Composición fotográfica con una pareja y la psicóloga Ana M. Ángel Esteban.
Ana M. Ángel Esteban, psicóloga: "La terapia de pareja no es solo para intentar salvar la relación a toda costa"
La experta toledana responde en una nueva entrega de su consultorio a algunos de los grandes mitos sobre este proceso terapéutico.
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La terapia de pareja sigue estando rodeada de prejuicios. Para muchas personas, acudir a la consulta del psicólogo significa quemar el último cartucho para intentar salvar a la desesperada una relación que está a punto de romperse.
Otras creen que el especialista acabará dando la razón a uno de los dos o que su única misión consiste en evitar una separación.
Sin embargo, la realidad es muy distinta. La terapia puede servir para mejorar la comunicación, resolver conflictos enquistados o, incluso, ayudar a cerrar una relación de la forma más sana posible cuando ya no tiene recorrido.
Ese es precisamente el tema de la nueva entrega del consultorio de Ana M. Ángel Esteban, psicóloga toledana, en EL ESPAÑOL de Castilla-La Mancha. La experta desmonta algunas de las falsas creencias más extendidas sobre la terapia de pareja y explica qué puede esperar realmente una pareja cuando decide pedir ayuda.
Además, recuerda que no hace falta esperar a que la convivencia sea insostenible para acudir a consulta. Cuanto antes se afronten los problemas, mayores son las posibilidades de reconducir la situación.
1. ¿Cuáles son los mitos más frecuentes que traen los pacientes a la primera sesión de terapia de pareja?
"El que más, es pensar que el psicólogo va a decirles quién tiene razón. Llegan buscando a alguien que dictamine objetivamente quién falla más. Y no es así: mi trabajo no es juzgar, es ayudar a descubrir, entender y resolver las dinámicas que se han creado entre los dos y por qué las repiten.
Otro mito es creer que si necesitan terapia es porque algo va mal de verdad. Y es que la terapia de pareja también debería utilizarse en algunos momentos de desencuentro, sobre todo en relaciones largas, para mejorar aspectos de la convivencia o fortalecer el vínculo".
2. Mucha gente piensa que ir a terapia es "el último recurso" antes de la ruptura. ¿Es así o llegan demasiado tarde?
Totalmente. Y, a veces, llegan muy tarde. Cuando una pareja viene a mi consulta después de años acumulando reproches, silencios y heridas sin cerrar, el trabajo es más lento y doloroso que si hubieran venido al principio del desgaste.
La terapia funciona mejor como mantenimiento, como reparación de algo que empieza a deteriorarse, y no como un servicio de urgencias. Pero también se entiende la resistencia, porque pedir ayuda a alguien ajeno muchas veces se vive como un absoluto fracaso.
3. ¿Es cierto que el terapeuta tiene que "ponerse de parte" de alguno de los dos o esa es precisamente una de las expectativas equivocadas?
Eso nunca debe ser así y, además, sería contraproducente para el proceso terapéutico. Si un paciente siente que me he aliado con su pareja, deja de confiar en mí y en la terapia.
Mi papel es ver a los dos dentro de un problema común, aunque luego, por separado, les diga alguna cosa a cada uno que les incomode. Hay que confrontar patrones dañinos que necesariamente tienen que ponerse sobre la mesa, pero siempre con respeto, cuidado y empatía hacia ambos.
4. ¿La terapia de pareja sirve también para separarse mejor y no solo para seguir juntos?
Por supuesto. Con esto se sorprende mucha gente. Si veo, les digo y ellos también sienten que ya no hay forma de retroceder o solucionar la situación, la ruptura pasa a ser un hecho.
Algunos me dicen: "Ana, ayúdame a superar lo que me viene". Hay parejas que reconocen que lo más sano es separarse y eso no significa que la terapia haya fracasado. Al contrario, ha servido para ver con claridad qué no funciona y cerrar la relación sin rencor, en lugar de seguir patológicamente dentro de un círculo tóxico.
Separarse sin angustia y con cierto grado de paz también se aprende, y ahí la terapia de pareja tiene mucho que aportar.
5. ¿Qué es lo primero que cambia en una pareja cuando la terapia empieza a funcionar de verdad?
El tono de las conversaciones. Dejan de estar en modo defensa y pasan al modo escucha y receptividad.
Antes de notar grandes mejoras, lo primero que cambia es cómo se hablan: sin reproches, sin sacar continuamente el pasado, sin atacar y expresando lo que sienten.
Ese cambio, que parece pequeño, es en realidad la base de todo lo demás. Cuando dos personas consiguen hablar desde la vulnerabilidad y no desde la defensa, ya se ha conseguido el paso más difícil y la verdadera intención de resolver.