El Rey Felipe VI saluda al presidente de la Generalidad, Quim Torra, a su llegada a la Plaza Cataluña.

El Rey Felipe VI saluda al presidente de la Generalidad, Quim Torra, a su llegada a la Plaza Cataluña. Francisco Gómez EFE / Casa de S.M. el Rey Barcelona

Política ANIVERSARIO DEL 17-A

El separatismo no da tregua: Torra convierte el 17-A en un homenaje a los políticos presos

No por previsible dejó de resultar chocante. Quim Torra convirtió la jornada de homenaje a las víctimas del atentado islamista del 17 de agosto de 2017 en un homenaje a los presos catalanes y al propio proceso separatista. Es decir, en un autohomenaje.

Privado de la posibilidad de escenificar una gran protesta ciudadana contra el Rey en el centro de Barcelona y conocedor de la presencia de los medios de comunicación nacionales e internacionales, Torra optó por el plan B: acaparar el protagonismo sembrando de pequeños detalles extemporáneos el acto programado para las víctimas en las Ramblas de Barcelona

Lo hizo desde las 9:00 de la mañana, cuando compareció frente a las cámaras de TV, en la Galería Gótica del Palacio de la Generalidad, para realizar una declaración institucional sin el habitual lazo amarillo, pero luciendo una chapa con la cara de Joaquim Forn, consejero de Interior de la Generalidad durante los atentados y actualmente preso en Lledoners. Pero, sobre todo, lo hizo pocos minutos después haciéndose acompañar por Laura Masvidal, la esposa de Forn, durante el acto central del homenaje a las víctimas en la plaza de Cataluña y, luego, a las 18:00, frente a la misma prisión de Lledoners

El 'caso Masvidal'

Laura Masvidal no ostenta ninguna responsabilidad pública en las administraciones autonómica o municipal ni representa a nadie más allá de su cargo en la llamada Asociación Catalana por los Derechos Civiles (ACDC), en realidad una asociación de familiares de los presos nacionalistas. De ahí que el único motivo imaginable para su extraña presencia en primera línea del homenaje a las víctimas junto a autoridades como Ada Colau, Roger Torrent, la delegada del Gobierno Teresa Cunillera o el mismo Quim Torra era su condición de "mujer de". 

La presencia de Masvidal rozó la extravagancia cuando Torra la agarró del brazo a las 10:00 y la arrastró hasta primera fila durante la ofrenda a las víctimas sobre el mosaico de Joan Miró en la Rambla de Cataluña, a sólo unos metros del mercado de la Boquería y cerca del punto en el que uno de los miembros de la célula islamista detuvo su furgoneta el 17-A de hace un año. 

La incomodidad y los nervios de Masvidal, bastante evidentes, no evitaron que Torra, pocos minutos después y ya en la Plaza Cataluña, volviera a arrastrarla a primera fila para presentarla al Rey. Lo hizo con la frase "aquí está la mujer de Forn, su marido está en prisión". Tras el saludo de Masvidal, esta se apresuró a apropiarse de su cuota de protagonismo, en detrimento de las víctimas, con la frase "no soy yo la que debería estar aquí"

Torra también presentó a Masvidal a Ana Pastor, presidenta del Congreso de los Diputados, y al presidente del Tribunal Supremo, Carlos Lesmes. Lo hizo con la misma frase utilizada con el Rey. “Puede que sea la primera vez que saludaban a la mujer de un preso político. Algunos se han quedado impactados”, dijo Torra al finalizar el acto durante una entrevista con la emisora de radio Rac1. También dijo que "alguno de ellos", en lo que parece una alusión al Rey, "había bajado la vista". Las imágenes de televisión confirman que Quim Torra mentía en este punto. 

Preguntado por la chapa con la cara de Joaquim Forn que Torra lució en la solapa de su americana durante toda la mañana, el presidente de la Generalidad contestó que simbolizaba "la indecencia que representa que tengamos presos políticos en prisiones". Para finalizar, Torra lamentó que se hubieran requisado pancartas y carteles separatistas con lemas insultantes contra el Rey con el argumento de que "la gente tiene derecho a expresarse y la libertad de expresión es uno de los pilares fundamentales de la sociedad catalana". 

Pinchazo de asistencia frente a Lledoners

Ya fuera por la lluvia, por la división en el seno del propio independentismo o por la cada vez menor capacidad de convocatoria del nacionalismo, apenas unos pocos cientos de separatistas (dos mil según los organizadores) y unas dos o tres docenas de tractores asistieron al acto de homenaje a Josep Lluís Trapero y Joaquim Forn frente a la prisión de Lledoners, programado para las 18:00. Tanto Trapero como Forn habían pedido explícitamente que no se utilizara su imagen ni su nombre durante los actos de homenaje del 17-A.

