El empresario Javier López Madrid.

El empresario Javier López Madrid. Gtres

Política INVESTIGACIÓN

López Madrid hizo un barrido por temor a que Villarejo hubiera grabado diálogos con Letizia

El empresario Javier López Madrid estaba preocupado hace ya una década por las posibles grabaciones del comisario José Villarejo. Según confirman a EL ESPAÑOL fuentes conocedoras del episodio, hace cerca de diez años, el entonces responsable de Inmobiliaria Espacio mandó buscar micrófonos en dos viviendas de la compañía ante la sospecha de que alguien pudiera haber instalado dispositivos de grabación en ellos. En aquellas fechas, apareció ya entre los implicados en la seguridad de la compañía el nombre del comisario Villarejo y el riesgo de que López Madrid hubiera sido grabado con la reina Letizia, con quien compartía amistad desde hacía años.

El episodio cobra especial importancia ahora, cuando está sobre la mesa la posibilidad de que exista una cinta entre ambos que comprometa la imagen de la monarquía. Una grabación que algunos colocan en manos del comisario Villarejo y de la que, hasta el momento, no han dado cuenta las investigaciones judiciales que no están bajo secreto.

Según las mismas fuentes, del encargo para limpiar de micros dos viviendas no quedó rastro documental alguno. El objetivo era buscar cualquier dispositivo de grabación oculto en dos inmuebles del Paseo de la Castellana de Madrid. Dos casas con más de 200 metros de planta que la constructora del grupo OHL habría comprado para reformar y vender después a bolsillos acaudalados. 

Una vez rehabilitadas y hasta encontrar un comprador, esas viviendas eran amuebladas y utilizadas para reuniones comerciales y de representación de los directivos del grupo. Una de ellas, según las mismas fuentes, estaba ubicada prácticamente enfrente de la sede que Inmobiliaria Espacio tenía en Madrid.

Según esa versión, este habría sido el emplazamiento elegido en alguna ocasión por la reina Letizia y el empresario para reuniones informales o tomar un simple café entre amigos en un lugar tranquilo. Algo que preocupaba especialmente a López Madrid ante el riesgo de que su confidencialidad se hubiera visto vulnerada, bien con ella, o bien con otros de sus contactos empresariales.

Para confirmar si había una brecha en su seguridad, el empresario encargó un barrido de micrófonos en las viviendas. Algo habitual en los despachos y casas de los grandes directivos de este país. Pero menos común si el nombre del comisario Villarejo está de por medio. En esta ocasión, los inmuebles estaban limpios y no se encontraron micros ni cámaras de grabación alguna.

Una amistad que viene de lejos

La vinculación entre el comisario Villarejo y Javier López Madrid quedó acreditada de forma preliminar cuando el empresario reconoció en el juzgado haber contactado con él para solventar sus problemas judiciales en el cruce de denuncias con la dermatóloga Elisa Pinto. Eso fue en 2015. Pero la limpieza de micros en estas viviendas fue muy anterior. 

Algo similar sucede con la relación de amistad entre los Reyes y este empresario, que formaba parte del consejo de administración de OHL. En 2016, los mensajes entre ambos incluidos en un informe pericial sobre el teléfono de López Madrid y desvelados por Eldiario.es ponían de manifiesto la relación de amistad que acuñaba el término "compiyogui". Pero esa amistad viene de lejos. 

Fue en 2002 cuando la Reina y López Madrid se conocieron, presentados por el entonces príncipe Felipe. Durante su noviazgo, el empresario alojó en varias ocasiones a la pareja en su barco personal. El mismo que ahora investiga la Audiencia Nacional por servir presuntamente para aunar sus voluntades con las del exconsejero de la Comunidad de Madrid Francisco Granados y el empresario David Marjaliza.

La afición del empresario y la reina por el yoga es otro de los elementos de esa argamasa, que cobra especial relevancia ante la tesis de que el comisario Villarejo consiguió una cinta de ambos. Una grabación que preocuparía al CNI y en la que la reina realizaría valoraciones de carácter personal que podrían ser utilizadas por el comisario como arma arrojadiza. Sin embargo, no existe en el procedimiento -o al menos en la parte que no está secreta- rastro alguno de esas cintas, ni constancia expresa de que se hayan realizado o de que terminaran en manos del mando policial, en prisión preventiva desde hace un año