Cristina Villarino

Historias

La infancia en la India paga el precio del cambio climático: "Empobrece a familias que ya estaban en situación extrema"

En algunos estados, el calentamiento global interrumpe la educación, empuja a las familias a migrar y expone a los menores a la explotación y la violencia.

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El avión aterriza a media mañana en Bhubaneswar, capital de Odisha, y el calor ya es espeso. En este estado del sureste de la India, el cambio climático no es un concepto abstracto, sino una amenaza cotidiana que marca la existencia de las comunidades y cuyas consecuencias endurecen la vida de niños y niñas. Nuestro objetivo en este viaje es comprender cómo sus múltiples tentáculos afectan a la infancia.

Odisha es uno de los estados más vulnerables de la India a los desastres climáticos. Ciclones, inundaciones repentinas y sequías prolongadas conviven con el día a día de una población que depende casi por completo de la tierra y de una agricultura cada vez más frágil frente a temperaturas extremas.

El trayecto por carretera hacia Daringbadi revela colinas verdes interrumpidas por cultivos exhaustos. Aquí viven comunidades tribales históricamente marginadas, con altos índices de pobreza infantil, acceso limitado a servicios básicos y escuelas que se convierten en refugios improvisados cuando llegan las lluvias torrenciales.

La infancia en la India paga el precio del cambio climático

En este contexto trabaja Educo, una ONG internacional con más de 30 años de experiencia en la defensa de los derechos de la población y muy especialmente el derecho a la educación.

"Trabajamos en 18 países y acompañamos a casi un millón y medio de niñas, niños y adolescentes", explica Emma Reverter, responsable de comunicación internacional y posicionamiento de la organización. En la India participan en sus programas 52.132 menores, 25.089 niños y 27.043 niñas.

El cambio climático atraviesa todos los programas de Educo en la India porque impacta de forma directa en la enseñanza. "Muchos niños pueden llegar a recorrer tres o cuatro kilómetros para ir a la escuela y, debido a inundaciones, sequías o calor extremo, muchas veces ni siquiera pueden llegar", señala Reverter. Cuando lo logran, a veces las escuelas están cerradas o los profesores no han podido llegar por carreteras impracticables.

Cada día sin clase es un paso hacia el abandono escolar. La pérdida educativa es uno de los efectos más devastadores del cambio climático. En algunas regiones del país, los niños y niñas pierden hasta un 30% de las clases por fenómenos meteorológicos extremos.

"A final de curso se exige dominar todo el currículo, aunque hayan perdido la mitad de las clases. El sistema educativo no contempla esta realidad", explica Rasenta Palatasingh, trabajador social del programa PREM Educo.

El pasado octubre, el ciclón Montha obligó a evacuar a más de 30.000 personas en Odisha. Vientos de más de 100 kilómetros por hora destruyeron los cultivos. "Todo el distrito se vio afectado", señala Palatasingh. "La gente habla de cambio climático como si fuera algo lejano, pero sus consecuencias son muy peligrosas para los menores", subraya.

El cambio climático amenaza a la infancia en la India.

El cambio climático amenaza a la infancia en la India. Cristina Villlarino

La educación interrumpida arrastra un profundo impacto social. Las familias se ven obligadas a migrar a ciudades donde no tienen redes de apoyo ni recursos para proteger a sus hijos. Muchos no regresan a la escuela. "Los niños suelen trabajar. Muchas jóvenes terminan como trabajadoras domésticas y víctimas de matrimonio infantil. Acaban explotados", afirma Guruprasad Rao, director de Educo India.

"Hace poco, en una aldea, una familia tuvo que emigrar porque había perdido la cosecha. La hija mayor, de 16 años, quedó al cuidado de sus hermanos pequeños. Cuando iba a comprar, un familiar abusó sexualmente de ella. Esa niña tendría que haber estado en la escuela y con sus padres, no sola y vulnerable. También se incrementan los embarazos adolescentes. Todo por la falta de cuidados", denuncia Palatasingh.

A través de los programas de Educo, que trabaja desde 2021 en Odisha con la ONG local PREM (Movimiento de Educación Rural Popular), los niños y niñas refuerzan su formación académica y aprenden sobre sus derechos. En este estado, 315 escuelas se benefician de sus programas. "Yo antes no sabía que existía la Convención sobre los Derechos del Niño. Ni que esto incluía que los adultos deberían protegernos", comenta Amarjit Nayak, de 15 años.

Su familia tiene una tienda de ultramarinos. "Cuando se pierden las cosechas, la gente no puede comprar en ella. Con el cambio climático perdemos todos", analiza con más sensatez que muchos adultos. Él padece la enfermedad de células falciformes, frecuente en esta zona montañosa. El calor extremo la agrava. "Hace poco estuve dos meses ingresado en el hospital", cuenta.

