Dos obituarios la misma semana es muy tremendo. Tras la muerte de Marcos Elvis, llega la inesperada noticia del fallecimiento de Álvaro de la Paz, compañero de El Español, con sólo cuarenta años. Un bofetón, un contradiós, un sinsentido.

La vida por delante para bebérsela en artículos y madrugadas, con una niña de apenas un año. Se ha muerto después de una operación de forma repentina. La muerte está tan segura que te da toda una vida de ventaja, pero a veces esa ventaja es muy corta.

No hay palabras para explicar lo que sentimos cuando atenaza un suceso así. La vida del revés, del revés de los reveses, cuando apenas ha habido tiempo para encontrarle el contraluz. Pienso en su esposa y la niña y el resto de la familia, apagada en un silencio sordo, atronador, desmedido. La existencia bocabajo sin venir a cuento ni esperarlo. Álvaro escribiendo su última crónica sin él saberlo.

Lo conocí varias veces, aunque la relación más próxima vino aquí en El Español, con Morlanes y Esther. Reconocí su valía y talento al instante, y también su cultura ciclópea, hecha de lecturas y vigilias.

Le gustaba escribir bien y leer mejor. Era contador de historias nato y un brillante conversador. Algo cáustico, parecía un Cuartango en ciernes. Pero a veces la vida se viene encima y ahoga el río del que parte. El estuario llega antes de zarpar sin que nadie lo entienda. Hoy no queda más que pensarlo y recordarlo… Y volverlo a leer en sus artículos y cavilaciones.

También en la radio, donde colaboró varios años. La Tribuna y la Ser fueron otros dos de sus medios para un periodista completo. Coincide la muerte de Álvaro con la de Alfonso Nasarre, otro gran periodista a quien conocí como oyente en la Cope. Se nos mueren la familia y los amigos igual que crisantemos ajados en la solapa.

Es esto lo que plantea aprovechar la vida con cada uno de sus latidos como si fuera el último. Tenemos el día fijado sin saberlo. Ayer hablaba de ello con una amiga. La mejor crónica está por escribir hasta que llega la parca y te la escribe ella.

Álvaro, descansa en paz y brilla alto, en el cielo de papel donde recordaremos tu obra. Sin intuirlo, fuiste héroe romántico como el Duque de Rivas.

Encontraste la fuerza del sino demasiado pronto. Descansa en paz.