Marta Amorós es investigadora en el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO).
Marta Amorós, la albaceteña que investiga en el CNIO: "El sueño ineficiente se asocia con alteraciones inmunológicas"
La investigadora analiza cómo los desajustes del reloj biológico impactan en la calidad de la salud y ahonda en su hipotética influencia en el cáncer.
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La investigadora Marta Amorós (Caudete, Albacete) trabaja desde hace algunas semanas en el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas, el laboratorio de referencia en la lucha contra el cáncer en España.
Un contrato financiado por los Amigos del CNIO ha facilitado su incorporación a una institución en la que permanecerá durante los tres próximos años. Estas relaciones están financiadas por "gente que, a nivel individual, decide donar dinero para la investigación", comenta la científica albaceteña.
Según el CNIO, Amorós —también los otros tres jóvenes talentos recién incorporados a su plantilla— disfruta de una "trayectoria científica sobresaliente" y plantea "nuevas formas de prevenir, diagnosticar y tratar el cáncer".
Antes de llegar a este instituto, Amorós había desarrollado buena parte de su carrera investigadora en el Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC).
En los próximos años, su labor se centrará en entender cómo el sistema inmunitario protege al organismo frente al cáncer y en descubrir el potencial de los ritmos circadianos en la enfermedad oncológica.
¿Tienen las rutinas de sueño alguna influencia en la aparición y progresión de los tumores?
La respuesta corta es que sí porque hay cada vez más indicios de que puede tener repercusión en nuestra salud. Eso está muy claro, pero todavía no podemos hacer la afirmación de que dormir mal —por sí solo— causa cáncer.
Lo que tenemos que entender es que dormir no solo es descansar. Durante el sueño se producen procesos en nuestro cuerpo que son de vital importancia para que funcione correctamente, desde la reparación que tiene lugar en los tejidos, la regulación hormonal o el funcionamiento de nuestro sistema inmunitario.
Sabemos que el sueño ineficiente o una alteración crónica de los ritmos de sueño, que al final es lo que queremos estudiar, sí que se asocian con cambios metabólicos, mayor inflamación y alteraciones a nivel inmunológico. Y todos esos procesos están implicados en el desarrollo y la aparición de patologías como es el cáncer.
"Durante el sueño se producen procesos súper importantes: reparación de tejidos, regulación hormonal y funcionamiento del sistema inmunitario"
Pero todavía necesitamos entender bien si realmente el sueño alterado es un factor causal directo; es decir, si contribuye al riesgo o necesita también de otros factores. Al final, cuando nosotros dormimos mal o descansamos mal, también tendemos a comer peor y, en general, a tener una vida sedentaria. Todo esto afecta.
Entonces, ¿hasta qué punto es solo una consecuencia del sueño o es el propio sueño el regulador de multitud de procesos en nuestro cuerpo que, cuando se desajustan, dan lugar a la patología? Probablemente ambas cosas contribuyen y todavía necesitamos más investigación para entender cuál es el peso de cada factor.
De forma habitual tendemos a relacionar los desajustes circadianos con patologías cardiovasculares o neurológicas, principalmente.
Lo que tenemos que tener claro es que, en general, los ritmos circadianos regulan multitud de procesos en nuestro cuerpo, tanto a nivel neurológico como de muchos procesos implicados en el metabolismo que también están asociados con nuestra salud cardiovascular.
Pero también regulan otros muchos procesos que se pueden relacionar con la aparición tumoral. Por ejemplo, regulan procesos implicados en la reparación del ADN y de los daños celulares que se producen de forma natural a lo largo del día. También regulan procesos como la división celular, que es un proceso fundamental en el cáncer, o procesos de respuesta inflamatoria, es decir, de cómo nuestras células inmunes funcionan.
Se sabe que la generación de estas células inmunitarias y el funcionamiento de estas células está muy relacionado con estos ciclos circadianos. Y esa vigilancia inmunitaria frente a células tumorales es realmente algo que se puede ver afectado. Es uno de los campos de investigación que se están estudiando y es el campo de investigación que hacemos nosotros en el laboratorio.