Menudo y de apariencia tímida, al hablar Amarjit se crece. "Por muy inteligentes que seamos y por mucho que nos esforcemos, si el cambio climático nos impide ir a clase, no podemos aprobar, ni conseguir el futuro que queremos", dice. Sueña con ser médico y está decidido a lograrlo, aunque no confía demasiado en la ayuda de los adultos. "Los árboles nos salvarán", asegura, porque "quienes tienen el poder no están haciendo nada por nosotros".

"Me gustaría que pudiéramos ir a la ONU a hablar para hacerles entender lo que supone el cambio climático", dice Shalini, de 16 años. Estremece pensar que esta adolescente llena de energía estuvo a punto de ser víctima de matrimonio infantil. Gracias a los trabajadores comunitarios de Educo, se logró evitarlo. "Proteger el medioambiente es fundamental para que tengamos un futuro", dice sin dudar. Y asiente cuando se le pregunta si es una activista climática. "Claro, ¿cómo no voy a serlo?".

Tanto Shalini como Amarjit pertenecen a la Federación de Grupos de Adolescentes. En Odisha, hay 96 grupos en el área operativa del proyecto, y en ellos están registrados 4.786 adolescentes, prácticamente el mismo número de chicos que de chicas.

Gracias a ello, aseguran, han ganado confianza, han aprendido a hablar en público y han generado vínculos. "Estamos unidos, compartimos nuestros problemas y entre todos buscamos soluciones", explica Shalini.

Entre sus logros, han conseguido que el gobierno lleve electricidad a dos aldeas, instale 24 puntos de telefonía e Internet y 12 de energía solar. En sus reuniones generan dinámicas que recuerdan a pequeños parlamentos comunitarios. "Aquí los niños tienen mucho talento y pocas oportunidades", destaca Palatasingh.

En algunas regiones del país, los niños y niñas pierden hasta un 30% de las clases por fenómenos meteorológicos extremos.

En algunas regiones del país, los niños y niñas pierden hasta un 30% de las clases por fenómenos meteorológicos extremos. Cristina Villarino

Tras un trayecto de cinco horas que incluye un bosque con elefantes salvajes y un viaje en avión hasta Mumbai, nos trasladamos a Palghar, en el estado de Maharashtra. El paisaje cambia, pero los desafíos persisten. Calor extremo, con temperaturas que superan los 45 grados, lluvias erráticas y comunidades tribales atrapadas entre la pobreza y la crisis ambiental

Para la infancia, esto supone un aumento de enfermedades. El acceso al agua potable disminuye en las sequías, las inundaciones contaminan el agua y la malnutrición se agrava cuando se pierden las cosechas.

"El cambio climático está empobreciendo más a familias que ya estaban en situación de extrema vulnerabilidad", resume Reverter. Esa pobreza limita el acceso a alimentos, atención sanitaria y espacios seguros para el desarrollo infantil. La educación es, para Educo, una herramienta de transformación. "Creemos que educar cura", afirma.

Desde hace más de 10 años, Educo trabaja en 21 aldeas de Palghar junto con la organización local Matru Schaya Social Welfare Society, y alcanza a un total 155 de escuelas. Una de sus iniciativas es transmitir a los menores la importancia del círculo de la vida.

"Hay mucho por hacer", explica Sandeep Bhau Chaudhari, director de la escuela de Bandhghar. El pasado julio plantaron un huerto escolar. "Cuidarlo va más allá de regarlo. Les permite entender los beneficios que conlleva para el planeta y para los seres vivos", explica.

Los programas de Educo incluyen a líderes comunitarios y religiosos, figuras clave para frenar prácticas como el matrimonio infantil o el abandono escolar. Trabajan con las familias para reforzar redes de protección y evitar que, ante una mala cosecha o una inundación, la salida sea sacar a los hijos de la escuela o enviarlos a trabajar.

Educo trabaja en 21 aldeas de Palghar junto con la organización local Matru Schaya Social Welfare Society.

Educo trabaja en 21 aldeas de Palghar junto con la organización local Matru Schaya Social Welfare Society. Cristina Villarino

La formación permite a los niños comprender lo que ocurre e identificar el cambio climático como una causa estructural. "Muchas comunidades no son conscientes de que los problemas que sufren están vinculados al cambio climático", señala Rao.

Los menores sí lo perciben y están conectados con la naturaleza. Ahora es la infancia la que lidera un despertar ecológico y reclama un futuro. Saben que sin educación, salud y un entorno habitable, sus oportunidades se reducen drásticamente.

El 24 de enero fue el Día Mundial de la Educación. Sin una acción climática enérgica, millones de niños y niñas en la India —y en el mundo— verán vulnerado su derecho a aprender. No detener el cambio climático significa aceptar el abandono escolar, el trabajo infantil, los matrimonios forzados y una generación atrapada sin oportunidades. Escuchar a estos niños y niñas es hoy una urgencia ética y política. Y merece la pena hacerlo.