Imagen de archivo de un joven trabajando en gestión de residuos.

Imagen de archivo de un joven trabajando en gestión de residuos. iStock

Historias

El proyecto burgalés que ofrece una salida laboral a los jóvenes tutelados que cumplen 18: "Necesitan mucho apoyo"

En Burgos, la Fundación Lesmes ofrece una oportunidad laboral a chicos y chicas que carecen de red de apoyo o familiar.

La Fundación Mutua Madrileña apoya este proyecto con una de sus XIII Ayudas a Proyectos de Acción Social.

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Raquel Nogueira
Publicada

Las claves

La Fundación Lesmes en Burgos impulsa la inserción laboral de jóvenes extutelados a través de la gestión y reciclaje de residuos eléctricos y electrónicos.

El programa, financiado por la Fundación Mutua Madrileña, ofrece formación específica y la posibilidad de trabajar en la empresa de inserción de la fundación.

Los jóvenes participantes adquieren experiencia laboral y habilidades básicas como puntualidad, trabajo en equipo y gestión de conflictos, facilitando su acceso al mercado laboral ordinario.

El objetivo es evitar que estos jóvenes caigan en situaciones de precariedad y exclusión social al salir del sistema de protección sin apoyo familiar.

Ibra llegó a España con apenas 15 años con la esperanza de encontrar una vida mejor. Los siguientes tres años los pasó en un centro de menores. Al cumplir los 18, sin familia en España ni una red de apoyo, se vio abandonado a su suerte.

Algo similar le sucedió a Inma, que pasó su adolescencia tutelada por la Administración. El desasosiego que cualquier joven siente al cumplir la mayoría de edad, para ellos supuso un duro golpe: se encontraron solos, enfrentándose a la vida en un sistema en el que las oportunidades escasean.

Sin embargo, su suerte cambió cuando se toparon con la Fundación Lesmes y su programa para mejorar la empleabilidad de jóvenes en riesgo de exclusión a través de la gestión de residuos, en concreto de aparatos eléctricos y electrodomésticos.

Un programa que ha sufrido un nuevo impulso gracias a la XIII Convocatoria de Ayudas a Proyectos de Acción Social de Fundación Mutua Madrileña.

Las de Ibra e Inma son historias ficticias de personajes que no existen, pero que se asemejan mucho a las que Miguel Santos, presidente de la Fundación Lesmes, cuenta a EL ESPAÑOL. Ellos podrían ser, perfectamente, dos de los "chavales" que ahora trabajan en la empresa de inserción de la entidad recuperando residuos de aparatos eléctricos y electrónicos.

ADN burgalés

"Somos una fundación de Burgos que trabaja con personas en exclusión y, sobre todo, en su inserción laboral", resume Santos al otro lado del teléfono.

Desde hace años, la entidad impulsa empresas de inserción: sociedades sin ánimo de lucro que se crean específicamente para ofrecer empleo protegido y un itinerario de aprendizaje a personas con especiales dificultades para acceder al mercado de trabajo.

La idea es que, tras un tiempo, estos trabajadores puedan dar el salto a una empresa ordinaria con experiencia, competencias y referencias bajo el brazo.

En este caso, el proyecto se articula en torno a una de las empresas de inserción vinculadas a la Fundación Lesmes, cuya actividad se centra en el área de medio ambiente y la gestión de residuos.

La entidad gestiona los puntos limpios del Ayuntamiento de Burgos y dispone de una planta de reciclaje donde se clasifican y tratan, sobre todo, residuos de aparatos eléctricos y electrónicos (RAEE), así como muebles, sofás y otros voluminosos que de otro modo acabarían en el vertedero.

Los aparatos que pueden reutilizarse se reparan y se ponen a la venta en una tienda de segunda mano; los que no, se desmontan para valorar sus componentes, como la madera o el metal.

Extutelados en Burgos

El programa financiado en la XIII Convocatoria de Ayudas a Proyectos de Acción Social de Fundación Mutua Madrileña se dirige de forma específica a jóvenes extutelados por la Administración.

Se trata de chicos y chicas que, como Ibra e Inma, han pasado su adolescencia en centros de menores y que, al cumplir los 18, abandonan el sistema de protección sin apoyo familiar ni red de respaldo.

"Son chavales que ahora mismo no tienen muchas alternativas. No tienen contacto con la familia, necesitan mucho apoyo", subraya Santos.

La mayoría de los jóvenes con los que trabaja la Fundación Lesmes ronda los 18 o 19 años y se enfrenta de golpe a retos que muchos afrontan mucho más tarde y con respaldo: encontrar vivienda, conseguir ingresos, aprender un oficio…

"Estamos hablando de que se tienen que emancipar con una edad que ni chicos con familias estructuradas y con formación suelen manejar solos", lamenta el presidente de la fundación. Y es que, como afirman muchas oenegés, como Aldeas Infantiles, quienes crecen en centros de protección tienen un riesgo mucho mayor de pobreza y exclusión social que el resto de la población juvenil.

Un nuevo impulso

Santos no oculta las limitaciones del sistema. "La verdad es que el sistema hace aguas ahí; estos chavales son carne de cañón", dice al hablar de los jóvenes que salen de los centros sin apoyos.

La Fundación Lesmes no puede cubrir todas las necesidades de estas personas —residencia, apoyo emocional, acompañamiento educativo…—, pero sí aspira a garantizar al menos una puerta de entrada al trabajo.

Pues diversos informes del Instituto de Juventud (Injuve) alertan de que una parte importante de los jóvenes extutelados acaba encadenando precariedad, desempleo y situaciones de sinhogarismo.

En este contexto, la fundación decidió centrar su nuevo impulso en este colectivo, que sigue creciendo. El proceso es, en apariencia, sencillo: primero la entidad organiza un curso de formación específico en gestión de residuos, ligado al trabajo cotidiano en la planta y en los puntos limpios.

En la primera fase del programa se formó a unas 20 personas jóvenes extuteladas, combinando aprendizaje técnico con la adquisición de habilidades y competencias básicas para el empleo. De ese grupo inicial, entre seis y siete han sido contratados en la propia empresa de inserción, mientras que otros han encontrado trabajo en otras compañías.

El contrato en la empresa de inserción no es un punto de llegada, sino un escalón intermedio. Durante su paso por la plantilla, los jóvenes recorren un itinerario laboral que incluye acompañamiento, supervisión y evaluación continua.

Aprenden a manejar y clasificar los distintos residuos, a desmontar electrodomésticos, a identificar lo que puede reutilizarse y cómo separar los materiales que se reciclarán. Pero también interiorizan normas básicas de cualquier empleo: puntualidad, trabajo en equipo, comunicación con responsables, gestión de conflictos.