"La generación de las células inmunitarias y su funcionamiento están muy relacionados con los ciclos circadianos"
Cuando nuestro reloj biológico se altera de forma crónica, todos estos procesos se descoordinan. Hay que entender a nuestro reloj como algo que va regulando que todo lo que pasa en nuestro cuerpo funcione de forma que ocurra cuando el cuerpo lo necesita.
Hay un pico de cortisol que nos avisa de que estamos activos cuando nos levantamos: en ese momento, nuestros músculos están más activos que por la noche cuando dormimos porque durante el día sí que necesitamos que funcionen. Nuestro metabolismo está más activo y hay más células inmunitarias en la sangre porque nos tienen que proteger, mientras que por la noche estas células se van a los tejidos porque la función es la de reparar el daño que se haya podido producir.
Todo este sistema está muy coordinado, pero cuando le damos señales contradictorias a nuestro cuerpo que no coinciden con el ritmo que deberíamos llevar es cuando se produce este desajuste. Y, al final, esta descoordinación puede favorecer un estado de inflamación crónica de bajo grado que se ha relacionado con distintas enfermedades.
Tener un reloj desajustado, ¿puede ser una causa de aparición de tumores al nivel de otros hábitos nocivos como el tabaquismo o una mala dieta?
No, de ninguna manera. Definitivamente, no es cierto. Tenemos evidencia científica actual que sugiere que el trabajo, sobre todo el trabajo nocturno prolongado —además de otras formas de alteración crónica de estos ritmos circadianos— sí que se asocian con un mayor riesgo de ciertos tipos de cáncer.
Esto es algo que la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC) ha clasificado: la alteración de nuestros ritmos circadianos, principalmente debido al trabajo de turnos nocturnos, es probablemente carcinógena. Y esto se basa en que hay evidencias bastante sólidas en modelos animales, pero las ciertas evidencias que hay en estudios humanos son muy limitadas.
"Tener un reloj desajustado no es un factor de riesgo tan potente como el tabaco; definitivamente no"
Por lo tanto, no estamos ante un factor de riesgo tan claramente establecido ni tan potente como el tabaco, que es uno de los más estudiados y tiene una relación causal muy sólida que se ha demostrado.
En el caso del ritmo circadiano todavía estamos construyendo esta evidencia. Entonces, el objetivo no es alarmar, sino intentar comprender que este reloj biológico es un componente más de nuestra salud y que lo debemos tener en cuenta.
¿Hay alguna evidencia de que trabajar de noche aumente el riesgo de enfermedad oncológica?
Las evidencias en humanos proceden de estudios epidemiológicos. Por ejemplo, existen investigaciones con enfermeras que han trabajado durante muchos años en turnos nocturnos o rotatorios y en las que, a largo plazo, se ha observado una mayor incidencia de ciertos tumores. Pongo el ejemplo de las enfermeras, pero hay distintos estudios. Esa es la información que, por ahora, podemos obtener.
Entonces, sí que se ha visto esta asociación con cánceres, sobre todo hormonodependientes, como son el cáncer de mama, el de próstata y también como el colorrectal.
Lo que vemos en humanos siempre tiende a llevarse a modelos animales que nos permiten a nosotros estudiar los mecanismos. En estos modelos, se ha visto que cuando alteras los ritmos de los ratones sí que se observa que algunos tumores crecen más rápidamente o progresan antes.
Claro, eso es de ratón a humano; pero para poder llegar a conclusiones necesitamos tener muchas más evidencias. Además, con el cáncer hay algo muy importante que depende mucho del contexto y del tipo de tumor. Al final hablamos "del cáncer", pero en realidad son muchas patologías distintas y, además, en cada persona puede ser algo completamente diferente.
La población de los países desarrollados, ¿está más expuesta al cáncer por su estilo de vida?
Es posible que sí, aunque es muy difícil atribuirlo únicamente a la alteración de los ritmos circadianos. Lo que sí sabemos es que el estilo de vida moderno ha cambiado profundamente la forma en que nos relacionamos con nuestro reloj biológico.
