El denominado gran traspaso intergeneracional de patrimonio ya ha comenzado y, con él, los family offices están transformando profundamente sus estrategias filantrópicas. Se alejan de un enfoque centrado exclusivamente en la donación para adoptar un papel mucho más estratégico en la generación de impacto positivo vinculado a la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).
Durante décadas, la filantropía se entendía como una actividad separada del resto de decisiones patrimoniales. Hoy, esa frontera comienza a difuminarse: se pasa de un enfoque compartimentado a uno integrado.
Tal y como hemos reflejado en UBS en el reciente informe Trends in Philanthropy 2026, para el 41% de los family offices a nivel global la filantropía sigue siendo su principal vía de generación de impacto, aunque, cada vez más, se integra y alinea con su actividad empresarial y sus decisiones de inversión.
Del análisis se desprenden además tres conclusiones clave: una creciente profesionalización, un mayor foco en la estrategia y en horizontes de inversión a largo plazo, y un refuerzo de la colaboración público-privada para escalar el impacto positivo.
Las tendencias
Una de las tendencias más claras es la profesionalización de la filantropía. El 68% de los family offices ya ha desarrollado capacidades internas específicas para gestionar su actividad filantrópica.
Lo han hecho creando equipos especializados capaces de definir estrategias, medir el impacto y evaluar riesgos del mismo modo que lo hacen en el ámbito de la inversión financiera. Ya no se trata solo de dar, sino de tomar decisiones basadas en datos y evidencia sobre dónde y cómo actuar.
Otra de las grandes tendencias que señala el informe es el cambio hacia un enfoque estratégico y estructural. Muchas familias están pasando de financiar proyectos aislados a abordar las causas profundas de los problemas.
Esto implica coordinar filantropía, inversión y actividad empresarial en torno a un objetivo común y replantear cómo se movilizan todas las formas de capital para generar un cambio duradero y medible.
El caso de un family office europeo multigeneracional lo ilustra perfectamente: ha organizado su fundación, su cartera inmobiliaria y sus inversiones en torno a un mismo objetivo: el desarrollo urbano.
La filantropía apoya el acceso a la vivienda, las inversiones promueven estándares de construcción más eficientes y sostenibles, y los propios activos inmobiliarios actúan como laboratorio de transformación.
Un puente entre el capital privado y las prioridades públicas
Nuestro análisis destaca otra tendencia, que también observamos entre nuestros clientes y socios: se prevé un aumento de la colaboración entre capital privado y público. Los gobiernos buscan activamente atraer inversión privada, y las familias responden participando en iniciativas de colaboración público-privada.
Este modelo permite escalar soluciones innovadoras y de alto impacto. El resultado es una nueva generación de alianzas que movilizan recursos hacia áreas prioritarias alineadas con los ODS, combinando la eficiencia del sector privado con objetivos de interés público.
Un ejemplo reciente es el SDG Outcomes Fund, impulsado por la UBS Optimus Foundation. Este vehículo de financiación combinada (blended finance) integra capital privado con recursos públicos procedentes de bancos multilaterales de desarrollo, y es el primer fondo que invierte en programas de financiación basada en resultados en países de renta media y baja.
El cierre exitoso del fondo, tras alcanzar su objetivo de suscripción, se anunció el pasado verano en España durante la IV Conferencia Internacional sobre Financiación para el Desarrollo (FFD4) de Naciones Unidas celebrada en Sevilla.
Una visión integrada y flexible de futuro
Estas tendencias en la forma en que los family offices abordan la filantropía reflejan una comprensión más amplia del concepto de patrimonio. Más allá de los activos financieros, entran en juego redes de colaboración, conocimiento sectorial y experiencia acumulada, que se movilizan de forma coordinada para maximizar el impacto y poner los recursos al servicio de un propósito común.
De cara al futuro, el reto no será adoptar un único modelo, sino mantener la capacidad de adaptación. Los family offices mejor posicionados serán aquellos capaces de combinar disciplina, colaboración y aprendizaje continuo, entendiendo que el impacto real se construye a lo largo del tiempo, a través de la coherencia y las alianzas.
En un momento en el que se demandan soluciones tangibles y medibles alineadas con los Objetivos de Desarrollo Sostenible, las grandes fortunas pueden convertirse en auténticos arquitectos del progreso. Aportando profesionalización, colaboración y una visión a largo plazo a su actividad filantrópica, los family offices en España tienen la oportunidad de contribuir a configurar un futuro en el que prosperidad e impacto positivo avancen de la mano.
***Pablo Carrasco es director general de UBS Wealth Management en España.