Esta Semana Santa, mujeres que han atravesado cáncer de mama —muchas siguen en tratamiento— están haciendo el camino de Santiago guiadas por la Dra. Ana Pastor, cardióloga en HM Hospitales y su equipo de entrenadores.

Esta Semana Santa, mujeres que han atravesado cáncer de mama —muchas siguen en tratamiento— están haciendo el camino de Santiago guiadas por la Dra. Ana Pastor, cardióloga en HM Hospitales y su equipo de entrenadores. Cedida

Historias

La iniciativa para pacientes oncológicos que promueve el deporte: "Ayuda a contrarrestar los efectos del tratamiento"

Actívate es un programa pionero de HM Hospitales que combina ejercicio supervisado, educación en salud y apoyo entre pacientes.

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Mariana Goya
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Arranca al aire libre, lejos del hospital, con zapatillas deportivas en lugar de batas blancas. Así se construye Actívate, el programa de la Unidad de Cardio-Oncología de HM CIEC (Centro Integral de Enfermedades Cardiovasculares) que ha convertido el ejercicio físico en una herramienta terapéutica para pacientes con cáncer.

Su última imagen resume su esencia: un grupo de mujeres, muchas aún en tratamiento por cáncer de mama, recorriendo juntas el Camino de Santiago durante Semana Santa.

No es solo deporte. Es una declaración de intenciones.

"El programa Actívate nace por la necesidad de que los pacientes que están en tratamiento oncológico o que lo han acabado tengan un fácil acceso a una actividad deportiva", explica la cardióloga en HM Hospitales Ana Pastor.

Y es que la clave no radica únicamente en el movimiento, sino en cómo hacerlo: con supervisión médica, adaptado a cada paciente y en un entorno que elimine el miedo.

Porque, como explica Pastor, "durante los tratamientos sienten temor a ir al gimnasio, no saben por dónde empezar. Y sabemos que es algo que les ayuda".

El proyecto

La iniciativa, que lleva casi cuatro años en marcha, surgió precisamente en consulta.

Desde la cardio-oncología, donde se monitorizan los posibles efectos cardiovasculares de ciertos fármacos, el equipo detectó una diferencia clara entre pacientes activos y sedentarios.

"Las que se han movido respecto a las que no lo han hecho sufren menos cansancio, menos molestias musculares o menos pérdida de densidad ósea”, señala Pastor.

Entrenan 2 días a la semana, aunque pueden hacer más o menos, según lo que quiera cada uno.

Entrenan 2 días a la semana, aunque pueden hacer más o menos, según lo que quiera cada uno. Cedida

La cuestión es que el cansancio —la fatiga oncológica— es uno de los síntomas más frecuentes, al que se suman la pérdida de masa muscular, los efectos dermatológicos o la caída del cabello.

Frente a ello, el ejercicio surge como una intervención transversal. "Puede aumentar la vasodilatación, tiene respuesta antiinflamatoria y ayuda a contrarrestar los efectos del tratamiento", resume Pastor.

Pero Actívate va más allá de la fisiología. Su diseño combina entrenamiento físico con educación en salud y acompañamiento social.

El día a día

Las sesiones se realizan dos veces por semana en distintos puntos —Sanchinarro, Montepríncipe o Móstoles—, siempre al aire libre, y están dirigidas por entrenadores especializados en ejercicio oncológico.

Antes de incorporarse, cada paciente pasa una evaluación cardiológica completa, que incluye pruebas de esfuerzo para medir su capacidad funcional.

"Les hacemos una valoración inicial para ver si son aptos para entrenar fuera o si necesitan rehabilitación cardíaca dentro del hospital", detalla la cardióloga.

Y es que esa personalización es vital, pues no todos los pacientes pueden seguir el mismo ritmo. Por ese motivo, el programa se adapta a su situación clínica, tipo de cáncer o presencia de metástasis.

Los resultados se miden con precisión. En las pruebas de esfuerzo, el equipo utiliza los llamados METs (equivalentes metabólicos) para evaluar la capacidad funcional.

"Vemos que durante el tratamiento no empeoran y que, a medida que entrenan, mejora. Eso las motiva muchísimo", explica Pastor. Tanto, que las propias pacientes ya manejan el concepto: "Vienen preguntando '¿cuántos METs tengo?".

Una red

Sin embargo, el verdadero impacto del programa se percibe fuera de los datos. Se construye en las conversaciones, en los vínculos y en una red de apoyo espontánea.

"No tenemos un psicólogo fijo, pero las sesiones acaban siendo una puesta en común continua. Comparten experiencias, consejos, incluso productos para el cuidado de la piel o el cabello", relata Pastor.

La entrenadora Minerva, figura central del día a día, ha sido clave en esa dimensión humana. De su iniciativa surgió la idea de hacer el Camino de Santiago.

Las participantes del programa 'Actívate' a su llegada a Santiago.

Las participantes del programa 'Actívate' a su llegada a Santiago. Cedida

"Fue una combinación muy buena de ejercicio y momentos de introspección", recuerda Pastor. Las participantes se prepararon durante semanas, adaptando distancias y ritmos. "Había quien llegaba antes y quien tardaba tres horas más, pero cada una lo hacía a su ritmo".

La experiencia, aseguran, ha sido transformadora. No solo por el reto físico, sino por el cambio de relación entre los participantes.

"Allí ya no estás tanto de médico-paciente, estás de tú a tú. Aprendo más de ellas que lo que probablemente les aporto yo", reconoce la cardióloga.

Nuevos retos

El programa, inicialmente centrado en mujeres con cáncer de mama —por ser un grupo con menos comorbilidades—, ya se está abriendo a otros perfiles.

La previsión es extenderlo a personas con cáncer de pulmón, próstata o colon. "Cualquier paciente que quiera empezar a moverse y necesite un empujón es un buen candidato", afirma Pastor.

Sin embargo, también hay resistencias. "Hay una preconcepción de que será algo triste, pero es todo lo contrario. No es un grupo de enfermos, es un grupo de personas que se están moviendo, haciendo sentadillas, pesas… y muchas veces mejor que gente sin enfermedad", subraya.

Por el momento, el futuro de Actívate pasa por consolidarse como una unidad integral de ejercicio dentro del hospital, incorporando fisioterapeutas y ampliando actividades.

Ya están en marcha nuevas iniciativas, como talleres sobre linfedema o incluso sesiones de tiro con arco para mejorar la movilidad tras cirugías.

Mientras tanto, el programa sigue creciendo desde lo esencial: el movimiento como medicina y la comunidad como soporte. Porque, como demuestra cada paso en el propio Camino de Santiago, la recuperación no siempre empieza en una consulta. A veces empieza caminando.