Portal ubicado en la Plaza de San Justo donde se está la vivienda de Rosario.

Portal ubicado en la Plaza de San Justo donde se está la vivienda de Rosario. Ángela Pulido Díaz

Toledo

Rosario, la anciana toledana que sigue los pasos de Maricarmen: "No me voy a ir de mi casa hasta que no tenga otra vivienda"

Esta mujer de 80 años, recientemente viuda y con una pensión de 540 euros, se reúne este lunes con los propietarios para ganar tiempo.

Más información: Alfredo y José, los jubilados que comparten piso porque no pueden pagar el alquiler: "Me quedaba lo justo para comer"

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"Yo no me puedo ir a ningún sitio, no puedo irme sin más a la calle". Rosario resume así su situación ante la posibilidad de tener que abandonar su hogar, situado en pleno centro de Toledo. Tiene 80 años, enviudó hace apenas siete meses y cobra una pensión de 540 euros. Su historia llega apenas unos días después de la de Mari Carmen, la mujer de 87 años que fue desahuciada de la vivienda en Madrid en la que había vivido durante décadas.

Hace cinco años Rosario llegó a esta vivienda ubicada en el barrio de San Justo, el mismo lugar donde nació y donde ha pasado buena parte de su vida. Allí están sus vecinos, sus recuerdos y una red de apoyo que ahora teme perder.

Pero el contrato de alquiler terminó el pasado mes de mayo y los propietarios, herederos del anterior dueño del piso, ya fallecido, han decidido no renovarlo.

Rosario recibió la comunicación de que debía marcharse a través de un burofax. Desde entonces, asegura a EL ESPAÑOL de Castilla-La Mancha que ha intentado buscar una alternativa, pero se ha encontrado con una realidad que, con sus ingresos, resulta prácticamente imposible. "Estoy buscando por todos los sitios pero no encuentro nada que pueda pagar", explica.

La mujer se ha prestado a hablar con este medio para contar cómo está viviendo estos días, aunque ha pedido expresamente que no aparezca su rostro ni se publiquen imágenes de su vivienda. Sí quiere que se conozca su historia y, sobre todo, la incertidumbre con la que afronta estas horas.

Porque este lunes puede ser decisivo. A las 17.00 horas, Rosario se reunirá con los intermediarios de los propietarios para intentar alcanzar un acuerdo que le permita ganar tiempo y evitar tener que abandonar de inmediato la vivienda. No sabe qué le van a plantear, pero ha decidido escucharles. "Por lo menos tengo que ir a escucharlos", afirma.

Patio comunitario de la vivienda de Rosario.

Patio comunitario de la vivienda de Rosario. Ángela Pulido Díaz

Su petición está clara: no quiere quedarse para siempre en el piso, sino disponer de unos meses para encontrar una alternativa. "Lo único que quiero es que me dé cinco o seis meses para buscar una casa y sacar todo. No me voy a ir de aquí hasta que no tenga una vivienda", explica.

Una pensión de 540 euros para empezar de cero

El problema es que esos cinco o seis meses no garantizan que pueda encontrar una vivienda que pueda pagar, explica. Rosario cobra 540 euros de pensión y, según relata, esa es prácticamente la cantidad que destina actualmente al alquiler.

"540 se los entrego, porque me llevan por el piso 540", cuenta. "No me queda ni para comer". Tanto es así que explica que en estos momentos salía de su vivienda para acudir a casa de sus cuñadas para poder comer.

Encontrar otro alquiler se está convirtiendo así en una carrera difícil de ganar, así nos lo relata a este medio un vecino de la propia Rosario. No solo necesita localizar una vivienda que encaje en sus posibilidades económicas, sino también afrontar una mudanza y trasladar todas sus pertenencias.

Según cuenta, desde la parte propietaria incluso le han planteado que sus muebles puedan ser trasladados a un guardamuebles, pagado por Rosario, mientras ella abandona el piso. La respuesta de la afectada fue inmediata: "¿Y dónde me voy? ¿A la calle?".

