Quema de gas de una fábrica.

Quema de gas de una fábrica. iStock

Historias

El metano impulsa el 30% del calentamiento global y sitúa al modelo energético, alimentario y de residuos como culpables

Un informe de Ecologistas en Acción alerta de que reducirlo puede frenar el cambio climático a corto plazo, mejorar la calidad del aire y evitar muertes.

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Mariana Goya
Publicada

El metano es ya uno de los grandes aceleradores invisibles de la crisis climática.

Es el responsable de entre el 20% y el 30% del calentamiento global desde la era industrial y cuenta con una capacidad de calentamiento hasta 34 veces superior al CO₂ en 100 años. De ahí que su reducción represente una de las palancas más eficaces —y rápidas— para frenar el aumento de temperaturas.

Sin embargo, según el último informe de Ecologistas en Acción, la respuesta política sigue siendo insuficiente ante un problema que también agrava la contaminación del aire y la salud pública.

"El metano es un gas estratégico: su reducción ofrece una doble ventaja —disminuir el calentamiento global y mejorar la calidad del aire en pocas décadas—", subraya el estudio.

Aunque menos conocido que el dióxido de carbono, el metano (CH₄) se ha convertido en el segundo gas de efecto invernadero más relevante de origen humano. Su concentración atmosférica se ha duplicado en los últimos 200 años, alcanzando en 2024 valores cercanos a 1.937 partes por mil millones, confirmando una tendencia creciente.

El informe insiste en que su impacto no se limita al clima. Este gas es también un precursor clave del ozono troposférico, uno de los contaminantes más dañinos para la salud humana.

El metano impulsa el 30% del calentamiento global.

El metano impulsa el 30% del calentamiento global. iStock

De hecho, en Europa, hasta el 37% del ozono de fondo está vinculado al metano, y en España se estima que entre 2.500 y 10.000 muertes anuales están relacionadas con la exposición a este contaminante.

Además, está vinculado a efectos económicos. Pues, solo en 2022, las pérdidas agrícolas en Europa por el ozono —alimentado en parte por el metano— alcanzaron 1.300 millones de euros en trigo y 680 millones en patatas.

Tres sectores bajo la lupa

El informe identifica con claridad a los principales responsables de las emisiones: el sistema agroalimentario, el sector energético y la gestión de residuos. En conjunto, estos tres ámbitos generan cerca del 60% del metano de origen humano a nivel global.

En España, el peso del sector agropecuario es especialmente elevado, y es que concentra el 62,39% de las emisiones de metano, principalmente por la fermentación del ganado y la gestión de estiércoles.

Le sigue el sector residuos, con un 31,65%, debido sobre todo a los vertederos, mientras que el energético representa un 5,2%, aunque el informe advierte que esta cifra no incluye las emisiones asociadas a las importaciones de combustibles fósiles.

"El sistema actual de producción y consumo energético, alimentario y de gestión de residuos constituye el núcleo de las emisiones antropogénicas de metano", advierte el documento, que califica este modelo de "estructuralmente insostenible e injusto".

Uno de los elementos más críticos del análisis es la denuncia de la "externalización" de emisiones. Europa, pese a representar menos del 10% de las emisiones globales, desplaza gran parte de su huella climática a terceros países a través del comercio internacional.

Esto ocurre tanto en el sistema alimentario —con importaciones de soja o maíz vinculadas a deforestación— como en el energético, donde las fugas de metano se producen en países exportadores de gas y petróleo.

Y es que, como alerta el informe, "el enfoque basado únicamente en emisiones territoriales invisibiliza la huella de metano importado".

Un margen de acción inmediato

A diferencia del CO₂, el metano tiene una vida media relativamente corta —unos 12 años—, lo que convierte su reducción en una herramienta clave para obtener resultados rápidos.

Según el IPCC, recortar sus emisiones entre un 40% y un 45% antes de 2030 sería esencial para mantener el calentamiento global por debajo de 1,5 °C.

Sin embargo, el informe denuncia que las políticas actuales no están a la altura. Pues, pese a que el Compromiso Mundial del Metano, impulsado en la COP26, fija un objetivo del 30% de reducción, carece de mecanismos vinculantes, y en España no existe un plan específico con metas claras para este gas.

Por ese motivo, el mensaje central del informe es claro y asegura que no basta con mejoras técnicas o eficiencias. La reducción del metano, asegura el documento, exige un cambio profundo del modelo económico.

"Las estrategias futuras deben ir más allá de la eficiencia o las mejoras tecnológicas, y apuntar a una transformación estructural de los sectores emisores", concluye el documento.

Esto implica, entre otras medidas, reconfigurar el sistema alimentario hacia modelos menos intensivos, reducir la dependencia de los combustibles fósiles y mejorar radicalmente la gestión de residuos.

Pero, como advierte Ecologistas en Acción, el tiempo juega en contra. El aumento sostenido de sus emisiones en las últimas décadas confirma que, pese a su potencial como "palanca rápida" contra la crisis climática, el metano sigue siendo un problema infravalorado.