El rey Felipe VI en su mensaje para valorar la situación en Cataluña.

El rey Felipe VI en su mensaje para valorar la situación en Cataluña. Efe

Política LA RESACA DEL 21-D

La débil respuesta de Rajoy al 21-D vuelve a poner todas las miradas en el Rey

Felipe VI se dirige de nuevo a los españoles en un discurso de Nochebuena marcado por el desafío separatista en Cataluña.

El Rey vuelve a dirigirse a los españoles por segunda vez en este año tan difícil. La débil respuesta de Mariano Rajoy a los resultados del 21-D ha puesto todo el foco en la valoración que pueda hacer Felipe VI en su discurso de Navidad del tiempo que se abre en Cataluña tras la victoria en escaños de las fuerzas separatistas. El Rey asumió el liderazgo de la defensa de la Constitución en su histórico mensaje del 3 de octubre, en el que instó a los poderes del Estado a "asegurar el orden constitucional" en Cataluña.

Ni la escenografía ni el tono de Nochebuena serán el de octubre. Pero más allá de recuperar ideas como la paz y la concordia entre españoles, el Rey no va a dejar de exigir el estricto cumplimiento de la legalidad. La papeleta no es sencilla. En su discurso de octubre, Felipe VI acusó a los gobernantes catalanes de situarse "al margen del derecho y la democracia". Esos mismos gobernantes, encarcelados como Oriol Junqueras o huidos como Carles Puigdemont, han revalidado su mayoría parlamentaria en las elecciones. Y exigen restituir al Govern destituido por el 155.

Mensaje del Rey sobre Cataluña

Puigdemont, deslegitimado

Las palabras de Rajoy el viernes dan una pista de por dónde puede ir el Rey. El presidente del Gobierno no tiene la menor intención de hablar con Puigdemont. Y el jefe del Estado, tampoco. El diálogo genérico del que habló el presidente del Gobierno, y al que probablemente apele también el monarca, debe fluir en los márgenes de la Constitución. El Rey quiere que todas las fuerzas políticas defiendan sus diferentes proyectos para España, siempre dentro de la legalidad.

Felipe VI puso en juego su futuro personal y de la Corona con el discurso de octubre. La Casa del Rey estaba muy dividida sobre la conveniencia de la intervención. Y se acabó imponiendo su criterio personal y el de su entorno más joven. El mensaje actuó como un revulsivo para el Gobierno, que parecía noqueado por los acontecimientos del 1 de octubre. Y situó al Rey como referente de la España constitucional.

La aprobación del mensaje fue muy alta en la mayor parte de España, según recogieron las encuestas. Pero no en Cataluña. Felipe VI despojó de cualquier legitimidad a unas autoridades que han revalidado el apoyo de al menos la mitad de catalanes en las urnas. El líder de Podemos, Pablo Iglesias, ha utilizado el discurso como arma arrojadiza para cuestionar el futuro de la monarquía como institución. No ha pedido abiertamente una República, pero lo sugiere. La buena noticia para la Corona es que ni los resultados de Iglesias en Cataluña han sido buenos ni las perspectivas electorales de Podemos son ahora mismo excesivamente halagüeñas. 

Felipe VI ha mantenido un contacto fluido con Rajoy y los líderes del PSOE, Pedro Sánchez, y Ciudadanos, Albert Rivera. El Rey ha celebrado reuniones privadas en Zarzuela con todos ellos y dirigentes como el catalán Miquel Iceta, al que está personalmente muy agradecido por el alineamiento del PSC con la Constitución. Desde su mensaje del 3 de octubre, la familia real al completo ha recuperado una cierta normalidad en su agenda. El Rey fue vitoreado reiteradamente en las manifestaciones a favor de la unidad nacional de los días 8 y 29 de octubre en Barcelona. Y recibió una gran ovación y el calor de miles de personas en el desfile militar del 12 de octubre en Madrid.

Campo de minas

Sólo durante la entrega de los premios Princesa de Asturias, a una semana de la aplicación del 155, el Rey volvió a hacer un llamamiento a la unidad ante el "inaceptable intento de secesión" de Cataluña. Y lo hizo delante de los presidentes del Consejo, la Comisión y el Parlamento europeo, que fueron premiados en Oviedo. El apoyo de la Unión Europea a la unidad de España fue decisivo para resolver el conflicto, cuyo epílogo todavía no está escrito tras lo ocurrido el 21-D.     

El reinado de Felipe VI, que apenas ha cumplido tres años y medio, está siendo un campo de minas. El Rey está imprimiendo poco a poco un nuevo sello a la Corona. Pero el bloqueo político con las dos elecciones generales, el juicio y la sentencia de Nóos y ahora Cataluña han complicado la salida a la triple crisis económica, institucional y territorial que vive España.

Para muchos analistas, el reinado de Felipe VI comenzó oficiosamente el 3 de octubre con su mensaje inequívoco en defensa de la Constitución y la unidad de España. El paralelismo, salvando las distancias, con el discurso que pronunció su padre el 23-F es evidente.