"Ni tiempo de llorar a mi marido"

Y todo esto sucede apenas siete meses después de la muerte de su marido. "Hoy mismo hace siete meses de su pérdida", recuerda con nostalgia. Rosario explica que la necesidad de encontrar una vivienda se ha cruzado con un duelo que todavía no ha podido asimilar. "No me da tiempo ni de llorar a mi marido", lamenta entre pequeñas lágrimas en los ojos.

A sus 80 años, tampoco quiere que la solución pase por dejar de vivir de forma independiente. El Ayuntamiento de Toledo sostiene que, dadas sus circunstancias, una residencia puede ser la alternativa más adecuada.

La concejala de Asuntos Sociales, Marisol Illescas, ha expresado esta mañana a preguntas de los periodistas en una rueda de prensa que el Consistorio está en condiciones de que Rosario pueda estar desde este martes en la Residencia Social Asistida de San José, ubicada en el barrio de Azucaica.

"Técnicamente de verdad creemos que sería la mejor solución para ella porque es una persona de una edad muy avanzada. No creemos que deba seguir viviendo sola, sino que tiene que buscar una solución", ha señalado Illescas.

Según ha explicado la concejala, también se le ha ofrecido una estancia temporal en una residencia de la Junta de Comunidades mientras busca otra alternativa. Por el momento, Rosario ha rechazado esta posibilidad.

Ella misma explica el motivo con una frase que resume lo que está reclamando: "Yo quiero una vivienda, no una residencia". Rosario y un vecino de la misma insisten en que puede desenvolverse sola, cocinar y mantener su vida cotidiana. Lo que necesita, asegura, es un lugar donde hacerlo.

Una tarde decisiva

La Unión Popular de Inquilinos (UPI) de Toledo estará este lunes junto a Rosario y reclama precisamente una moratoria que le permita permanecer unos meses más en su vivienda mientras encuentra una alternativa habitacional.

La organización asegura que ha trasladado el caso tanto al Ayuntamiento como al Gobierno regional. Desde la Dirección General de Fomento se ha puesto a disposición de Rosario la oficina de asesoramiento, mientras que la UPI asegura que también ha contactado con la Empresa Municipal de la Vivienda de Toledo, aunque actualmente no habría una vivienda libre que pueda ofrecerle.

El caso de Rosario llega, además, pocos días después de la movilización protagonizada por la UPI en Toledo por la situación de Maricarmen, una mujer de 87 años que recientemente afrontó un desahucio en Madrid.

Su caso ha servido a los colectivos de inquilinos para reclamar medidas que eviten que personas vulnerables pierdan su vivienda sin disponer de una alternativa.

'Decreto Maricarmen'

Precisamente a raíz de este caso, el Sindicato de Inquilinas ha impulsado una propuesta que ha bautizado como 'decreto Maricarmen'. No se trata de una norma actualmente en vigor, sino de una iniciativa con la que los colectivos de inquilinos reclaman al Gobierno nuevas medidas de protección.

Entre sus principales propuestas se encuentra que determinados contratos puedan renovarse de forma automática, evitar incrementos abusivos de los alquileres y establecer una moratoria efectiva de los desahucios cuando las personas afectadas se encuentren en una situación de vulnerabilidad y no tengan una alternativa habitacional.

La reivindicación conecta directamente con la situación de Rosario. La UPI considera que una persona de 80 años, con una pensión de 540 euros y sin una vivienda alternativa, no debería verse obligada a abandonar su hogar sin disponer de otra opción.

"Porque ayer fue Maricarmen, hoy es Rosario y mañana soy yo", ha resumido África Alonso, portavoz de la Unión Popular de Inquilinos de Toledo. Pero mientras se debate qué medidas deberían aplicarse en estos casos, Rosario tiene delante un problema mucho más inmediato.

Mientras espera la reunión de esta tarde, sigue en su casa. No sabe todavía si podrá quedarse cinco meses, seis o ninguno. Solo sabe que no quiere irse a la calle. Y que, si tiene que marcharse, quiere hacerlo cuando haya encontrado un lugar al que poder llamar de nuevo hogar.