A las puertas de la cárcel, Torra volvió a atacar a España: "No nos tenemos que defender de nada, hemos de atacar al Estado español". La mayoría de los asistentes llegaron hasta los campos que rodean la prisión en autocares y a bordo de un centenar escaso de automóviles particulares. Además de Torra, allí estaba parte de su Gobierno junto a la presidenta de la ANC, Elisenda Paluzie, el vicepresidente de Òmnium Cultural, Marcel Mauri, el presidente de la Asociación de Municipios por la Independencia, Josep Maria Cervera, y, por supuesto, Laura Masvidal. 

Cervera recurrió a las teorías conspiratorias habituales entre el separatismo y pidió "que se aclaren los atentados y nos den respuestas". También llamó a la colaboración ciudadana para "desarticular cualquier embrión yihadista". Masvidal afirmó que "dentro de la prisión hay vida, hay gente" y reveló que los presos le habían regalado una camiseta firmada por ellos.

El acto, sin relación alguna con los atentados del 17-A más allá del hecho de que Joaquim Forn y Josep Lluís Trapero eran los principales responsables de la operación policial de búsqueda de los terroristas durante aquellos días, finalizó con algunas amenazas de los CDR presentes al juez Llarena, otro de los clásicos de las escenificaciones independentistas: "Tiembla, Llarena, el pueblo no perdona".

¿Se está desinflando el separatismo?

Pero lo más sorprendente de los actos de homenaje a las víctimas del atentado islamista del 17-A no fueron las pancartas en contra del Rey, ni las ansias de protagonismo de Torra y la mujer de Joaquim Forn en detrimento de las víctimas, ni ese aprovechar que el Pisuerga pasa por Valladolid para reivindicar la figura de unos presos cuyo crimen no fueron sus "ansias de libertad", sino el golpe de Estado ejecutado desde el 6 y el 7 de septiembre de 2017 hasta finales del mes de octubre de ese mismo año.

Lo más sorprendente fue la escasa asistencia a los actos y el ruidoso pasotismo con el que las bases del nacionalismo reaccionaron a unos homenajes que tanto ruido mediático han generado durante la última semana. Esta vez, en resumen, no hubo guerra de cifras. Y no las hubo porque el separatismo, quizá por la imposibilidad de convertir los actos de homenaje en una nueva toma de la Bastilla catalana sin aparecer como unos desalmados, decidió abstenerse y ceder la iniciativa a los CDR y las pancartas de la ANC. En segundo lugar, porque el pinchazo de público fue total y hasta el constitucionalismo dio por buenas las cifras dadas por los organizadores de los actos separatistas

También pincharon la CUP, la ANC y los CDR

A la marcha paralela silenciosa organizada por los CDR y la CUP a primera hora de la mañana apenas se presentaron un millar de personas, la mayoría de ellas de avanzada edad. La marcha, no tan silenciosa como se pretendía, recorrió las Ramblas avenida arriba y se topó, una vez acabado el acto principal, con unas pocas docenas de jubilados con banderas españolas. Los torpes tortazos que se pudieron ver en ese momento ni siquiera pueden calificarse de incidente de baja intensidad.

La marcha silenciosa de los CDR pretendía homenajear a las víctimas de los atentados 17A pero se ha convertido en una protesta por la presencia de los Reyes.

La marcha silenciosa de los CDR pretendía homenajear a las víctimas de los atentados 17A pero se ha convertido en una protesta por la presencia de los Reyes. Quique García EFE Barcelona

La ANC, por su parte, parece ser la responsable de las pancartas que ondearon en los escenarios centrales de los actos programados durante la mañana. Las banderolas, con los eslóganes antimonárquicos habituales en Cataluña, fueron objeto de un curioso cambalache de responsabilidades entre los Mossos y el Ayuntamiento de Barcelona. Entre endose y endose, las pancartas pasaron el día en sus balcones hasta que la marcha de la última cámara de televisión hizo que alguien, desde luego no las autoridades ni la policía autonómica, las descolgara. 

Por lo demás, abucheos (escasos), algunos gritos fuera de lugar (también escasos) y unos pocos insultos a Gemma Nierga cuando ésta, muy comedida y sin salirse del guion, presentó el acto en catalán. Al final del día, el independentismo había pinchado en su intento de escrache al Rey. También en su intento de convertir la marcha paralela de los CDR y el acto frente a la prisión de Lledoners en una muestra de fuerza. Su único logro de la jornada consistió, en definitiva, en apropiarse del protagonismo que merecían las víctimas. Ahí, Quim Torra, Laura Masvidal y el resto de separatistas sí lograron un rotundo éxito