Las artistas María Camisón y Sasha Kolynska posan en el taller que comparten en la calle Sixto Ramón Parro, en el Casco Histórico de Toledo.
Sasha, la ceramista que encontró refugio en Toledo al estallar la guerra de Ucrania: "Fue un contraste muy cruel"
Aterrizó en marzo de 2022 y se encuentra como en casa aunque mira con dolor a su país de origen, donde vive su abuela. "La disociación sirve para sobrevivir", comenta.
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Sasha Kolynska aterrizó en Toledo en la primavera de 2022 con una maleta y una previsión que el tiempo terminó por desmontar. "Tenía esperanza de pasar aquí un par de semanas porque pensaba que la guerra se acababa en dos días". Venía de Ucrania, huyendo del conflicto que acababa de estallar.
En la capital castellanomanchega la esperaba María Camisón, una de las artesanas más reconocidas y premiadas de la región y alma mater del proyecto Alhaja —nombre que hace referencia al apodo cariñoso y símbolo de Toledo—.
Hoy, cuatro años después, integrada en el taller de Camisón del Casco histórico y al frente de su propia marca, Sano Atelier, Sasha analiza cómo ha pasado del bloqueo emocional a gestionar un negocio que ya supera los 6.000 seguidores en Instagram y exporta a varios países.
La llegada de Sasha coincidió con la Semana Santa de Toledo. El ambiente festivo en las calles supuso "un choque emocional" frente a la violencia que dejaba atrás.
"Llegué en shock. Fue mucho contraste porque empecé a ver mucha gente feliz en las calles, mujeres maquilladas... El cielo aquí es muy azul, como en Disney, y en otro país no muy lejos sucede la guerra. Mi cuerpo sentía alegría y dolor al mismo tiempo", revela.
Sasha posa con sus cajas en forma de granada, símbolo de su marca.
Al principio, Sasha se alojó en un hotel con otros refugiados. Allí observó que la nostalgia y la espera del regreso impedían a muchos adaptarse a su nueva realidad y avanzar.
"Vi a mucha gente que sufre por tener esa esperanza de volver. Entendí que si vas pensando que esto es temporal, no te ayuda nada. Decidí quedarme. Iba a ser mi vida aquí", señala.
La ceramista prepara una de sus piezas en el torno.
Aprender desde cero
Sin dominar el español, el trabajo manual en el taller de María Camisón se convirtió en su principal herramienta de comunicación y recuperación personal.
"Me ayudó mucho empezar a trabajar con el barro, a hacer cualquier cosa. El arte es terapia. Las artesanas de Toledo me acogieron y me dieron su ejemplo de cómo desarrollar un negocio aquí", sentencia.
Aunque Sasha ya era profesional en su país, el cambio de entorno la obligó a replantearse toda su carrera desde la base. "Me sentí como un bebé que aprende el idioma. En mi país ya tenía mi negocio fuerte, pero aprenderlo de nuevo me dio mucha seguridad. En un año empecé a ayudar a María en las clases para aprender el vocabulario", enfatiza.
Detalle de una de las cajas de la colección Perséfone que puedes encontrar en Sano Atelier.
Su producción artística ha evolucionado hacia piezas con una carga simbólica más personal, buscando conceptos "más profundos" a través de su propia firma.
"Ahora me gusta darle más sentido a las piezas, hacerlas con mucho metaforismo. Hago manos, que son mi firma porque tienen mucho que contar, y granadas, dándoles un significado más profundo". Las granadas, los conejos y las manos de Fátima son sus señas de identidad.
Los recipientes con forma de cara de conejo.
Soportes para pinceles.
Exportar a Estados Unidos, Inglaterra...
Lo que empezó de cero en Toledo se ha transformado en un negocio que llega a clientes internacionales desde su web y redes sociales. "No esperaba que el marketing, las redes y el ordenador fueran la mitad de mi trabajo ahora. Tengo muchos envíos a Estados Unidos, Inglaterra y por toda Europa".
A pesar de su estabilidad en la ciudad, la situación en Ucrania marca su día a día. Su ciudad natal permanece bajo control ruso y la información que recibe de su abuela mantiene la herida abierta.
"Mi ciudad está bajo ocupación de Rusia ahora. Hablo con mi madre, que salió de allí y quiere volver y no puede. Es vivir una doble vida: una aquí y otra allí. La disociación ayuda a sobrevivir".
Tras cuatro años de proceso, Sasha ya no busca metas externas, sino una satisfacción personal vinculada a su oficio y a la comunidad que la ha adoptado. "El cuerpo humano es sabio y se acostumbra a todo. Mi ilusión ahora es hacer cosas todavía más significativas, crear comunidad con gente que crea con sentido y ser más feliz cada día".