El 84% de las personas afirma querer consumir de forma más sostenible.

El 84% de las personas afirma querer consumir de forma más sostenible.

Historias

Cuando la sostenibilidad cabe en el simple gesto de rellenar: así es el 'refill', el hábito para ser sostenibles sin ser perfectos

Esta costumbre va mucho más allá del empaquetado y puede hacer que consumir de forma responsable sea tan sencillo como abrir un envase y volver a llenarlo.

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Sofía Corral
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¿Qué puedo hacer yo, una persona normal, para vivir de forma más sostenible sin perder calidad de vida? Es una pregunta que se repite.

Queremos consumir mejor. Según la última encuesta internacional de Kantar, el 84% de los consumidores afirma que quiere tomar decisiones de compra más sostenibles. La intención está ahí. Sin embargo, cuando el consumidor va a comprar, la teoría se complica.

Precisamente por eso el refill —la posibilidad de rellenar un envase en lugar de comprar uno nuevo— se está convirtiendo en uno de los ejemplos más interesantes de cómo la sostenibilidad puede integrarse en nuestra vida cotidiana sin exigirnos ser perfectos.

Con motivo del Día Mundial del Refill, L’Oréal reúne a la periodista Ana de Santos Gilsanz, experta en bienestar e impacto positivo, Susana Arranz directora ejecutiva y de innovación de Stanpa (Asociación Nacional de Perfumería y Cosmética), José Luis Moreno de Castro, gerente de Innovación de Ecoembes junto con retailers y medios para reflexionar sobre un reto que va mucho más allá del packaging: cómo hacer que consumir de forma responsable sea tan sencillo como abrir un envase y volver a llenarlo.

Del discurso a los cambios reales

Durante la jornada, Delia García, directora de Sostenibilidad de L’Oréal España y Portugal recuerda una realidad incómoda: España agotó el pasado 4 de junio los recursos naturales que le corresponderían para todo el año. Un dato que ayuda a entender por qué la sostenibilidad ya no puede quedarse en declaraciones de intenciones.

"La Tierra tiene fiebre”, afirmó.

Y si queremos reducir esa fiebre, las empresas tienen un papel decisivo.

En el caso de L’Oréal, la apuesta por el refill forma parte de su estrategia global L’Oréal for the Future, que busca reducir el impacto ambiental de sus productos desde el diseño. Actualmente, el grupo ha logrado disminuir un 12% la intensidad de sus envases respecto a 2019 y trabaja para alcanzar una reducción del 20% en 2030.

Detrás de algo aparentemente tan sencillo como una recarga, hay años de innovación, rediseño industrial, nuevas líneas de producción, incorporación de materiales reciclados y colaboración con proveedores.

Porque rellenar un envase no consiste únicamente en fabricar una bolsa de recarga. Significa repensar todo el sistema.

"Este formato nos apoya firmemente en nuestra descarbonización, porque desacopla el crecimiento del uso de materiales y de la dependencia de combustibles fósiles", aseguró García. Al mismo tiempo, ayuda a reducir la intensidad de su empaquetado, que ya han disminuido un 12% desde 2019 con el objetivo firme de alcanzar un 20% para 2030.

"También nos hace más eficientes en nuestro punto verde y nos permite adelantarnos a las normativas legislativas". Por lo tanto, agregó, una popularización masiva del refill es la clave para crecer bajo los límites del planeta, ofreciendo el mejor producto al menor coste ecológico y, por supuesto, también para el bolsillo del consumidor.

La sostenibilidad que no nos complica la vida

Quizá uno de los conceptos más interesantes que surgieron durante la mesa redonda fue el llamado say-do gap: la distancia entre lo que los consumidores dicen que quieren hacer y lo que finalmente hacen.

Según los datos compartidos durante el encuentro, el 84% de las personas afirma querer consumir de forma más sostenible.

Sin embargo, muchos no encuentran fácilmente las recargas en las tiendas, desconocen que existen o creen que utilizarlas será incómodo.

Y aquí aparece una idea fundamental.

La sostenibilidad no puede depender únicamente de la buena voluntad de los ciudadanos.

Necesita diseño.

Necesita accesibilidad.

Necesita que las empresas ayuden a las personas a hacerlo mejor.

De Santos lo resumió durante la conversación de una forma muy sencilla: necesitamos que las empresas nos ayuden a ayudar.

Porque cuando una solución es fácil, visible y práctica, el cambio ocurre mucho más rápido.

