Daniel Fernández Aceña.

Daniel Fernández Aceña. Facebook

España

Fernández Aceña: del 'Gal Verde' a la yihad, pasando por Rodríguez Menéndez

Perteneció a los llamados "niños protegidos de Galindo" y fue condenado por un atentado de los Gal Verde. Prometió tirar de la manta pero cayó en descrédito.

JUAN LUIS GALIACHO

Daniel Fernández Aceña (nacido en 1959, 57 años) era uno de esos jóvenes de ideas radicales "patrióticas" que querían regenerar España allá por los años ochenta cuando el PSOE había llegado al poder y ETA mataba por todos los lados.

Por entonces era un joven sin una personalidad definida que fue captado, al igual que un grupo de ultras de Irún, donde residían, por agentes de la Benemérita, lo que entonces se llamaba el 'Gal Verde'. Todos ellos estaban dirigidos desde el célebre cuartel de Intxaurrondo y con el apoyo económico de un conocido empresario ideológicamente afín a ellos. Fue el 1 de marzo de 1984 cuando el 'Gal Verde', con apenas medio año de vida, metió por primera vez la pata en su lucha soterrada contra el terrorismo de ETA.

Y lo hizo al asesinar en la localidad francesa de Hendaya, a muy pocos metros de la frontera, a un ciudadano francés, el ferroviario Jean Pierre Leiba, al que confundieron con un dirigente etarra. Era el sexto asesinato de los Gal, pero por primera vez fueron arrestados terroristas de nacionalidad española.

Entre ellos, Daniel Fernández Aceña, junto a Mariano Moraleda Muñoz, Vicente Fernández Fernández y Juan Luis García Anuarde. el comando se lama 'Jauzubia' y, según las primeras declaraciones de los detenidos, los inductores del asesinato fueron Victor Manuel Navascués Gil, un ultra contrabandista colaborador de Intxaurrondo, y un guardia civil, conductor a las órdenes del entonces comandante Enrique Rodríguez Galindo, al frente de la 513 Comandancia de la Guardia Civil en Guipúzcoa.

A este grupo de ultras de Irún, con Aceña a la cabeza, se le conocía como "los niños protegidos de Galindo", y estaban asesorados por el guardia civil del Servicio de Información, Enrique Dorado Villalobos. Lo primero que hicieron tras su detención fue llevar a Aceña a la comisaría de Irún, para controlar todo. Pero allí, el hoy reconvertido al yihaidismo, aseguró que fue un guardia civil, llamado en el argot Andrés, quien le había entregado el arma y le había señalado el objetivo.

El tal Andrés era presuntamente el chófer del capitán de Irún, una ciudad fronteriza donde por entonces algunos miembros de la Seguridad del Estado se ganaban un importante sobresueldo con el contrabando y la "guerra sucia". Luego el tal Andrés fue destinado a Intxaurrondo por su fidelidad a la Benemérita de Galindo y fue colocado como conductor del Servicio de Información.

Aceña reconoció en comisaría al tal Andrés mediante fotografías, pero se recibieron órdenes tajantes de no seguir por ese camino. También dijo que se había reunido con él en un bar del monte Jaizkibel y que allí lo convenció para que matara a Leiba. Luego, Aceña se reunió con sus amigos ultras en su lugar preferido de reunión, la discoteca Jennifer de Irún, a donde solían acudir todos para planificar sus fechorías. Pero la gran influencia del 'Gal Verde' logró parar toda la investigación e información.

La Audiencia Nacional solo condenó a Aceña (29 años de prisión) y a Moraleda en un proceso judicial que no aportó nada y resultó inocuo. Jamás se profundizó en la llamada "trama verde" que se escondía tras el asesinato y que, a día de hoy, sigue abierta en su investigación global en la Audiencia Nacional.

El escándalo del asesinato de Leiba por Fernández Aceña y los suyos dejó abiertos una serie de interrogantes que a día de hoy todavía no se han aclarado, pero si que obligó a salir a la escena pública al entonces vicepresidente del Gobierno de Felipe González, el todopoderoso Alfonso Guerra. Quién afirmó que se trataba de unos jóvenes que sólo hacían mérito para ingresar en los Gal, "pero que no pertenecían a ellos".

Durante el juicio salió absuelto el ultra Víctor Navascués, que permaneció huido de la Justicia durante siete meses, pero que se presentó ante la Audiencia Nacional después de que lograra que el resto de los encausados lo exculparan.

Y aunque el fiscal pidió 10 años para él, el testimonio de Aceña sirvió para que quedara absuelto. Víctor Manuel Navascués era, según la Fiscalía, el intermediario que presuntamente les pagaba a estos jóvenes entre 1,2 y 5 millones de pesetas por asesinatos de "refugiados vascos".

