP desconfía de Vox no es ninguna novedad. Se han sabido objetivo de Santiago Abascal y no están dispuestos a cederles espacio entrando en la lucha cuerpo a cuerpo. Especialmente porque, a largo plazo, consideran que los de extrema derecha serán un grupo de menos de una veintena de parlamentarios, sin mayor acción.

España Suma con Vox… o sin ellos

Por eso, tampoco se van a dejar intimidar por mucho ruido que Vox pueda formar. Ahí reside el quid de la cuestión: cómo neutralizarles sin ofender a aquellos a quienes pretenden seducir. De momento, importantes miembros de la dirección popular afirman que Casado no descarta integrarles en su proyecto de España Suma, que supone, grosso modo, esa refundación soñada.

Pero este movimiento genera una amplia diversidad de opiniones en su propio partido. Hay quien considera “inevitable” que el futuro del PP pase por abrir la puerta a Vox, pero también quien no contempla ese escenario bajo ningún concepto. De todos modos, como la coalición no ha prosperado ni con Ciudadanos —que la ha rechazado de plano e incluso la ha tachado de “campaña de desinformación”—, la consigna es clara: unidad de acción. Todos con Casado.

En esas anda el presidente popular. De momento, sin dar el paso hacia ninguna dirección, hasta haber contemplado todas las variables. Eso sí, con una máxima clara: aquí quien tiene la batuta es el PP, y eso no puede cambiar.