¿Adolescentes con TDAH o adictos a la dopamina que producen las multipantallas?
Ana M. Ángel, psicóloga: ¿Adolescentes con TDAH o adictos a la dopamina que producen las multipantallas?
La experta toledana explica que no es posible que tantos niños inquietos porten un trastorno neurológico, por lo que "algo más está pasando".
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¿Es normal que la genética esté jugando todas sus cartas en los recientes años y convierta a gran parte de los niños inquietos en portadores de un trastorno neurológico?
"Veo muchísima confusión en mi consulta sobre este tema. Padres que traen a sus hijos y me dicen que en el colegio les han dicho que posiblemente sean TDAH", expresa la psicóloga y sexóloga Ana M. Ángel Esteban en la nueva entrega de su consultorio de EL ESPAÑOL de Castilla-La Mancha.
Para la toledana "no es posible y algo más está pasando".
1. Cada vez más padres se preguntan si su hijo tiene TDAH. ¿Por qué se ha disparado esta duda?
Porque estamos viendo un comportamiento que se parece a los síntomas del TDAH pero no lo es: chicos que no aguantan estando quietos, que saltan de una tarea a otra o que se aburren en tres minutos si no hay un estímulo inmediato.
Antes de pensar en un diagnóstico, hay que preguntarse cuántas horas de pantallas de móvil, televisión, videojuegos o consolas consume y qué tipo de contenido.
El scroll infinito (técnica de diseño web y móvil que carga contenido nuevo de forma automática a medida que avanzas por la página) y los vídeos cortos están entrenando al cerebro para esperar una recompensa inmediata y descartar todo lo que tarda en resultar interesante.
No es un trastorno neurológico, es un cerebro adaptado y entrenado a exigir cada vez menos esfuerzo para sentir placer.
2. ¿Cómo se diferencia un TDAH real de este "TDAH inducido" por las pantallas?
La clave está en la constancia. El TDAH aparece antes de los doce años y se manifiesta en todos los entornos: casa, colegio, amigos, da igual lo que se esté haciendo.
Hay niños con el móvil, Instagram, TikTok, la tele, coloreando o la consola que son TDAH. Pero el mismo patrón de comportamiento asociado a las pantallas es selectivo. Ese mismo adolescente que no aguanta veinte minutos estudiando es capaz de estar dos horas absorto del mundo con la multiatención a esos estímulos y sin ninguna dificultad de atención.
El TDAH no distingue entre lo que gusta y lo que no. En la adicción a las pantallas se produce fatiga que causa falta de foco y concentración, olvidos frecuentes, mal humor, estrés y pocas ganas de seguir trabajando o estudiando.
3. ¿Qué está pasando en el cerebro de estos jóvenes con tanto consumo digital?
Cada notificación o vídeo nuevo libera dopamina, el neurotransmisor de la recompensa y adicción. El problema no es solo la dopamina, sino la frecuencia con la que se dispara.
Un cerebro acostumbrado a gratificaciones cada pocos segundos deja de tolerar la espera o el esfuerzo sostenido, justo lo que hace falta para estudiar o leer. Y muchas de estas plataformas, por cierto denunciadas recientemente en Estados Unidos, están diseñadas para maximizar el enganche.
4. ¿En qué señales me tengo que fijar como madre o padre para saber si mi hijo necesita una valoración de verdad?
Yo me fijaría en tres cosas: si la falta de atención aparece en todos los contextos o solo con pantallas de por medio; si el cambio de comportamiento coincide con más horas de consumo digital o viene de mucho antes; y cómo reacciona cuando se le retira el móvil.
Si aparece una irritabilidad desproporcionada, habla más de dependencia que de un trastorno de base. Aun así, ante la duda, lo correcto es acudir a un profesional porque tampoco hay que minimizar un TDAH real pensando que "es solo el móvil".
5. ¿Qué se puede hacer para revertir esta saturación dopaminérgica en los adolescentes?
Reducir la exposición de forma progresiva, no de golpe, porque una retirada brusca genera el mismo malestar que cualquier abstinencia.
Ayudaría introducir actividades de recompensa no tan directa e inmediata como puede ser el deporte, la lectura o un instrumento, que enseñen al cerebro que el esfuerzo también genera placer, aunque tarde en llegar.
Además, los adultos debemos revisar nuestro propio uso del móvil, porque los niños aprenden más de lo que ven que de lo que les decimos.
No se trata de demonizar la tecnología, sino de recuperar la capacidad de pasarlo bien y "chutarse" sin necesitar un estímulo constante.