El próximo 12 de agosto comienza a aplicarse el Reglamento europeo de Envases y Residuos de Envases (PPWR), una de las normas más ambiciosas aprobadas por la Unión Europea para avanzar hacia una economía más circular.
Su objetivo es reducir el impacto ambiental de los envases, impulsar la reutilización y el contenido en reciclado, mejorar la reciclabilidad y armonizar las reglas para todos los Estados miembros.
Sin embargo, la principal característica de este Reglamento no es únicamente el alcance de sus objetivos, sino la forma en que se han diseñado para hacerse realidad. El PPWR no establece un cambio inmediato de todo el modelo de envases, sino una transición progresiva, con obligaciones que comienzan a aplicarse este verano y otras que lo harán de manera escalonada durante los próximos años.
Ese enfoque responde a la realidad de transformar un sistema del que dependen sectores tan diversos como la alimentación, la sanidad, el comercio o la industria. Requiere tiempo, planificación y seguridad jurídica.
Por ello, es importante comprender que la aplicación del Reglamento el próximo 12 de agosto no supone que todas las medidas previstas sean exigibles desde esa fecha. El propio texto europeo establece un calendario que permite acompasar la adaptación de las empresas con la implantación de los distintos requisitos.
Las primeras obligaciones afectan, principalmente, a los operadores económicos. En primer lugar, cada empresa deberá identificar si tiene un rol de "fabricante" y "productor" con cada uno de los envases que pone en el mercado. Especialmente la figura de fabricante puede corresponder al fabricante directo o al envasador que pone el producto envasado con su marca.
Los "fabricantes" deberán realizar la evaluación de conformidad de los envases, elaborar la documentación técnica correspondiente y emitir la declaración UE de conformidad, acreditando que cumplen los requisitos que resulten aplicables en cada momento.
También comenzarán a exigirse disposiciones relativas a las sustancias PFAS en envases destinados al contacto con alimentos, el control documental sobre metales pesados, la nueva definición de envase reutilizable o determinadas obligaciones derivadas de la Responsabilidad Ampliada del Productor.
En cambio, otras medidas que forman parte del mismo Reglamento seguirán un calendario distinto. Aunque se han publicado en algunos medios que el 12 de agosto aplican prohibiciones a envases plásticos de monodosis en Horeca esto no es así.
La prohibición de determinados envases monodosis en el canal HORECA está prevista para 2030 y pendiente además de futuras orientaciones interpretativas de la Comisión Europea.
Tampoco el 12 de agosto empieza la implantación del Sistema de Depósito, Devolución y Retorno (SDDR) para bebidas en envases de un solo uso domésticos, cuya puesta en marcha en España responde a un proceso regulatorio propio y posterior.
Es fundamental que no se transmitan informaciones ambiguas o falsas sobre la aplicación del PPWR. Su complejidad está creando un ambiente de inseguridad en las cadenas de valor que hay que intentar evitar. Distinguir entre unas obligaciones y otras no es una cuestión meramente jurídica.
Para las empresas supone poder planificar inversiones, adaptar procesos productivos, revisar materiales, coordinar proveedores y desarrollar soluciones que respondan a los nuevos requisitos ambientales. Para los consumidores, permite comprender mejor cómo evolucionará el modelo de envases y cuáles serán los cambios que irán incorporándose progresivamente.
La economía circular requiere una transformación profunda de toda la cadena de valor. Y esa transformación no depende únicamente de fijar objetivos ambiciosos, sino también de ofrecer un marco estable, previsible y armonizado que facilite su cumplimiento.
Por eso también estamos solicitando una mayor claridad en la definición y aplicación del PPWR ya que muchas de sus obligaciones han creado confusión a la hora de implantarse.
La industria lleva años trabajando para responder a ese desafío mediante el ecodiseño, la incorporación de material reciclado, la innovación tecnológica y el desarrollo de soluciones cada vez más sostenibles. El PPWR representa un paso importante para consolidar ese camino, precisamente porque establece una hoja de ruta común para toda Europa.
El éxito de esta nueva etapa dependerá de la capacidad de todos los actores para avanzar en la misma dirección. Las instituciones, desarrollando un marco regulatorio coherente; las empresas, adaptando e innovando; y la sociedad, acompañando una transformación que afectará a prácticamente todos los productos envasados que utilizamos en nuestro día a día.
La transición hacia una economía circular no comienza ni termina en una única fecha. Es un proceso continuo que exige compromiso, inversión y colaboración. El 12 de agosto marca el inicio de una nueva fase de ese camino, pero será el desarrollo ordenado y progresivo del Reglamento el que permita alcanzar los objetivos ambientales que Europa se ha marcado.
*** Isabel Goyena es portavoz de EsPlásticos.