Una paloma en pleno vuelo.

Una paloma en pleno vuelo. iStock

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El dilema ético en torno a los biodrones: "Es difícil imaginar que se pueda hacer sin causar un gran sufrimiento animal"

La colocación de implantes neuronales en los animales para controlarlos con fines humanos despierta las críticas de los defensores de sus derechos.

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Los drones supusieron un gran avance para múltiples áreas: fotografía y vídeo, investigación, rescate de personas y, quizá el más conocido, la guerra. Estos pequeños dispositivos voladores equipados con cámaras y sin cables llegaban a donde los humanos no lo hacían.

Sin embargo, parece que tocan techo y ahora hay compañías que quieren ir más allá. Es por eso que ya existen proyectos que buscan combinar estos dispositivos con los animales. Una suerte de híbrido llamados biodrones.

La empresa rusa Neiry Group trabaja en el programa PJN-1, para realizar con palomas este cruce entre tecnología y naturaleza, como ha contado recientemente el diario ABC.

Más allá de la parte productiva, innovadora o tecnológica, son acciones cargadas de un gran dilema ético sobre el bienestar animal. Para conseguir usar a estos individuos según la voluntad humana, hay que ponerles implantes neuronales que mandan impulsos a su cerebro para modificar su conducta.

También se les coloca una cámara a modo de mochila, para que quien los dirige pueda visualizar lo que ve el animal. A ojos de Josh Milburn, filósofo moral y político de la Universidad de Loughborough y experto en ética animal: "Es muy difícil imaginar cómo se podría desarrollar sin causar un gran sufrimiento animal".

Desde PETA (siglas en inglés de Personas por el Trato Ético de los Animales), la organización de derechos de los animales más grande del mundo, uno de sus portavoces es mucho más tajante. Lo define como algo "macabro".

Habla del "secuestro de los cerebros de las palomas perforando sus cráneos para anular sus instintos naturales y obligarlas a volar de forma teledirigida". Una práctica que hace que estos animales "sienten terror real, dolor insoportable y tormento neurológico de por vida".

ENCLAVE ODS ha intentado contactar con Neiry Group para conocer sus procedimientos y su postura sobre el posible sufrimiento de las palomas que emplean, pero a la publicación de este artículo no ha obtenido respuesta.

Maltrato rebautizado

Las palomas no son los primeros seres vivos que se emplean para este fin. Ya se conocen empresas que están experimentando con insectos, como cucarachas, que un humano puede controlar gracias a la implantación de mochilas diminutas conectadas a su sistema neurológico.

PETA asegura que lleva años denunciando estas prácticas, que también incluye "la implantación de chips cerebrales en monos". No se detienen en distinciones sobre las categorías de experimentación porque el resultado, dicen, es el mismo: "Los animales sufren y mueren para la comodidad humana".

La organización animalista defiende que, más que un paso adelante, esta suerte de híbrido son "el mismo maltrato y explotación animal de siempre, solo que rebautizado". Se usa la palabra innovación para etiquetar la crueldad y que parezca algo inocuo.

"Estos biodrones no son una mejora, son explotación con mejor conexión Wi-Fi, la experimentación llevada al extremo", subraya su portavoz.

Milburn señala que estas actividades plantean "al menos dos problemas distintos". El primero es que estos medios tecnológicos para "controlar" animales implican una usurpación "particularmente flagrante" de su autonomía. Algo que va más allá de de las técnicas habituales de entrenamiento militar, que, asegura, distan mucho de ser éticamente inocuas.

Esta apropiación de su agencia representa potencialmente un tipo de daño particular, expone el filósofo. Eso sí, la magnitud del sufrimiento dependería de la naturaleza precisa de la tecnología y de los animales en cuestión, matiza, por lo que resulta difícil analizarlo en abstracto.

El segundo problema que menciona Milburn es que convertir a estos animales en herramientas bélicas los transforma, potencialmente, en objetivos militares. Esto, asegura, no ocurre solo con los que se conviertan en biodrones, sino cualquiera que pueda ser "implantado".

Al académico le preocupa que, si cualquier ave, gato u otra especie es potencialmente un "espía enemigo", esto se convierta en una justificación para matar ejemplares sin más. No considera exagerado afirmar que los experimentos con aves como biodrones podrían llevar a los ejércitos a desarrollar tecnologías y técnicas para matar animales en masa".

Tanto él como el portavoz de PETA reconocen que la legislación internacional para proteger a estos seres vivos es muy escasa. "No existe ninguna legislación específica de la UE que prohíba, regule o siquiera reconozca esta práctica", denuncia el segundo.

Los animales reciben "una protección muy limitada en el derecho internacional humanitario, y la que obtienen es muy indirecta", dice Milburn. Sin embargo, sí prohíbe al menos algunos usos militares de los animales, lo cual "guarda una estrecha relación con el debate sobre los biodrones".

El portavoz de PETA habla de "un vacío normativo donde los animales pagan el precio con terror, sufrimiento y daños cerebrales permanentes".

Milburn reconoce que la innovación tecnológica "puede y debe utilizarse para limitar el daño que la guerra causa a la humanidad". Por otra parte, le entristece ver que se intenta plantear las cuestiones del daño "como una dicotomía entre animales y humanos", especialmente porque ambas posturas pueden entrelazarse.

Tomar en serio a los animales en la ética de la guerra, defiende, "no implica ignorar el daño que la guerra causa a los seres humanos, sino demostrar que la guerra es incluso peor de lo que creíamos".