Rescate del buque español Open Arms.

Rescate del buque español Open Arms. EFE

Política INMIGRACIÓN

La acogida de los 311 del Open Arms reabre el debate sobre el efecto llamada de la política de Sánchez

La autorización del Gobierno de Pedro Sánchez a un nuevo desembarco con 311 migrantes del barco de rescate Open Arms en las costas españolas reabre, en plena Navidad, el debate sobre la polémica migratoria. 

El buque de rescate español que opera frente a la costa de Libia, en una zona de máximo riesgo donde suelen naufragar las embarcaciones, avisó del rescate de 313 personas, entre ellas "muchos niños". Preocupaba sobre todo a la tripulación el estado de salud de una madre y su hijo, por lo que dieron la voz de alarma y un helicóptero sanitario de Malta acudió a recogerlos, aunque el país se negó a abrir su puerto para ellos así como a llevar provisiones al barco. De ahí que el Gobierno español autorizara a que el helicóptero recorriera las aguas internacionales y entrara en España con los dos migrantes. 

Según ha comunicado la secretaría de Estado de Interior, tanto Malta como Túnez, Italia, Francia y por supuesto Libia se han negado a acoger a los 311 migrantes restantes. De ahí que España haya aceptado finalmente el desembarco y haya autorizado al Astral, el otro buque de rescate español, a que se acerque con provisiones para los rescatados y la tripulación. 

Salvini, cerrado en banda

Este último rescate reabre la lucha entre los estados miembros de la Unión Europea por el asunto de la migración. Algunos, como Italia, con Matteo Salvini al frente, están cerrados en banda a la llegada de migrantes de las costas libias a sus fronteras y defienden que cerrarles los puertos es la vía más efectiva contra el tráfico de personas.

Este mismo sábado, Salvini publicaba el siguiente tuit: "Como he prometido esta mañana, en Italia no habrá desembarco. La nave de la ONG Open Arms, con 311 inmigrantes a bordo, va directa a España, buen viaje. Que sepan los traficantes de hombres y sus cómplices que nuestros puertos están cerrados. Stop!".

El primer ministro italiano ha hecho de la anti inmigración su bandera política, mientras Pedro Sánchez se mantiene en el polo opuesto en cada cumbre europea sobre el asunto. 

¿Le pasará factura en España?

En junio de 2018, los países miembros de la UE celebraron una cumbre para tratar el asunto de la inmigración y Pedro Sánchez reconoció que el acuerdo "no es el mejor aunque es positivo para España". Lo único que consiguió arrancar el presidente del Gobierno español al resto de miembros fue que "volcaran recursos económicos" para ayudar a España con la ordenación de los flujos migratorios.

España queda así como el país que tiene que ordenar y recibir a los inmigrantes rescatados en el Mediterráneo, un papel que Sánchez continuará defendiendo. De hecho, el PSOE ha fichado este mismo sábado al politólogo argelino Sami Nair como candidato para las próximas elecciones europeas. 

El experto en migraciones convertirá este asunto en su "batalla" en las mencionadas elecciones, más ahora que las formaciones de derechas ganan votos en todos los países. También en el nuestro, donde la entrada de Vox, con su mensaje anti inmigración, obliga al Partido Popular a posicionarse más a la derecha que al centro con este asunto. 

Desde la llegada del barco Aquarius a la frontera española el pasado junio, cuando se desató la polémica alrededor de la inmigración en toda Europa, el Open Arms ha atracado hasta tres veces en puertos españoles. La de la semana que viene será, por tanto, la cuarta con 311 migrantes a bordo. Habrá que ver cuál si la decisión de Sánchez pasa o no factura a su propio partido, pues la convocatoria de elecciones generales, como exige ya el resto de partido, no puede estar muy lejana.