Somos una especie diurna y nuestro organismo ha evolucionado para sincronizar muchas de sus funciones con los ciclos naturales de luz y oscuridad. Sin embargo, hoy vivimos en una sociedad en la que cada vez es más frecuente el trabajo nocturno, los horarios irregulares, la exposición a luz artificial y a pantallas durante la noche, o cambios constantes en los horarios de sueño y de las comidas.
"Cada vez es más frecuente el trabajo nocturno, los horarios irregulares, la exposición a luz artificial y a pantallas durante la noche"
Todos estos factores pueden alterar nuestros ritmos circadianos y, además, suelen ir acompañados de otros hábitos que también influyen en la salud, como el sedentarismo, la obesidad o una alimentación menos saludable. Por eso es muy difícil separar el efecto de cada uno de ellos. Lo que pensamos es que la alteración de los ritmos circadianos constituye un factor más dentro de ese conjunto de cambios propios del estilo de vida moderno que podrían contribuir a aumentar el riesgo de enfermedades crónicas, entre ellas algunos tipos de cáncer.
¿De qué forma se debe cuidar el reloj biológico para reducir riesgos?
Creo que no hay reglas súper exactas. Pero la recomendación sería intentar ser conscientes de las señales que nos manda nuestro cuerpo e intentar tener horarios regulares de sueño. Hay que intentar tener un horario más o menos establecido, porque lo que se conoce como jet lag social, que es este cambio que tenemos muchas personas desde nuestro horario entre semana —que viene marcado principalmente por nuestro horario laboral— al de los fines de semana, cuando nos levantamos a mediodía o nos acostamos tarde.
"Pensamos que estos cambios del jet lag social son inocuos, pero también nos afectan"
Muchas veces, pensamos que estos cambios son inocuos, pero también nos afectan. Obviamente, un cambio de un fin de semana se reajusta más rápido que un cambio mantenido de forma crónica, que puede favorecer un estado de inflamación mantenida en el tiempo.
Hay que mantener horarios regulares tanto de sueño como de comidas, exponerse a la luz natural durante el día, reducir la exposición a luces intensas por la noche, evitar cenar mucho justo antes de acostarse o intentar hacer ejercicio también de forma regular.
El ajuste es muy complejo porque hay gente que responde de forma muy diferente o es mucho más resistente a desarrollar este tipo de alteraciones; a lo mejor, su cuerpo se ajusta mucho más rápido que el de otras personas. Y esto se ve fácilmente: hay gente a la que el jet lag le afecta mucho cuando hace un viaje transatlántico y otras personas que tienen más resistencia.
La investigación que desarrolla, ¿en qué punto se encuentra? ¿Ha encontrado algún resultado? ¿Cómo se le ocurrió ahondar en este tema?
Me incorporé al CNIO hace muy poquito; el proyecto en el que voy a trabajar está empezando. Estamos estableciendo los modelos con los que vamos a trabajar. Me he sumado a un laboratorio en el que investigan los ritmos circadianos y cómo su alteración influye en nuestro sistema inmunitario.
Este proyecto sobre el jet lag surge porque desde hace unos años, tenemos la posibilidad de acceder a muestras de personas que vienen cada año a donar sangre y otras muestras al biobanco del CNIO. Son miembros de la Asociación Española de Tripulantes de Cabina de Pasajeros (AETCP), una población que por su trabajo están muy expuestos de forma crónica a este jet lag.
Disponer de estas muestras nos permite estudiar cómo afecta esa desregulación crónica a nuestras células y, además, qué ocurre a lo largo del tiempo. ¿Y cómo afecta? En nuestro caso, queremos investigar cómo cambia la función de las células inmunitarias cuando una persona está expuesta durante años a alteraciones de los ritmos circadianos.