Este grave error de cálculo de Aceña y sus ultras hizo que el 'Gal Verde' estuviera durante un tiempo fuera de la escena y que el "Gal Azul", con el comisario José Amedo al frente, volviera otra vez a la primera línea de fuego con un estilo calificado por sus propios compañeros como "chapucero".

Ese error de los ultras de Irún, unidos estrechamente al 'Gal Verde', hizo que el ministro José Barrionuevo decidiera mover ficha en la estructura y estrategia en la "guerra sucia" y nombrara a Rafael Vera como subsecretario del Ministerio del Interior y trasladara al gobernador de Vizcaya, Julián San Cristóbal, a Madrid como director general de la Seguridad del Estado con absoluta competencia en la lucha antiterrorista y en el control de los Gal.

Con tan solo 26 años, Aceña entraba ya en la cárcel por asesinato con premeditación y alevosía, por pertenencia a banda armada y por tenencia ilícita de armas. Primero ingresó en la mítica y destartalada cárcel madrileña de Carabanchel y luego en Zamora, donde incluso recibió tres veces la visita del entonces dirigente de HB Txema Montero, que le pidió que testificara en el caso del asesinato de Santiago Brouard.

De hecho así lo hizo y en 1988 aseguró ante el juez Baltasar Garzón haber tenido conocimiento en la prisión de Carabanchel, por confidencias de un interno, de algunas circunstancias que rodearon el asesinato de Brouard. Precisamente, uno de sus grandes amigos fue Juan José Rodríguez Díez, alias El Francés, condenado a ocho años de cárcel por facilitar las armas para el asesinato del dirigente de HB Santiago Brouard

Durante su largo periodo en la cárcel se convirtió en un juguete roto. Su grado de desintegración fue asociado a que aunque quisiera tirar de la manta muy pocos se lo iban a creer.

Su testimonio se desvirtuó cuando, abandonado a su suerte, empezó a contar medias verdades o medias mentiras a los periodistas. Poco a poco se fue quemando. Y al final aunque contara verdades como puños, nadie ya le creyó. Por entonces, valía más la palabra de todo un general de la Benemérita que la de unos jóvenes ultras de Irún, unos desarrapados ante el "Juro por mi honor".

Por entonces, su abogado era el controvertido abogado Emilio Rodríguez Menéndez, que ahora puede volver con él tras su reciente detención. Rodríguez Menéndez pidió a cambio de su declaración acogerse a los beneficios de la reinserción social, "igual que otros miembros de grupos terroristas".

Pero Fernández Aceña también fue imputado por el asesinato el 24 de julio de 1984 de Juan Carlos García Goena en Hendaya. Fuentes policiales indican que Aceña es uno de los personajes claves para saber toda le verdad de lo que ocurrió en la muerte de Garcia Goena, y que le debe todavía una explicación a su viuda, Laura Martin.

El juicio por este asesinato concluyó 31 años después sin ningún acusado. De hecho, se le acusó de haber recibido dinero en 1997 estando ya en libertad para exculpar a José Barrionuevo, Rafael Vera y Enrique Rodríguez Galindo en el asesinato de Santiago Brouard, con Rodríguez Menéndez como intermediario de la operación

También en 1997, Fernández Aceña fue detenido, junto a Juan José Rodríguez Díaz, por orden del juez Javier Gómez de Liaño en relación con la investigación de la supuesta trama corrupta contra el entonces director de El Mundo, Pedro J. Ramírez, y otras personas de relevancia pública.

Fue ya a finales de los años 90, siguiendo los consejos de Rodríguez Menéndez, todavía abogado suyo, cuando Fernández Aceña dejó de colaborar definitivamente con la Justicia. El Tribunal Supremo desestimó que se rebajara su condena y, salvo un careo con el empresario Navascués, al que acusó de ser el intermediario financiero, "olvidó" todas sus declaraciones anteriores.

Aceña es un personaje que según quienes le han tratado es muy factible para ser captado por diferentes redes, como ha ocurrido ahora con la yihad. Últimamente, había viajado a zonas de conflicto en Afganistán, Siria y Palestina, de cuyo movimiento Frente de Liberación era simpatizante activo.

Destacaba su intensa actividad en redes sociales. En su perfil de Facebook ha publicado tanto apologías a favor de los atentados de las torres gemelas como fotografías y slogams a favor de los movimientos yihaidistas, también acompañadas con fotografías suyas. Su último cambio en su perfil de Facebook lo realizó el 9 de diciembre pasado. Daniel Fernández Aceña ha pasado de ser un exmiembro de los Gal a su autodoctrinamiento en el yihadismo, lo que ya lo había llevado a que realizara labores de difusión de propaganda de DAESH "con la determinación de cometer un atentado terrorista" como ya hizo hace 32 años en el País Vasco francés. Eso, según la Guardia Civil, el cuerpo al que ayudó fielmente en su día para luchar contra el terrorismo con fines, según él, "patrióticos".