El sector financiero vive un momento de transformación sin precedentes. En gran parte gracias al boom de compañías fintech, firmas que emplean la tecnología para optimizar procesos, modernizar los servicios y democratizar el acceso a productos financieros. Sin embargo, la industria de las finanzas todavía tiene algunos retos pendientes de resolver.

Uno de los más urgentes es la brecha de talento femenino. Un desafío presente también en las compañías fintech y que limita su capacidad de impactar en la industria financiera y el conjunto de la sociedad.

Los datos son claros en este apartado. Solo el 60% de los comités de dirección tiene presencia femenina, según refleja la VIII edición del Fintech Women Network, publicada el pasado septiembre. Y si apuntamos más arriba, solo el 17,5% de las mujeres ocupa puestos de alta dirección y el 5% el de CEO o fundadora.

Estas cifras reflejan la desigualdad que pervive en el ecosistema fintech, sobre todo en los niveles más estratégicos, y nos invita a reflexionar sobre la situación actual de las mujeres del entorno. ¿Qué pasos debemos dar para alcanzar una igualdad real? Lo que está claro es que para romper el techo de cristal hay que mirar más allá de los procesos de selección tradicionales.

Porque no se trata tanto de la carencia de talento, sino de qué barreras culturales, estereotipos y estructuras heredadas están imposibilitando que las mujeres desarrollemos carreras exitosas en este y otros sectores tecnológicos. Es la hora de averiguar cómo construir un ecosistema que potencie, desarrolle y dé visibilidad a las habilidades de las profesionales.

La respuesta está en abordar varios frentes que encontramos a lo largo de toda nuestra vida. El primero de ellos está en la etapa educativa.

Es fundamental acercar la tecnología a las jóvenes desde edades tempranas para que conecten con esta vocación y consoliden un interés que cristalizaría en su carrera laboral. Los programas que acercan los estudios STEM a las jóvenes y los talleres de programación y ferias tecnológicas sientan las bases para una mayor representación femenina en fintech.

Una primera exposición que rompe el cliché de que la tecnología es un espacio exclusivo para hombres, ampliando de forma considerable el número de candidatas.

Ligado a este punto, la visibilización de referentes femeninos del mundillo es una fuente de inspiración que suma en ese efecto de legitimidad, demostrando a las jóvenes que es posible construir una carrera exitosa, que la innovación surge de la diversidad de talento y que el liderazgo compartido es un pilar de la excelencia del sector.

Un apartado en el que España ya tiene grandes referentes como Paloma Real, presidenta de la División de MasterCard para Europa Occidental, o Silvia Escamez, fundadora y CEO de Finteca y VP de AEFI. Dos profesionales que, además de liderar equipos, son voces autorizadas en el sector que marcan tendencia y protagonizan espacios en foros y congresos a diario.

Más allá del ámbito educativo y social, una gran parte del esfuerzo por avanzar hacia la igualdad real debe concentrarse en las empresas. Primero, fomentando el desarrollo del talento interno.

Los procesos de upskilling y reskilling facilitan la oportunidad de crecer a perfiles que ya forman parte de la organización, aprendiendo nuevos conocimientos y ganando en confianza para escalar hacia roles superiores y estratégicos. Un compromiso que combina formaciones, planes de carrera y mentorías con acompañamiento para que cada profesional construya su propio camino y su formación tenga un impacto real.

Del mismo modo, otro punto importante es la reformulación de la cultura corporativa y las medidas de conciliación. La igualdad no se consigue si persisten sesgos que penalizan a las mujeres en situaciones del día a día. Hoy en día, muchas mujeres sienten que deben elegir entre ser buenas profesionales o buenas madres.

Frente a este dilema, las firmas fintech tienen en su mano la capacidad de ofrecer un amplio abanico de beneficios en materia de flexibilidad, teletrabajo y proyectos enfocados a los resultados. Medidas que ayudan a crear equipos más equilibrados, retener el talento femenino y demostrar que la conciliación no es obstáculo, sino un motor de crecimiento personal y profesional.

Y, al mismo tiempo, debemos recordar que la inclusión femenina es un compromiso de todos. No depende exclusivamente de las mujeres ni de Recursos Humanos. Requiere la implicación de toda la organización, el sector y la sociedad en su conjunto.

En este punto, debe haber una implicación colectiva por parte de la Administración, las instituciones, empresas y ciudadanía para eliminar sesgos, garantizar una igualdad de oportunidades y fomentar entornos en los que el talento se valora por su capacidad y no por su género.

Ayer celebramos el 8M, una fecha en la que reconocemos el papel de las mujeres en la sociedad y que, más allá de lo simbólico, es un llamamiento a la acción, a derribar las barreras que aún persisten y a reforzar la idea de que la igualdad real es posible. Pero que nunca conseguiremos si no tomamos las medidas necesarias.

Llegados a este punto, lo positivo es que la transformación está en marcha. En los últimos años, el sector fintech ha dado grandes pasos, incorporando mujeres en roles técnicos y directivos, alentando una cultura de la conciliación e identificando el bienestar personal y profesional de las mujeres como un factor estratégico y un pilar de innovación y competitividad.

Queda mucho por hacer, pero la igualdad real cada vez está más cerca. Una meta común para el que la fórmula del éxito no es otra que seguir impulsando la formación femenina, el liderazgo inclusivo y la construcción de organizaciones en las que el talento de la mujer crece sin obstáculos.

*** Alicia Gómez es directora de Recursos Humanos de Dojo.