Pablo Iglesias e Íñigo Errejón, fundadores de Podemos.

Pablo Iglesias e Íñigo Errejón, fundadores de Podemos.

Política CRISIS EN PODEMOS

De Podemos a 'Pudimos': y al quinto año implosionó

Podemos cumple cinco años, pero no hay motivo para soplar las velas. Al secretario general, Pablo Iglesias, se le cae el partido en el corazón electoral del 26 de mayo. Íñigo Errejón, que fue su número 2 y su amigo, será el candidato de la plataforma de Manuela Carmena, Más Madrid, a la Comunidad de Madrid.

En una fotografía del primer Vistalegre, el fundacional, en octubre de 2014, se puede ver a Iglesias junto a Errejón, Luis Alegre, Carolina Bescansa, Tania González y Juan Carlos Monedero. De ellos, ninguno se sienta ya junto al líder. Sólo el último, que no ostenta cargo alguno, sigue cerca de él.

Podemos nació para la opinión pública meses antes, en mayo, en las elecciones europeas, en las que logró cinco escaños. Pronto, incendió la política nacional, amenazando con el fin del bipartidismo y con un lenguaje y programa que comenzaron a dar sus frutos entre el descontento. El último barómetro del CIS de aquel año les situaba por encima de PP y PSOE en intención directa de voto.

En 2015, la autoproclamada "nueva política" consigue ayuntamientos tan importantes como Madrid o Barcelona, presentándose con diversos nombres en los municipios, fruto de confluencias, y manteniendo la marca Podemos en las comunidades autónomas, donde la recién nacida formación entra de forma más discreta.

En todo caso, el terreno quedaba abonado de cara a las generales, en diciembre: 5,1 millones de votos y 69 escaños con la suma de sus socios. El escenario obligaba a un crecimiento precipitado, a la creación de una estructura sólida y a saber manejar el poder alcanzado. La caída estaba a punto de comenzar, con la pronta diferenciación de las familias internas y sus discrepancias sobre la estrategia. El 15-M quedaba ya demasiado lejos.

2016: empieza la guerra interna

La legislatura se fue al traste en unos meses ante la imposibilidad de investir a un candidato. Se repetirían en junio de 2016: Podemos había empezado a caer, pese a haberse aliado con Izquierda Unida. Errejón nunca aprobó aquella decisión, convencido de que, en política, "uno más uno no son dos". Tenía razón: 67 escaños.

En septiembre de 2016, el enfrentamiento Iglesias-Errejón empezó a ser público, con las redes sociales como campo de batalla. El secretario general ya había hecho exhibición de su mando destituyendo a su secretario de Organización -número 3-, el errejonista Sergio Pascual. El hashtag #AsínoÍñigo, impulsado desde la dirección, marcó aquellas navidades.

2017 está marcado por el llamado Vistalegre II. La guerra dio un nuevo salto y Errejón, que cayó derrotado, empezó a hacerse cada vez más pequeño en el organigrama, así como sus seguidores. De número 2 pasó a ocupar un cargo de nuevo cuño que le mantenía alejado de la cúpula y una fila por detrás de Iglesias en el Congreso. Irene Montero se quedaba con la Portavocía en el Congreso.

Para calmar los ánimos, y ante el grito de "unidad" de la militancia en Vistalegre, Iglesias convenció a su antiguo rival para liderar el proyecto en la Comunidad de Madrid. Se logró una tregua, pero no la paz. Hasta el último día, Errejón ha tenido escollos para elaborar su lista: él quería de dos a Clara Serra, pero le nombraron a Sol Sánchez, de IU, sin haberle informado.

En Madrid ciudad, Iglesias insistía a Carmena para integrar a Podemos, pero la regidora daba largas. La respuesta estaba en lo que se dio a conocer este jueves: la exjueza y Errejón habían estado maniobrando en la sombra la exportación de Más Madrid a la Comunidad, con Errejón como candidato.

Iglesias ha reaccionado con una carta. Asume que no puede contra Carmena en la ciudad pero sí en la Comunidad porque, así lo dice textualmente, "Íñigo no es Manuela". Esto se traduce en que Errejón y Podemos se medirán en las autonómicas y en que, pese a que "Íñigo no es Manuela", la capacidad de arrastre de Errejón, que se llevará consigo a todos los críticos de Iglesias, puede dejar sin poder alguno a Podemos en uno y otro sitio.

La situación sería grave, que no crítica, si la fractura territorial no fuera un mal que se reproduce en buena parte de las regiones. Sucede a poco más de cuatro meses de las elecciones municipales, autonómicas y europeas y cerca -se desconoce cuánto- de las generales, cuando Iglesias más poder creía tener. El sueño hecho pesadilla, aún pronto para saber de qué proporciones. De Podemos al Pudimos.