Diego Fernández, en el Museo Sefardí de Toledo.

Diego Fernández, en el Museo Sefardí de Toledo. Javier Longobardo

Toledo CURSO EN EL MUSEO SEFARDÍ

Diego, el bibliotecario gitano que enseña caló en Toledo: "Nadie saldrá con un B1, pero entenderá nuestro idioma"

El Museo Sefardí alberga el primer curso de esta "lengua de identidad de resistencia" y origen de palabras como currar, bulo o camelar.

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Currar, biruji, bulo, pirar, catear, molar, parné, el menda, nasti o chalar. Son palabras que proceden del caló, la lengua del pueblo gitano en España, y que todos empleamos en nuestro día a día sin saberlo. Este patrimonio lingüístico es la base de un curso pionero que se estudia esta semana en el Museo Sefardí de Toledo.

Diego Fernández, bibliotecario del centro y lingüista gitano, es el encargado de impartirlo. "Muchas veces estamos hablando palabras en caló en nuestra vida cotidiana y no lo sabemos", explica el profesor.

El curso nace con la ambición de dignificar esta lengua. Fernández define el caló como el resultado de siglos de convivencia y lucha. "Es una lengua de una identidad de resistencia", afirma en una conversación con EL ESPAÑOL de Castilla-La Mancha.

El experto recuerda que no es un habla ajena, sino una parte de nuestra identidad común. "El caló es la interacción entre el romaní y el castellano; es una lengua tan española como cualquier otra", defiende el lingüista.

La historia del idioma está marcada por la persecución. Durante siglos, las leyes españolas intentaron silenciar la lengua de los gitanos, lamenta. "Hubo diferentes pragmáticas que prohibieron que la habláramos, bajo pena de que nos cortaran la lengua", relata Fernández.

Asistentes al curso de tres días impartido en la biblioteca del centro.

Asistentes al curso de tres días impartido en la biblioteca del centro. Javier Longobardo

Esta represión obligó al caló a refugiarse en la intimidad de las casas. "Ha tenido que ir subsistiendo como ha podido, pero desde pequeños lo aprendemos y hablamos", lamenta el bibliotecario.

El léxico cotidiano guarda tesoros etimológicos que conectan España con la India. Es el caso de la palabra camelar, cuya raíz se remonta a miles de kilómetros de distancia. "Camelar viene del sánscrito y comparte raíces con el Kamasutra, que no deja de ser el libro del amor", detalla el profesor.

Otros términos tienen orígenes más domésticos. "Parné viene de blanco; cuando las monedas eran de plata se decía el parné, como ahora decimos estar sin blanca", explica Fernández.

Algunos de las expresiones aprendidas como lachís tasatás (buenas tardes).

Algunos de las expresiones aprendidas como lachís tasatás (buenas tardes). Javier Longobardo

Incluso el lenguaje educativo o periodístico actual beben directamente de esta fuente. Palabras como catear o bulo son, en realidad, préstamos del idioma gitano. "Catear viene de katé, que significa árbol o palo; si suspendías, te daban un palo en casa", aclara el lingüista sobre este término tan común en las aulas. Sobre el término bulo, tan presente en la actualidad informativa, subraya que "es caló puro".

El éxito de la convocatoria en Toledo demuestra el interés creciente por este patrimonio oculto. Las 15 plazas convocadas se agotaron rápidamente, dejando una larga lista de espera de personas interesadas en estas raíces. "La acogida ha sido brutal, ha superado todas nuestras expectativas", reconoce Fernández.

El objetivo final trasciende la gramática o el vocabulario. "España no se podría entender sin el pueblo gitano; muchas ideas que asociamos a la marca España viven directamente de nuestra cultura. Nadie saldrá del curso con un B1 de caló, pero entenderá un idioma y un pueblo sin el que no se entiende nuestro país", concluye.