La hermana Sandra Ramos, experta en la fragilidad y reconstrucción postconflicto en Sierra Leona.

La hermana Sandra Ramos, experta en la fragilidad y reconstrucción postconflicto en Sierra Leona. Cedida

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La hermana Sandra Ramos, sobre la reconstrucción social en Sierra Leona: "La verdadera paz no es la ausencia de guerra"

El país cerró la página de la guerra en 2002, pero los problemas estructurales que la provocaron se mantienen abiertos incluso décadas después. 

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El día en que dejan de oírse los disparos no es, necesariamente, el que termina la guerra. Para millones de civiles en países que han sufrido conflictos armados, la violencia no desaparece. Simplemente, cambia de forma. Se convierte en pobreza crónica, desconfianza hacia las instituciones, miedo acumulado y falta de futuro.

Esa es la idea que atraviesa el testimonio de la hermana Sandra Ramos, experta en fragilidad y reconstrucción postconflicto y portavoz de Manos Unidas en su Campaña Anual 2026, Declara la guerra al hambre.

Durante años, Sierra Leona ha sido mencionada como ejemplo de reconstrucción tras la brutal guerra civil de los noventa. Sin embargo, Ramos advierte de que esa etiqueta puede simplificar en exceso la realidad.

"Citarlo así es ignorar que muchos problemas estructurales —desempleo juvenil, desigualdad, corrupción y fragilidad institucional— persistieron y siguen influyendo en la estabilidad del país".

Desde su experiencia en el terreno, sostiene que salir realmente de un conflicto no equivale al silencio de las armas. Implica abordar las causas profundas que lo originaron, que, en este caso, fueron la exclusión social, la pobreza, la falta de oportunidades y la debilidad institucional. "Mientras estos factores persistan, la paz será, en el mejor de los casos, superficial".

Para la población civil, la guerra termina cuando existe un Estado de derecho capaz de garantizar libertades fundamentales y ofrecer justicia accesible e imparcial. Cuando la ciudadanía confía en sus instituciones.

En caso contrario, la violencia permanece latente. No necesariamente armada, pero sí presente en forma de frustración social y tensiones acumuladas.

¿Y después?

Tras el conflicto, el país impulsó programas de reintegración de excombatientes y justicia transicional. Además, el desarme, "amplio y relativamente rápido", fue determinante. Sin la retirada real de armas y la presencia estabilizadora internacional en los primeros años, explica Ramos, cualquier otro proceso habría sido inviable. La seguridad física fue la base de la reconstrucción.

Sin embargo, no todo dependió de grandes estructuras institucionales. En muchas comunidades, los rituales tradicionales y los procesos locales de perdón resultaron más eficaces para restaurar la convivencia.

La hermana Sandra Ramos en Sierra Leona.

La hermana Sandra Ramos en Sierra Leona. Cedida

Que víctimas y excombatientes volvieran a compartir aldeas sin represalias fue un indicador clave de estabilización social. También ayudó ofrecer alternativas económicas mínimas —formación profesional, pequeñas ayudas económicas y mediación comunitaria— para evitar el rearme o la criminalidad.

Por el contrario, considera que la comunidad internacional ha tendido a sobrevalorar el impacto transformador de la justicia internacional y la sostenibilidad de programas financiados externamente que no logran arraigar localmente.

Estado débil

La fragilidad institucional sigue siendo el principal obstáculo. Reconstruir un Estado sin administración, sin servicios públicos y con generaciones enteras sin educación formal genera pobreza estructural.

La falta de educación limita el acceso al empleo cualificado; la ausencia de servicios públicos debilita la salud y la movilidad social; la escasa capacidad administrativa impide aplicar políticas eficaces. El resultado es un círculo vicioso difícil de romper.

Cuando el Estado no ofrece oportunidades reales —especialmente a los jóvenes— aumenta la vulnerabilidad social y proliferan economías ilícitas, consumo y tráfico de drogas o prostitución por necesidad económica.

Los acontecimientos recientes lo reflejan. En agosto de 2022, en un contexto de crisis económica y aumento del coste de la vida, se produjeron manifestaciones violentas en ciudades como Freetown, Kenema, Bo y Makeni. En noviembre de 2023, un intento de golpe de Estado volvió a evidenciar la fragilidad institucional.

Y en marzo de 2025 la capital fue escenario de nuevas protestas ligadas al deterioro socioeconómico. "Estos episodios demuestran que, aunque el conflicto armado terminó hace más de dos décadas, las condiciones estructurales que alimentan la inestabilidad continúan presentes", resume.

A esa vulnerabilidad se suman crisis posteriores, como la epidemia de ébola. Antes del brote, el país ya contaba con uno de los ratios más bajos de médicos por habitante del mundo y una infraestructura hospitalaria muy limitada, lo que provocó el colapso sanitario.

Y es que, para Ramos, los países que han pasado por la guerra son especialmente frágiles porque todas sus instituciones arrastran debilidades previas.

Dos niños sierraleoneses.

Dos niños sierraleoneses. Cedida

Desde Europa, la reconstrucción suele asociarse a carreteras, edificios o elecciones. Sin embargo, la religiosa insiste en que los factores menos visibles —confianza social, liderazgo local, educación y memoria colectiva— son decisivos.

Tras una guerra civil no solo quedan ciudades dañadas, sino vínculos rotos y traumas persistentes. "El verdadero desafío no es solo reconstruir infraestructuras, sino aprender a seguir caminando juntos", afirma.

Por eso, la principal lección para otros conflictos actuales es evitar la prisa. "El gran error sería poner en marcha un país como si fuera una máquina desengranada".

La reconstrucción, concluye, necesita tiempo, acompañamiento y respeto por los ritmos internos de la sociedad. Sin reconciliación ni cohesión social, cualquier progreso corre el riesgo de ser frágil y reversible.