José Antonio Moral Santín, en clase.

José Antonio Moral Santín, en clase. E.E

Política José Antonio Moral Santín

En clase de Economía con un condenado por las 'black': "Si os molesta, buscamos otro profesor"

Los alumnos apuestan por la continuidad del profesor: "Se sentirá culpable y seguro que nos aprueba".

Daniel Ramírez

A José Antonio Moral Santín le gustan los helados. O eso dicen sus alumnos. Es miércoles y hay que entregar un trabajo. "Yo se lo voy a llevar con una bolsa de fantasmicos, de esos pequeños, de sabores", dice uno a la puerta del aula 100 de la Facultad de Políticas de la Complutense. "Pero, ¿tú crees que va a venir?". Sí, lo hace. Aunque empieza la clase diecisiete minutos tarde. Imparte su primera sesión tras haber sido condenado a cuatro años de cárcel por las tarjetas 'black' de Caja Madrid. Gastó más de 450.000 euros. La asignatura, Economía Política.

Junto a los pupitres, un cartel ofrece cursos de marxismo, idea que abrazó el profesor Moral Santín cuando el franquismo agonizaba. Lideró el Partido Comunista en la capital, se puso del lado soviético cuando llegaron las rencillas y fue elegido diputado en la Asamblea de Madrid por Izquierda Unida. En 1995 le nombraron vicepresidente de Caja Madrid y más tarde engrosó el Consejo de Administración de Bankia. De ahí lo de las 'black'. Sus alumnos lo saben y por eso hacían porra cuando estaban a punto de dar las 11h. "Que sí que viene, que no, que sí".

Viste chaqueta oscura y pantalones tostados. Hoy le miran con lupa. Su rostro se repite en los ordenadores de varios estudiantes, que ojean su currículum y las facturas de su tarjeta. "¿Sabéis que iba al VIPS? Lo he visto en internet". También restaurantes de lujo y partidas de golf de postín. Antes de empezar, anuncia "una cuestión extraacadémica". Al toro. Pone su condena sobre la mesa. También su continuidad. Prologa con un "como sabéis" y coloca su cargo en manos de los alumnos. "Si os disgusta, buscamos otro profesor. Estáis en vuestro derecho".

"Lo entenderé, de verdad"

Hace mucho calor. El aula no es muy grande, caben unos cuarenta. El sol se cuela por los ventanales del fondo y hace sudar a los que han elegido los pupitres más alejados de la pizarra. Por cierto, en el que dicen "templo de Podemos" los marcos son naranja Ciudadanos. El catedrático de Economía Aplicada, lejos de despejar el balón, juega al toque y se explaya veinte minutos. Una que entra tarde pregunta a su amiga "a ver qué pasa". "¡Host.....!", responde cuando se entera.

"Habladlo con calma. Si a vosotros os incomoda, me incomodará a mí también. En caso de que sea así lo entenderé, de verdad. Buscamos otro profesor. Si os parece, mañana me decís algo". Gabinete de crisis. Moral Santín ofrece una toma de decisiones en asamblea, como las que frecuentaba hace cuarenta años, envueltas en el rojo del PCE. Luego, tras hora y media de "ciclos económicos", los estudiantes de segundo curso del grado en Políticas y Derecho decidirán si cambian de míster. La temporada es larga y el cuatrimestre acaba de empezar.

Moral Santín se desnuda a puerta cerrada. "Estoy a vuestra disposición para todas las preguntas que queráis". Rueda de prensa. Algunos dudan. Corren cuatro o cinco segundos. Parecen más. Uno se atreve desde la primera fila: "A mí me da igual quién dé la asignatura, lo que me importa es la formación. ¿Cabe la posibilidad de que nos quedemos sin profesor a mitad de curso?". Hablando en plata: si a usted le meten en la cárcel, ¿qué pasa con nosotros?

"Estoy deseando hablar"

"La sentencia no afectará a mi condición de funcionario. Ya sabéis que ahora voy a recurrir. Entre una cosa y otra esto se prolongará un año y medio", responde. Después menciona la lentitud del poder judicial, "uno de los graves problemas de este país".

Para terminar, el exdiputado por Izquierda Unida, al que ha saludado un cartel de juventudes comunistas al entrar en la facultad, confiesa sus "ganas de hablar". "Espero que todo esto se aclare favorablemente. El problema de los imputados es que no pueden hablar ni contar su versión. Si hubiese tenido la oportunidad, habría escrito más de un libro. Estoy deseando que llegue ese día y poder contar lo ocurrido con los papeles delante".

Entonces, un repentino cambio de papeles, una especie de Dr. Jekyll y Mister Hyde. Moral Santín vuelve a ser el profesor de Economía Política y desaparece el tipo que iba al cajero y sacaba de 300 en 300. Esta mañana tocan los tipos de paro. Pide a sus alumnos "un lenguaje preciso" porque en esta materia el lío con los términos "genera confusión".

Le gusta escribir en la pizarra y pasear por el aula. Se apoya sobre la mesa. "A veces se pone a debatir con un alumno sobre un tema y se acaba la clase". Esta vez, se trata de los chapistas. Sí, los reconstructores de coches. Moral Santín dice que ya no existen. Un alumno le lleva la contraria. "Me refiero a aquellos que hacían pura artesanía, ahora las piezas averiadas se cambian". Detalla las causas del desempleo: friccional, estacional, tecnológico... "El mercado de trabajo se entiende muy bien si se contempla como un par de vasos comunicantes", dice mientras contonea los brazos. Luego divaga ante la extrañeza de algunos: "Hubo unos años en los que apenas había estudiantes de Medicina. Comenzaron a emitirse unas series norteamericanas de hospitales, vida y misterio y se empezaron a construir más facultades".

Partido Comunista de los Pueblos...

Los estudiantes siguen con los 456.000 euros de las 'black', dale que te pego. "Pero si era comunista...". Uno se ha venido arriba y consulta en la Wikipedia qué fue aquello del Partido Comunista de los Pueblos de España, la rama del árbol de la izquierda que encabezó el catedrático que explica en la pizarra.

Mucho ha cambiado esto del paro, dice Moral Santín. Cuando él acabó el bachiller elemental, "casi cualquiera podía entrar en una empresa".

Hacia la una menos veinte, aunque la clase debería terminar a en punto, el profesor pone el broche a la sesión. Vuelve a recordar: "De verdad, habladlo y lo vemos con calma. Entenderé lo que digáis".

El cargo, a referéndum

Cuando se va, en el centro del aula, con el sol engorroso de los ventanales, varios estudiantes debaten sobre el míster. "Yo creo que ha sido valiente, no tiene que ser fácil", dice una. "Que va, ha sido victimismo", le responde otra. "¡Tenemos que quedárnoslo, que no hace examen al final de la asignatura!". "Además, como se siente culpable, seguro que nos aprueba", bromean algunos.

José Antonio Moral Santín decidió saltar al ruedo una semana después de conocer su condena. Su continuidad, a referéndum. Vuelta a los orígenes. En asamblea, como cuando su carrera política comenzó a rodar.