Además, el refill aporta algo especialmente relevante en un momento de incertidumbre económica: suele ser más asequible que adquirir un nuevo envase completo. Según explicó L’Oréal, las recargas pueden suponer un ahorro de entre un 15% y un 20% respecto al producto original.

Una demostración de que, en ocasiones, lo que es bueno para el planeta también puede ser bueno para nuestro bolsillo.

¿Puede el lujo ser circular?

Otro de los debates interesantes giró en torno a una pregunta que suele generar cierta controversia: ¿son compatibles el lujo y la sostenibilidad?

Para Susana Arranz, directora ejecutiva y de innovación de Stanpa, la respuesta es clara.

"El refill es un ejemplo perfecto de cómo la sostenibilidad, la innovación, la identidad de marca y la experiencia de consumidor pueden avanzar juntas”.

Arranz recordó que la sostenibilidad ya no es una tendencia para la industria cosmética, sino una transformación profunda que afecta a toda la cadena de valor: desde la selección de materias primas hasta el diseño de los envases, la eficiencia industrial o la circularidad de los materiales.

La clave, defendió, está en entender que reducir no significa uniformizar.

En sectores como la perfumería, el envase forma parte de la experiencia emocional del producto. Habla de creatividad, de diseño, de identidad cultural y de valor añadido. Antes incluso de percibir una fragancia, el consumidor ya está estableciendo una relación con el frasco que tiene entre las manos.

Por eso, el desafío consiste en compatibilizar sostenibilidad, innovación, seguridad y circularidad sin perder aquello que hace única a una marca.

Porque la sostenibilidad no consiste en renunciar a la belleza.

Consiste en rediseñarla.

El gesto que puede cambiar una industria

Desde Ecoembes, la conversación puso el foco en algo esencial: la economía circular no depende de un único actor.

Como explicó José Luis Moreno de Castro, gerente de Innovación de Ecoembes:

"La economía circular nos conecta a todos”.

Fabricantes, marcas, distribuidores, consumidores y gestores de residuos forman parte de una misma cadena en la que cada decisión influye en la siguiente.

Moreno recordó además que la normativa europea sitúa las prioridades en un orden muy claro: primero reducir, después reutilizar y, finalmente, reciclar.

En este contexto, el refill representa una de las herramientas más eficaces para disminuir el consumo de recursos desde el origen.

"Es una de las mejores formas de enfrentarnos a la mejora de la sostenibilidad en los envases”.

Durante su intervención también insistió en la necesidad de facilitar el cambio al consumidor, eliminando barreras y haciendo que las opciones más sostenibles sean también las más sencillas de utilizar.

Porque la verdadera transformación ocurre cuando la sostenibilidad deja de percibirse como un esfuerzo añadido y se convierte simplemente en la opción más lógica.

Del envase a la cultura del cuidado

Durante años hemos asumido que cada producto nuevo debía venir acompañado de un nuevo envase.

Quizá dentro de una década nos sorprenda haberlo considerado normal.

Del mismo modo que hoy nos cuesta imaginar una compra sin reutilizar bolsas o sin separar residuos, puede que en el futuro nos resulte extraño desechar un envase que todavía puede seguir cumpliendo su función.

Y ahí reside, probablemente, la verdadera revolución del refill.

No en el envase.

No en el plástico.

No en el vidrio.

Sino en el cambio cultural que propone.

Pasar de una lógica de usar y tirar a una cultura del cuidado.

De valorar lo que tenemos.

De alargar su vida útil.

De entender que los recursos no son infinitos.

La huella que merece la pena dejar

"A menudo asociamos la sostenibilidad a grandes decisiones políticas, complejas regulaciones o innovaciones tecnológicas que parecen lejanas” recuerda la periodista y consultora de Impacto positivo Ana de Santos.

Pero la realidad es que muchas veces empieza en pequeños gestos.

En una botella que vuelve a llenarse.

En un envase que no termina en la basura.

En una compra que consume menos recursos que la anterior.

Como resume Ana durante el encuentro, la innovación y la sostenibilidad ya no pueden caminar por separado. La circularidad solo funciona cuando todos los eslabones de la cadena avanzan en la misma dirección.

Porque dejar huella es inevitable.

La cuestión es qué tipo de huella queremos dejar.

Y quizá una de las más sencillas —y también de las más inteligentes— sea empezar por rellenar aquello que todavía tiene vida.