Me gustaría estudiar cómo afecta a la adquisición de mutaciones en las células sanguíneas, que es algo que ocurre de forma normal que se dan según nos hacemos mayores. Con la edad, algunas de las células que generan nuestras células sanguíneas van acumulando mutaciones de forma natural. Algunas de estas mutaciones hacen que las células inmunitarias adopten un perfil más inflamatorio y sabemos que se han asociado con un mayor riesgo de desarrollar distintas enfermedades, entre ellas algunos tipos de cáncer.
Amorós se ha incorporado al CNIO gracias a las donaciones de los Amigos y Amigas del CNIO.
Queremos averiguar si vivir durante años con el reloj biológico desajustado puede acelerar este proceso natural del envejecimiento y si eso podría aumentar la predisposición a desarrollar enfermedades, incluido el cáncer.
Nuestro objetivo no es demostrar que el jet lag cause cáncer, sino entender qué cambios biológicos produce la alteración crónica de los ritmos circadianos y si esos cambios podrían contribuir al desarrollo o la progresión de la enfermedad. Creemos que comprender estos mecanismos es el primer paso para poder diseñar mejores estrategias de prevención e identificar a las personas que podrían ser más vulnerables.
Si su investigación encuentra una evidencia fuerte entre el jet lag permanente y la aparición del cáncer, ¿cómo debería repercutir este (eventual) hallazgo en la organización del trabajo? ¿Y en las políticas de salud pública?
Aún no disponemos de evidencia suficiente para establecer recomendaciones de ese tipo; no hay que ser alarmistas. Pero si al final se demostrase que sí hay una relación —en cualquier caso, estaríamos hablando de varios años—, creo que sí se debería optimizar la organización de los turnos de alguna forma.
Se deberían implementar estrategias que fueran lo menos cronodisruptoras posibles. Pero es complicado.
¿De qué forma se debe cuidar el reloj biológico para reducir el riesgo de desarrollar la enfermedad?
Una forma de prevención sería identificar qué personas son las más vulnerables a esta cronodisrupción a través de biomarcadores; con indicadores que podamos medir fácilmente y que nos indique que el reloj biológico está alterado.
Cuando trabajamos en la alteración de ritmos circadianos, siempre tenemos en cuenta lo que se llama la "medicina circadiana": no solo importa el identificar una patología, también lo es cuándo se diagnostica. Hay ciertos parámetros que conviene medir a determinadas horas del día, porque es entonces cuando pueden apreciarse cambios que, si se analizan en otro momento, no resultan informativos. Es el caso de variables que oscilan a lo largo de la jornada, como la presión arterial o los niveles de muchas hormonas.
"Una forma de prevención sería identificar qué personas son más vulnerables a esta cronodisrupción a través de biomarcadores"
Con la medicina personalizada o la medicina circadiana todavía queda mucho por investigar, pero creemos que en el futuro no solo importará qué tratamiento administramos, sino también cuándo lo hacemos. Porque, a lo mejor, si un tratamiento se administra por la mañana, podría ser más eficaz, ya que actúa cuando ese proceso está realmente activo. De igual forma que, si estamos tratando un proceso que permanece inactivo durante la noche, no tiene sentido administrar el fármaco en ese momento.
¿Qué supone trabajar en el CNIO y formar parte de este centro de referencia?
La verdad es que trabajar aquí es un privilegio, pero también una responsabilidad. Es un entorno en el que conviven investigadores básicos, como es mi caso, investigadores clínicos y expertos de multitud de disciplinas, todos con un objetivo común: entender mejor el cáncer y trasladar ese conocimiento —siempre que sea posible— a mejorar la prevención, el diagnóstico y el tratamiento del cáncer.
A mí, por ejemplo, me interesa especialmente cómo afecta el cáncer a nuestro sistema inmunitario y cómo este nos protege frente al desarrollo de tumores. Otros investigadores se centran en cómo surge el tumor, cómo progresa o cómo podemos tratarlo. Al final, resulta muy enriquecedor compartir ideas y puntos de vista con personas que trabajan desde enfoques distintos y que también aportan muchísimo conocimiento.
Para mí es un privilegio poder desarrollar este proyecto en un entorno así. Estoy muy contenta e ilusionada y espero que obtengamos resultados interesantes para poder compartirlos pronto.