Iván junto a la campana del Convento de la Concepción Francisca de Toledo.
Iván (18 años) hace hablar con sus manos a las campanas de Toledo: "Mi lucha es que no se pierdan los toques de la zona"
"Nací al lado de dos iglesias con buenas campanas y desde pequeño le pedía a mi padre ir a verlas voltear", recuerda.
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Mientras muchos agachan sus cabezas y se pierden en las pantallas, Iván Sánchez mira hacia arriba, hacia los campanarios que custodian las torres de iglesias y conventos. Con tan solo 18 años, este chico de Quintanar de la Orden (Toledo) se ha propuesto recuperar una tradición milenaria: el toque manual de campanas.
Este joven, estudiante de fotografía, se cita con EL ESPAÑOL de Castilla-La Mancha en el singular Convento de la Concepción Francisca de Toledo, la ciudad de las tres culturas. No es una elección al azar: en su campanario se conserva una pieza de bronce excepcional que data del año 1265 y que, a priori, "es la campana más antigua de toda Castilla-La Mancha", según relata Iván.
Su gusto y admiración por estas joyas patrimoniales le viene desde la cuna. "Nací al lado de dos iglesias con buenas campanas y desde pequeño le pedía a mi padre ir a verlas voltear", recuerda con una sonrisa.
Campana del Convento de la Concepción Francisca de Toledo.
Para entender la lucha de Iván es preciso profundizar en el significado de las campanas en los pueblos de la provincia. No eran solo música religiosa, eran el sistema de comunicación de la comunidad, un código binario de golpes y giros que todos los vecinos sabían descifrar.
Antaño, su sonido anunciaba noticias vitales, tales como:
- El toque de "tente nube" para intentar ahuyentar las tormentas de granizo.
- El "toque a rebato" pedía ayuda urgente a toda la vecindad.
- Los toques de "ánimas" que al caer el sol recogía el espíritu del pueblo.
- El "toque de perdidos" que servía para orientar a los pastores o viajeros en la noche o en los días de niebla.
Primer plano de Iván durante la entrevista.
"Las campanas daban avisos civiles y litúrgicos", explica el joven de 18 años. "Había toques diferentes incluso según quién daba la misma. Eran el vínculo de la comunidad", añade.
Esa riqueza informativa es la que hoy ha quedado reducida a un simple martilleo programado por ordenador, diluyendo esos matices acústicos que originaba cada técnica.
Uno de los secretos que Iván tenía preparado para esta charla es una "mini campana" fundida por la prestigiosa familia Marinelli en Agnone (Italia) sostenida por un yugo toledano y una estructura fabricados por el artesano Daniel Baghena.
Iván sosteniendo su "mini campana" de Marinelli.
"Me sirve para hacer las muestras de los toques toledanos", señala mientras hace una demostración del "toque a pino". Consiste en una maniobra de alta precisión que impulsa la pieza hasta dejarla boca arriba, sin llegar a dar la vuelta completa.
"Hay que darle la fuerza justa. En la Catedral lo hacían con campanas de 3.000 kilos usando una ballesta de hierro para ayudarse", subraya. Mientras en Toledo se busca el equilibrio vertical, en Valencia lo tradicional es el volteo donde la campana gira sobre sí misma, una técnica que se ha convertido en el toque estándar en toda España por su fácil automatización.
"Mi lucha se centra en que no se pierdan los toques específicos de nuestra zona", subraya. Una preocupación que cada vez comparten más voces que ven en las campanas algo más que un recordatorio litúrgico. Consideran su conservación algo primordial al tratarse de todo un símbolo que forma parte del patrimonio cultural de muchas ciudades y municipios.
Iván junto a la campana más antigua de Castilla-La Mancha.
Sin embargo, el eco de los campanarios se ha topado con una barrera: las quejas vecinales. En muchos rincones del país, la denuncia de los ciudadanos ha obligado a silenciar los repiques de muchos campanarios.
El caso más famoso es el de Matute, una localidad riojana que lleva meses envuelta en una polémica tras una sentencia del Tribunal Superior de Justicia de La Rioja que obliga a mantener en silencio las campanas de la parroquia durante la noche.
El Ayuntamiento y una gran parte de los vecinos se han postulado en contra al considerar que forma parte del patrimonio cultural de la localidad. Al respecto, Iván confiesa lo siguiente: "Puedo entender que a todo el mundo no le guste, pero es una tradición que lleva siglos y no es el mismo sentimiento que lo haga una mano humana que una máquina".
Iván durante la entrevista.
Aquí es donde entra en juego su gran escudo. La UNESCO reconoció en 2022 el toque manual de campanas como Patrimonio Inmaterial. Esta dimensión hace que "si alguien pone una denuncia y el toque es manual se suele archivar", reseña el joven toledano.
Sin embargo, si el toque es automático, sí se puede quitar; el ejemplo más claro es Matute. Pese a todo, Iván cree que las campanas "no hacen ruido", sino que "hablan".
Gracias al apoyo de figuras como el cura José Ángel de la iglesia de San Andrés —a la que guarda un cariño especial por ser donde empezó a revivir esta tradición—, Iván ha logrado que este reto sea "difícil, pero no imposible".
Forma parte de un relevo de 60 jóvenes que, junto a la Asociación de Campaneros de Madrid y expertos como Luis Baldó, se niegan a que los martillos eléctricos dicten ese código sonoro que marcaba el ritmo de la vida de nuestros antepasados.
Al despedirnos frente a la majestuosidad del Convento de la Concepción y su histórica campana del 1265, la mirada de este universitario de 18 años muestra un compromiso férreo por seguir subiendo los peldaños de cientos de escaleras de caracol para que esas piezas de bronce y metal fundido no guarden silencio.
Para Iván, este compromiso de "devolver el alma" a los campanarios que han quedado mudos "es de por vida".