Alfredo Pérez Rubalcaba, en una imagen de 2013, cuando era líder del PSOE.

Alfredo Pérez Rubalcaba, en una imagen de 2013, cuando era líder del PSOE.

Política OBITUARIO

Muere Alfredo Pérez Rubalcaba, el último líder del PSOE clásico

Salvo presidente lo fue todo en un PSOE que ya no existe. Se suceden las muestras de cariño para el que acuñó la frase: "En España enterramos muy bien".

"Hay vida después de la muerte administrativa. Vivo mejor, duermo mejor y gano menos, pero la vida, en general, es mejor". Hace unos meses, en una de sus últimas entrevistas, Alfredo Pérez Rubalcaba (Solares, Cantabria, 1951-Madrid, 2019) se confesaba encantado por la nueva vida que comenzó para él cuando dejó la política. No le ha durado ni cinco años. Rubalcaba ha muerto este viernes en un hospital de Madrid tras sufrir un ictus el miércoles. 

Su esposa, Pilar Goya, una mujer de la que era inseparable y de la que él hablaba siempre con un enorme cariño, se lo encontró desorientado este miércoles en el domicilio que compartían. La pareja nunca tuvo hijos. Se tenían el uno al otro.

Hasta el hospital de Majadahonda donde permaneció ingresado se acercaron el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, los expresidentes José Luis Rodríguez Zapatero y González y numerosos dirigentes y amigos del exministro. Su cuerpo será velado este viernes en el Congreso entre las 20:30 y las 22:00 y este sábado entre las 9:00 y las 14:00. 

Rubalcaba lideró el PSOE, optó a la Presidencia del Gobierno y su papel en el final de ETA fue trascendental

El 26 de julio de 2014, Rubalcaba había colgado tras 32 años los hábitos de la política, un sacerdocio al que se consagró emocionalmente desde la Transición y profesionalmente, con cargos públicos, desde los Gobiernos de Felipe González en los 80. El exvicepresidente del Gobierno, exministro de Interior en la etapa del fin de la violencia de ETA (y antes de Educación, Presidencia y portavoz), el ex líder del PSOE y candidato en 2011, un momento negro para el partido por la crisis económica, dejó ese día de verano la política para volver a la química orgánica. Recuperó su plaza de profesor en la Facultad de Ciencias Químicas de la Universidad Complutense de Madrid, se puso la bata y volvió a ser un ciudadano más. 

El fin de la vieja política que muchos añoran

Ese 26 de julio de 2014, Rubalcaba abandonó la primera línea mientras un joven desconocido incluso para amplios sectores del partido era proclamado nuevo líder del PSOE en un congreso del partido. El ganador se había impuesto en las primeras primarias con voto de los militantes a Eduardo Madina, el favorito de Rubalcaba, y José Antonio Pérez Tapias. Se llamaba Pedro Sánchez y hoy es presidente del Gobierno. 

En realidad, nadie se creía que Rubalcaba podía irse, porque su corazón latía por y para la política. Corredor de fondo en el PSOE, vitalmente estaba instalado en un sprint. Cualquiera que hablase cinco minutos con él podía descubrir con facilidad que su cabeza siempre iba más rápido, algo que parecía delatar un incesante golpe de pestañas. En sus tiempos mozos destacó en el atletismo.

"Corría los 100 porque no había nada más corto", bromeaba en la citada entrevista ante preguntas de José Ramón de la Morena, en Onda Cero. "Bajé de los 11 segundos, hice 10,9. No está mal. Y 22,4 en 200 metros, que es mejor marca", recordaba. Avezado estratega y experto comunicador, pero tímido y pudoroso, se inscribía en la tradición más clásica del PSOE socialdemócrata y con sentido de Estado, algo que demostró sin ir más lejos en la gestión de la abdicación de Juan Carlos I como rey. 

Con Rubalcaba no se fue sólo un químico metido a político, el fontanero mayor del PSOE en tiempos de González y José Luis Rodríguez Zapatero. Ni siquiera se va la última esperanza del PSOE de recuperar el Ayuntamiento de Madrid, cuya candidatura le ofreció hace meses Sánchez en Moncloa.

Con Rubalcaba se va una forma de hacer política y un PSOE histórico o clásico, con raíces que se remontan a la Transición, acostumbrado a operar en el bipartidismo. Con su marcha del liderazgo del PSOE y la llegada de Sánchez, a España llegó la provisionalidad en los mandatos, la fragmentación política y los pactos casi imposibles. Los tiempos líquidos en los que los políticos de su época no ven casi nada sólido. Ni en su propio partido. 

El arquitecto de la LOGSE

Rubalcaba tuvo muchas vidas en política. La primera fue en los años clave en los que se diseñó un nuevo modelo educativo, como secretario de Estado de Educación desde 1986 y como ministro entre 1992 y 1993. Él diseñó la LOGSE, en vigor desde 1990 hasta 2006, la Ley de Reforma Universitaria o la Ley de la Ciencia.

