En los últimos años, las buenas prácticas en materia de medioambiente o impacto social se premiaban con un reconocimiento al buen hacer de una organización o empresa. Hoy, esa distinción está perdiendo ese valor diferencial al entender que los estándares respetuosos con el territorio deben estar siempre presentes en cualquier decisión o acción.
Por poner un ejemplo, hace unas semanas conocimos la desaparición de lasEstrellas Verdes Michelin, una distinción que premiaba a los restaurantes que tenían como base de su filosofía la sostenibilidad y la economía circular, una decisión que ha abierto una conversación interesante: ¿qué ocurre cuando desaparece un reconocimiento que durante años ha servido para visibilizar buenas prácticas? ¿Depende la sostenibilidad de una etiqueta para seguir siendo relevante?
La respuesta probablemente la encontramos observando cómo han evolucionado muchos sectores durante la última década.
El compromiso social, la buena gobernanza y el cuidado del medioambiente ya forman parte de las decisiones estratégicas de empresas, destinos e instituciones. Ha dejado de ser una tendencia para convertirse en un criterio cada vez más presente en la forma de planificar, invertir y gestionar actividades como el turismo.
En este sentido, ha cambiado la mirada de los viajeros. Cada vez existe una mayor sensibilidad hacia el impacto que genera el turismo y una creciente valoración de aquellos destinos que cuidan su entorno, preservan su identidad y generan oportunidades para la población local.
Hoy, la calidad de una experiencia turística también se mide por la huella que deja en el territorio.
Esta evolución llega en un momento especialmente importante. Los destinos turísticos afrontan retos que exigen equilibrio y visión de largo plazo.
La protección de los recursos naturales, la adaptación al cambio climático, la gestión de los flujos de visitantes o la convivencia entre residentes y turistas forman parte de una misma realidad que requiere respuestas compartidas.
Quienes trabajamos en el ámbito turístico sabemos que cada decisión cuenta. Desde la movilidad hasta la conservación de los espacios naturales, pasando por la diversificación de la oferta o la incorporación de nuevas tecnologías, todo influye en la manera en que un destino se desarrolla y en cómo será percibido dentro de diez o veinte años.
Por eso, resulta cada vez más habitual encontrar estrategias que sitúan la sostenibilidad en el centro de la planificación turística. No porque sea una exigencia administrativa o una cuestión reputacional, sino porque constituye una herramienta imprescindible para garantizar la competitividad y la capacidad de generar bienestar a largo plazo.
En Tenerife, llevamos años trabajando con esa visión. Certificaciones como Biosphere o el reconocimiento como Destino Turístico Inteligente reflejan una trayectoria basada en la innovación y la mejora medioambiental continua.
A ello se suman iniciativas orientadas a la protección de los espacios naturales, las Cartas para la Sostenibilidad, la promoción de experiencias responsables, la apuesta por productos de proximidad en nuestra oferta gastronómica y la participación activa de empresas, visitantes y ciudadanía en la conservación del territorio.
Sin embargo, esta reflexión va mucho más allá de un destino concreto. Cada vez son más los territorios que entienden que el éxito turístico del futuro dependerá de su capacidad para generar prosperidad económica mientras preservan aquello que los hace únicos.
Esa es la conversación verdaderamente relevante y la que marcará la evolución del sector en los próximos años.
Quizá esa sea la principal enseñanza que deja el debate sobre las Estrellas Verdes Michelin que comentaba antes. Los reconocimientos son útiles, inspiran y ayudan a dar visibilidad a proyectos que merecen ser conocidos. Pero el verdadero valor se encuentra en el trabajo diario, en las decisiones coherentes y en la capacidad de mantener una dirección clara a lo largo del tiempo.
Los distintivos pueden aparecer, transformarse o desaparecer. Lo que permanece es el compromiso. Y esa sigue siendo la mejor garantía para construir destinos más fuertes, más competitivos y mejor preparados para responder a los desafíos del futuro.
*** Lope Afonso es vicepresidente del Cabildo Insular de Tenerife y responsable de las áreas de Turismo, Acción Exterior y Relaciones Institucionales.