Un castor fuera del agua comiendo un árbol.

Un castor fuera del agua comiendo un árbol. iStock

Historias

Los ríos donde habita el castor europeo almacenan un 26% más de carbono y refuerzan las reservas de agua subterránea

Un nuevo estudio demuestra que las presas favorecen el secuestro de carbono durante décadas y mejoran la recarga de acuíferos en los ecosistemas fluviales.

Más información: Los castores aumentan la resiliencia climática: mejoran la calidad del agua y la gestión de las cuencas hidrográficas

Mariana Goya
Publicada

Los tramos de río donde habita el castor europeo (Castor fiber) almacenan, de media, un 26% más de carbono a lo largo del año. Además, las estructuras que construye este mamífero contribuyen a una mayor infiltración del agua y a la recarga de los acuíferos.

Estas son las principales conclusiones de un estudio publicado en la revista científica Communications Earth & Environment, del grupo Nature, que aporta nuevas evidencias sobre el papel de esta especie en la mitigación del cambio climático.

La investigación, liderada por la Universidad de Birmingham y con la participación del Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (CREAF), demuestra por primera vez que las presas construidas por el castor europeo generan condiciones que favorecen la acumulación de carbono en los ecosistemas fluviales.

De este modo, el carbono queda retenido principalmente en los sedimentos y en la madera muerta que se acumula en las zonas inundadas, donde puede permanecer almacenado hasta tres décadas.

El mecanismo que explica este fenómeno está directamente relacionado con la modificación del entorno que realiza el animal. Y es que al construir sus presas mediante ramas, arbustos, barro y sedimentos, el castor reduce la velocidad del agua y crea áreas inundadas aguas arriba.

Esta ralentización del flujo permite que restos orgánicos como hojas, madera o vegetación se depositen en el fondo, incorporándose a los sedimentos ricos en carbono.

El tramo fluvial analizado se sitúa en la cuenca del Rin, Suiza.

El tramo fluvial analizado se sitúa en la cuenca del Rin, Suiza. Christof Angst CREAF

Según los autores, este proceso convierte los tramos de río modificados por castores en sumideros de carbono más eficaces. Pues, la acumulación de materia orgánica y la expansión de humedales asociados a estas presas refuerzan la capacidad natural de estos ecosistemas para capturar y almacenar carbono atmosférico.

El 'efecto' castor

El estudio se desarrolló durante un año en un tramo de 800 metros de un río en la cuenca del Rin, en Suiza, donde hay presencia estable de castores desde 2010. Para evaluar el impacto, el equipo analizó tres puntos diferenciados: antes de la zona con presas, dentro del área alterada por el castor y aguas abajo.

Los investigadores combinaron mediciones de caudal con sensores automáticos, muestreos de agua y cámaras de gas para cuantificar las emisiones de dióxido de carbono y metano. Asimismo, estudiaron los sedimentos y la biomasa para estimar el carbono almacenado.

Además del carbono, los resultados apuntan a un efecto significativo sobre el ciclo del agua. Pues, al frenar la corriente, las presas permiten que el agua permanezca más tiempo en el sistema y se infiltre en el subsuelo.

Los tramos de río donde habita el castor europeo almacenan, de media, un 26% más de carbono a lo largo del año.

Los tramos de río donde habita el castor europeo almacenan, de media, un 26% más de carbono a lo largo del año. Annegret Larsen CREAF

De este modo, este proceso favorece la recarga de acuíferos y mejora la calidad del agua, ya que el filtrado a través de los sedimentos actúa como un sistema natural de depuración.

Y es que, pese a que esta dinámica puede implicar una reducción puntual del caudal visible en superficie, los investigadores destacan que aumenta la disponibilidad de agua subterránea a medio y largo plazo, especialmente relevante en contextos de sequía.

Un aliado

El castor europeo es una especie autóctona que estuvo cerca de desaparecer en el siglo XIX debido a la caza intensiva para aprovechar su piel, carne y grasa. Sin embargo, su recuperación en Europa ha sido posible gracias a programas de reintroducción en distintos países durante el siglo XX.

En España, su presencia se remonta a 2003, cuando un pequeño grupo de ejemplares fue liberado de forma ilegal en Navarra. Desde entonces, la especie se ha expandido por varias cuencas hidrográficas, como las del Ebro, el Tajo y el Guadalquivir, y actualmente se encuentra en las proximidades de Cataluña.

A pesar de que su expansión ha generado cierta controversia, especialmente por posibles impactos en bosques de ribera y cultivos cercanos, los investigadores subrayan que su actividad suele concentrarse en una franja muy próxima al cauce, generalmente dentro de los primeros 20 metros.

Desde 2020 se encuentra en el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial en España, lo que limita su caza y captura a casos excepcionales. Aunque los expertos insisten en que cualquier iniciativa de reintroducción debe realizarse de forma planificada y basada en evidencia científica.