José y Alfredo en su salón.

José y Alfredo en su salón. Asociación INCISO

Sociedad

Compartir piso a los 70: la única alternativa de José y Alfredo para sobrevivir con una pensión de 600 euros

"Con lo que nos queda por lo menos podemos comer y comprar unos calcetines, calzoncillos o algún pantaloncito de vez en cuando", relatan.

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Comparten zonas comunes, tendedero y las baldas de la nevera, pero están lejos de ser estudiantes. Alfredo (68 años) y José (74 años) son la viva imagen de que la crisis de vivienda en España no conoce de edades. Después de toda una vida de trabajo, cobran una pensión no contributiva de poco más de 600 euros que les deja fuera del mercado del alquiler. Sin embargo, gracias al proyecto 'Hogares con Vida' de la Asociación INCISO, estos dos jubilados ahora conviven en un piso céntrico en Ciudad Real que califican como "un regalo de Dios".

Sentados en el sofá donde se ponen al día desde hace un año, ambos explican a EL ESPAÑOL de Castilla-La Mancha cómo es compartir piso a los 70 mientras luchan por no caer en la precariedad y la exclusión social. Sus manos, curtidas por décadas de jornales al sol, sostienen hoy una taza de café en un salón que no es suyo, pero que sienten como el refugio donde envejecer con cierta dignidad. "Con lo que nos queda por lo menos podemos comer y comprar unos calcetines, calzoncillos o algún pantaloncito de vez en cuando", relatan.

Alfredo, natural de Morón de la Frontera (Sevilla), personifica la vulnerabilidad de quien ha trabajado toda su vida en una economía de campañas. "Mi pueblo es agrícola prácticamente. Allí la agricultura funciona, pero es 10 o 20 días de trabajo y luego paran 50 o 60. Tienes que salir a buscarte la vida", relata. Se casó, vivió en la casa de sus padres hasta que fallecieron y, tras un divorcio, se vio solo y con una mano delante y otra detrás.

José y Alfredo en el piso que comparten en Ciudad Real.

José y Alfredo en el piso que comparten en Ciudad Real. Cedida

Su llegada a Ciudad Real fue una búsqueda constante de trabajo, pero al jubilarse, el mercado de arrendamiento le dio un portazo. "Los alquileres estaban súper caros, es que ganaba 500 euros y la habitación me costaba 250. Era la mitad. Y con lo que me quedaba es que, bueno, me daba lo justo para comer y ya está", confiesa. Antes de este "hogar con vida", Alfredo pasó por una temporada en un piso de acogida de Cáritas.

Fue su asistente social quien le puso en contacto con un educador y técnico de la Asociación INCISO, Alberto Molina. La entidad sin ánimo de lucro se interesó por el caso de Alfredo y le convirtió en parte del proyecto. "Si no hubiese personas así de buenas, me hubiera visto o en la calle malviviendo o en un pueblo perdido", apunta.

Por su parte, José sobrevivía como podía en un cortijo, en mitad del campo, con esa pensión no contributiva. De igual forma que su compañero, accedió al programa "Hogares con vida" por medio de un trabajador social. Para él, tener un hogar en Ciudad Real capital ha sido como ganar un premio inesperado. "Me ha tocado la lotería, estamos muy felices, somos organizados y nos llevamos como hermanos. Esto es lo mejor que tengo a mis 74 años", afirma con rotundidad.

En el piso conviven con otros dos compañeros, Manuel y Antonio, y la organización es sencilla pero efectiva: "Cada uno compra su comida aparte. Tenemos cada uno su habitación y luego nuestra cocina, nuestra lavadora...es como si fueras estudiante", relata Alfredo.

José cocinando en su nuevo hogar gracias a la Asociación INCISO.

José cocinando en su nuevo hogar gracias a la Asociación INCISO. Cedida

Detrás de esta historia está el esfuerzo diario de profesionales como Alberto. Él explica que el proyecto es pionero en Castilla-La Mancha, que bebe de la iniciativa "Hogares Compartidos" en Valencia y que atiende a mayores de 60 años en riesgo de soledad y vulnerabilidad económica y habitacional.

"Nosotros cubrimos todo el alquiler. Ellos aportan el 20 o 30 % de sus pensiones. Tenemos un señor, por ejemplo, que pagaba 500 euros de alquiler y cobraba 800; no podía poner la calefacción, no podía hacer vida", señala el educador. José Miguel Pérez, director del área social, refuerza que el objetivo es "atajar la soledad no deseada" y subraya que el "Hogares con vida" sobrevive gracias a la Fundación La Caixa, la Junta de Comunidades y, sobre todo, a particulares que ponen a disposición sus inmuebles a precios asequibles.

Al hilo, ambos hacen un llamamiento: "Si tienes un piso, en vez de alquilarlo a estudiantes por 1.200 euros, alquílalo por 600 para un proyecto así. Te garantizas que el piso va a estar cuidado y formas parte de algo muy bonito".

Volviendo a José y Alfredo, la conversación se vuelve amarga cuando comparan su realidad con la del sobrino de uno de ellos que vive en Madrid. "Entre él y su mujer no son capaces de juntar una buena entrada para un piso de lo caros que están, el que menos le cuesta 300.000 euros", lamenta Alfredo. Para ambos, en materia de vivienda en vez de progresar hemos retrocedido: "Antes, con el sueldo de uno tenías para mantener a la familia y comprarte una casa", lamenta.

Huerto urbano donde cultivan todo tipo de verduras y hortalizas.

Huerto urbano donde cultivan todo tipo de verduras y hortalizas. Cedida

Más allá de INCISO, los vecinos de Ciudad Real se han volcado con ellos. Las tiendas y comercios del barrio les ofrecen tarifas reducidas e incluso a veces, les invitan. "La chica de los pollos asados nos hace un 40 o 50 % de descuento", cuenta José. Esa buena voluntad, ellos la devuelven aportando a la comunidad frutas y hortalizas que cultivan en el huerto urbano cedido por la Fundación Cadisla. "Llevamos una cajita de cebollas o pepinos a los que nos están ayudando", explica el educador.

La gratitud de Alfredo y José con Ciudad Real les ha llevado a convertirse en los Reyes Magos de un colegio local cuando no había voluntarios. "Fueron tres de nuestros usuarios, se disfrazaron y estuvieron allí con los niños", relata el técnico.

José y Alfredo vestido de Reyes Magos en un colegio de Ciudad Real.

José y Alfredo vestido de Reyes Magos en un colegio de Ciudad Real. Cedida

Para INCISO, la gratitud de estos hombres es el termómetro de éxito: "No saben el favor que nos están haciendo. Tener aquí un hospital cerca y una sede social cerca...Hemos ganado un 200%", resaltan. Consciente de ello, la asociación pretende abrir otros dos hogares de acogida para mayores, uno de mujeres y otro de hombres.

Alfredo y José son el espejo de muchos otros jubilados de toda España que ven cómo la vivienda se ha convertido en un "derecho inaccesible" mientras la clase política sigue mirando para otro lado.