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España encara el reto de reducir su dependencia del vertedero para cumplir los objetivos europeos de residuos en 2035

AEVERSU reclama nuevas infraestructuras de valorización energética y alerta de que la presión regulatoria y financiera puede dificultar la transición.

Más información: Repensar, reutilizar, rediseñar: así se construye la economía circular como una oportunidad para la competitividad

Mariana Goya
Publicada

La cuenta atrás hacia 2035 ya ha comenzado para el sistema español de gestión de residuos.

Mientras la Unión Europea mantiene el objetivo de reciclar el 65% de los residuos municipales y reducir al 10% el volumen destinado a vertedero, el sector de la valorización energética advierte de que España sigue muy lejos de cumplir esas metas.

En este escenario, la Asociación de Empresas de Valorización Energética de Residuos Urbanos (AEVERSU) ha reclamado un giro "urgente" en las políticas de tratamiento de residuos y una apuesta decidida por nuevas infraestructuras que permitan reducir la dependencia estructural del vertedero.

La asociación lanzó este mensaje en un momento especialmente sensible para el modelo europeo de gestión de residuos, marcado por el debate sobre la futura evolución del Sistema Europeo de Comercio de Emisiones (EU-ETS) y por la presión creciente para adaptar los sistemas nacionales a los compromisos de economía circular fijados por Bruselas.

Según AEVERSU, el actual ritmo de desarrollo de infraestructuras en España no será suficiente para alcanzar los objetivos comunitarios dentro del calendario previsto.

El principal problema, sostienen desde la organización, es que España continúa enviando a vertedero cerca de la mitad de sus residuos municipales, una cifra que evidencia, a su juicio, la necesidad de reforzar las capacidades de tratamiento existentes.

Frente a esta situación, países como Alemania, Austria, Países Bajos o Dinamarca han desarrollado durante años redes de valorización energética mucho más amplias, capaces de absorber entre el 30% y el 40% de los residuos municipales y reducir el vertido a niveles prácticamente residuales.

La distancia entre España y esos modelos europeos también se refleja en el número de instalaciones operativas. Actualmente, el país cuenta con 11 plantas de valorización energética, frente al centenar de instalaciones existentes en Alemania.

Aunque en 2025 se trataron en España más de 2,3 millones de toneladas de residuos no reciclables mediante valorización energética —evitando su depósito en vertedero y transformándolos en electricidad y calor—, esta cifra representa apenas el 11% del total de residuos municipales generados.

La asociación insiste en que la valorización energética debe entenderse como una herramienta complementaria al reciclaje y no como una alternativa que compita con él. E insiste en que incluso en escenarios con tasas máximas de reciclaje seguirá existiendo una fracción de residuos no reciclables que requerirá soluciones distintas al vertedero.

En aquellas regiones donde la eliminación continúa siendo la opción predominante para la denominada "fracción resto", la falta de instalaciones suficientes, advierten, dificulta el cumplimiento de los objetivos europeos y aumenta el riesgo de desequilibrios en el sistema.

En paralelo al debate sobre infraestructuras, el sector observa con preocupación el posible impacto de la inclusión de la valorización energética en el EU-ETS.

Según datos recogidos en un informe de Global Factor citado por AEVERSU, el coste derivado de la entrada del sector en el sistema europeo de emisiones podría alcanzar los 140 millones de euros anuales.

La asociación considera que esta carga financiera llegaría precisamente en un momento en el que las empresas necesitan capacidad inversora para desarrollar nuevas plantas y modernizar las ya existentes.

Desde la organización alertan de una posible contradicción regulatoria dentro de la propia estrategia europea.

Mientras Bruselas exige acelerar la reducción del vertido y reforzar las capacidades de tratamiento, la incorporación de la valorización energética al mercado de emisiones podría encarecer una de las tecnologías que, según el sector, resultan necesarias para cumplir esos objetivos.

AEVERSU teme que este incremento de costes termine generando un incentivo económico inverso, devolviendo competitividad al vertedero frente a otras opciones de tratamiento.

En ese contexto, varias asociaciones europeas del ámbito de la valorización energética han remitido recientemente un manifiesto conjunto solicitando que esta actividad quede excluida del EU-ETS.

Entre las entidades firmantes figuran organizaciones de España, Francia, Italia, República Checa, Hungría o Polonia, que defienden la necesidad de garantizar estabilidad regulatoria para no frenar el despliegue de infraestructuras estratégicas.

El presidente de la asociación, Joaquín Pérez Viota, defendió la necesidad de que España incorpore de manera decidida la valorización energética si quiere acercarse a los estándares europeos más avanzados.

A su juicio, resulta imprescindible reforzar las capacidades de tratamiento mediante nuevas instalaciones y adoptar medidas que favorezcan la inversión, entre ellas la suspensión temporal del impuesto a la valorización energética o el endurecimiento de la fiscalidad sobre el vertido.

Por su parte, la secretaria general de la entidad, Belén Vázquez-Quevedo, advirtió de que la incertidumbre normativa dificulta el desarrollo de infraestructuras que requieren planificación a largo plazo.

En su opinión, el calendario europeo hacia 2035 obliga a tomar decisiones estratégicas desde ahora para evitar futuros desajustes en la capacidad del sistema.