Cuando hablamos de sostenibilidad, muchas veces la reducimos a una cuestión puramente ambiental. Sin embargo, la sostenibilidad es un concepto mucho más amplio y profundamente transformador: implica integrar criterios sociales, ambientales y económicos en todas las decisiones que tomamos.

Con una visión global que permita generar impacto positivo, garantizar la continuidad del negocio y contribuir a la salud y el bienestar de las personas, sin comprometer el futuro del planeta. En el fondo se trata de entender cómo crecemos hoy sin hipotecar el mañana.

La sostenibilidad no es un elemento aislado, sino una dimensión que debe incorporarse de manera transversal en el modelo de crecimiento de cualquier organización. En Towa, al igual que en otras empresas del sector, trabajamos precisamente desde esta perspectiva transversal.

Contamos con un equipo de sostenibilidad formado por más de 30 personas, representantes de diferentes áreas, lo que nos permite implementar mejoras en los procesos de manera conjunta y alineada con los objetivos estratégicos del negocio.

Es una forma de trabajar que entiende la sostenibilidad no como un fin en sí mismo, sino como una palanca de transformación. En este contexto, la gestión responsable del agua se ha convertido en uno de los ejes prioritarios.

No solo porque el agua es un recurso limitado y cada vez más tensionado, sino porque en nuestro sector el agua es también salud. Es imprescindible para fabricar medicamentos esenciales y garantizar la calidad y seguridad que exige el sistema sanitario.

Cuidar el agua es, en definitiva, cuidar de las personas. El agua está presente en múltiples etapas del proceso productivo farmacéutico: se utiliza en la preparación de soluciones y suspensiones, en el recubrimiento de pellets y otras formas sólidas.

También en la producción de formatos líquidos, en la limpieza de equipos e instalaciones, y en los sistemas de refrigeración y calefacción de reactores. Por ello, su gestión eficiente no es solo ambiental, también es crítica desde el punto de vista industrial, sanitario y regulatorio.

Cada gota cuenta y cada decisión importa. El reto aparece cuando trasladamos esta necesidad a la realidad operativa del sector: la industria farmacéutica se enfrenta hoy a desafíos crecientes para gestionar el agua de forma sostenible.

El primero es la desertificación progresiva y la variabilidad climática. Por ejemplo, en la cuenca del Mediterráneo, y especialmente en Cataluña, ya vivimos una realidad marcada por la escasez, con una disponibilidad cada vez más irregular.

Alternamos periodos prolongados de sequía con episodios de lluvias torrenciales difíciles de aprovechar. Esto obliga a las compañías a prepararse para un futuro en el que las restricciones serán más frecuentes, siendo imprescindible contar con planes de contingencia y sistemas de gestión resilientes.

Además, dado que este desafío no impacta por igual en todo el territorio, las soluciones deben adaptarse a cada realidad regional y diseñarse con visión a largo plazo.

El segundo reto es regulatorio. La industria farmacéutica debe garantizar estándares de calidad extremadamente exigentes, la base de la confianza del sistema sanitario y de los pacientes. Al mismo tiempo, Europa avanza hacia marcos normativos más estrictos.

Nuestro desafío aquí es avanzar en sostenibilidad sin comprometer la calidad del medicamento. Es imprescindible reforzar la colaboración entre administración y sector, no solo para responder a crisis, sino para diseñar planes estratégicos estables.

Estos planes incluyen reducción de consumos, mantenimiento de infraestructuras y medidas de gestión adaptadas a cada realidad.

El tercer reto es tecnológico. La optimización del consumo requiere incorporar las mejores tecnologías disponibles para tratar el agua. Evitar riesgos como el crecimiento microbiológico y asegurar condiciones óptimas en las plantas de agua purificada.

Todo ello requiere un control exhaustivo de los consumos, segmentados y trazados al minuto en cada proceso para implementar modelos de mejora continua. Estas inversiones no siempre son sencillas: requieren recursos, adaptación y una visión industrial a largo plazo.

Y el cuarto reto es avanzar hacia la circularidad: ¿qué hacemos con el agua de rechazo derivada de los procesos de purificación? ¿Podemos convertir ese recurso en una oportunidad? En Towa, contamos con una planta de recuperación del agua de rechazo de ósmosis, que nos permite recuperar aproximadamente un 7% del total del agua consumida en nuestra planta de Martorelles, Barcelona.

Esto contribuye a una gestión más eficiente y sostenible. En la misma línea, estamos validando ajustes en protocolos de limpieza que permiten reducir la frecuencia sin comprometer la calidad, disminuyendo así el consumo de agua y manteniendo intactos los estándares regulatorios.

Son pequeños cambios que, cuando se aplican de manera sistemática, pueden generar impactos significativos. Además, hemos comprobado que no se puede mejorar aquello que no se mide. Por eso, la monitorización sectorizada del consumo mediante contadores es clave.

Revisiones periódicas permiten detectar fugas, consumos anómalos y oportunidades de mejora continua. Es, en cierto modo, el 'big data del agua': datos que impulsan decisiones más precisas, rápidas y eficaces.

Pero la respuesta no puede ser únicamente individual. La gestión sostenible del agua requiere colaboración entre industria, administración y proveedores. También una apuesta por investigación e innovación cruzada, desarrollando soluciones compartidas y escalables.

Tenemos la oportunidad de impulsar hubs sectoriales donde se unan capacidades y esfuerzos para optimizar tecnologías de depuración, reutilización y eficiencia hídrica. Si el sector actúa con visión, España puede ser referente en eficiencia hídrica en la industria farmacéutica.

No se trata solo de reducir consumo, sino de asegurar que podemos seguir produciendo medicamentos de forma responsable, garantizando la salud de las personas y la sostenibilidad del sistema en su conjunto.

Resultados como los logrados en Towa, donde la aplicación de diferentes medidas nos ha permitido reducir un 30% el consumo total de agua desde 2019, demuestran que el margen de mejora del sector es real y alcanzable.

Especialmente si avanzamos hacia una colaboración más estrecha entre todos. Gestionar el agua de manera sostenible ya no es solo un compromiso ambiental: es una responsabilidad empresarial y una oportunidad colectiva para construir un futuro más sostenible.

Entender la salud de forma verdaderamente holística requiere de esta mirada integral, colaborativa y consciente, donde cada acción cuenta y cada decisión puede generar un impacto positivo, duradero y replicable en todo el sector farmacéutico.

*** Sergi Palomino es director de sostenibilidad de Towa International.