Felipe González advirtió en él dotes políticas que iban mucho más allá de la gestión educativa y lo nombró en 1993 ministro de la Presidencia y Portavoz del Ejecutivo. Fue el último mandato de González antes de que llegase el PP de José María Aznar y en esos años Rubalcaba tuvo que poner buena cara al mal tiempo y defender al PSOE de las acusaciones sobre el terrorismo de Estado y los crímenes del GAL. 

Después, Rubalcaba permaneció como diputado y apostó por José Bono en las primarias contra Zapatero en el año 2000, pero rápidamente se integró en el equipo del nuevo líder del PSOE tejiendo muy buenas relaciones con el nuevo número dos del partido, José Blanco, entre otros. 

"España se merece un Gobierno que no le mienta"

A él se le atribuye buena parte de la estrategia del PSOE en los últimos compases de la campaña de las generales del 2004, salpicada por el terror que segó la vida de 192 personas en los atentados del 11 de marzo. La gestión del Gobierno de Aznar, que presionó para tratar de culpar a ETA cuando ya había indicios de terrorismo yihadista, llevó a Rubalcaba a comparecer en Ferraz. 

En plena jornada de reflexión, Rubalcaba aseguró que "los ciudadanos españoles se merecen un Gobierno que no les mienta. Un Gobierno que les diga siempre la verdad", dijo el dirigente socialista para la historia mientras cientos de miles de personas se convocaban a través de cadenas de SMS para protestar en la calle. Al día siguiente, el PSOE ganó las elecciones que todas las encuestas decían que iba a perder. 

Rubalcaba pasó a ser portavoz parlamentario para gestionar la política de la geometría variable en la que Zapatero tuvo que llegar a acuerdos diversos en el Congreso para sacar adelante sus políticas. Esa etapa estuvo marcada por la aprobación de leyes de fuerte contenido social y en materia de derechos civiles entre las que destaca la ley de matrimonio entre personas del mismo sexo, entre otras. En 2006 sustituyó a José Antonio Alonso como ministro del Interior, cargo que no abandonaría hasta poco antes de las elecciones de 2011. 

Negociaciones con ETA y fin de la violencia

La etapa fue durísima. La oposición del PP ("usted traiciona a los muertos", le llegó a decir Mariano Rajoy a Zapatero) fue sin cuartel y el Gobierno del PSOE negociaba con ETA. Rubalcaba ya era ministro del Interior cuando ETA rompió una tregua el 30 de diciembre de 2006 con un atentado en el aeropuerto de Madrid-Barajas que dejó dos muertos. "Hoy estamos mejor que hace un año" pero "dentro de un año estaremos mejor", había dicho 24 horas antes Zapatero en una rueda de prensa en Moncloa.

ETA anunció su adiós a las armas unas semanas antes de las elecciones de 2011 en las que Rajoy logró la mayoría absoluta y el PSOE cayó hasta los 110 diputados, su peor resultado en décadas, sólo empeorado por Sánchez en las dos elecciones siguientes antes de remontar el vuelo en estas últimas elecciones del 28 de abril. 

De esa época son también las investigaciones del caso Gürtel o la polémica del conocido como caso Faisán o chivatazo a ETA, que dieron origen a numerosas controversias relacionadas con las hoy llamadas "cloacas del Estado". Rubalcaba siempre ha negado haber conocido al excomisario José Manuel Villarejo o haber hablado con él, pero el PP siempre lo ha acusado de estar detrás del caso Gürtel utilizando los servicios del Estado al servicio de intereses partidistas. 

Rubalcaba, líder del PSOE

Después de 2011, Rubalcaba lideró la oposición hasta que el partido sufrió otro correctivo en las últimas elecciones europeas, celebradas en 2014. Entonces, el partido reclamó un cambio de rumbo que desembocó en unas primarias para elegir al secretario general socialista. Por primera vez votaron los militantes en una urna, y no delegados, como hasta entonces.

Aunque él era muy cercano a Madina, uno de sus principales colaboradores y secretario general del grupo parlamentario en el Congreso, el apoyo masivo del aparato del partido catapultó a Sánchez al timón. Desde entonces, Rubalcaba se ha mostrado en privado muy escéptico acerca de la gestión de Sánchez, apoyando públicamente a Susana Díaz en las últimas primarias, que volvió a ganar el hoy presidente del Gobierno. 

En los últimos tiempos, Rubalcaba seguía muy pendiente de la política (era, probablemente, el político que más rápido leía los whatsapps), pero dedicaba más tiempo a su familia, amigos, a leer o a ver partidos de fútbol. "Ahora la gente me trata mejor. Se acercan más los que me dicen cosas buenas. Antes era al revés", aseguraba hace meses en Onda Cero.

Esa vida después de la muerte administrativa le ha durado cinco años y en el PSOE reina el desconsuelo y en la política española se han sucedido las muestras de cariño desde que se conoció su ictus. Desde el PP hasta Podemos, pasando por la Casa Real, pasando por su partido en pleno, no han parado de llegar mensajes de afecto para el que con mucha sorna acuñó la frase: "En España enterramos muy bien".