Trabajadores de la construcción durante su jornada laboral
Un mercado laboral fracturado: Guadalajara se acerca al pleno empleo, pero la llegada masiva de mano de obra satura Toledo
La evolución del empleo en Castilla-La Mancha en la última década confirma la posición favorable de las tres provincias del este de la comunidad.
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La evolución del mercado de trabajo en Castilla-La Mancha durante los últimos diez años refleja una mejora generalizada que aleja el impacto de la gran recesión en la región. El paro baja en las cinco provincias y todas suman más ocupados. No obstante, la expansión esconde algunas desigualdades.
Más de un millón de vecinos (1.076.500) forman la población activa de la comunidad autónoma según los últimos datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística. Respecto al volumen que había hace una década, la bolsa de vecinos que trabajan o están en disposición de hacerlo se ha incrementado un 9,5 %, casi 95.000 personas más.
El despegue en esta categoría tiene a Toledo como gran puntal. La provincia donde se ubica la capital regional ha sumado 54.500 individuos a su fuerza laboral. Esta demarcación ha incorporado a más de la mitad (58 %) de la cohorte que en toda Castilla-La Mancha tiene más de 16 años y dispone de un empleo o lo busca con afán.
En el lado contrario aparece la provincia de Cuenca. El territorio menos poblado de la región ha perdido población activa respecto al dato del primer trimestre de 2016: hay 800 vecinos menos disponibles para labor que entonces —aunque frente al inicio de 2021 ha ganado más de 5.000 profesionales—.
La ocupación ha crecido en las cinco provincias, pero lo ha hecho con un ritmo descompasado. En diez años, Toledo ha creado casi 90.000 empleos más. El grupo que desarrolla alguna actividad profesional remunerada ha aumentado un 37 % en este tiempo, hasta las 332.100 personas.
El indicador donde se acumulan los trabajadores se ha ensanchado por encima de los dos dígitos en Albacete (32,6 %), Guadalajara (25,2 %) y Ciudad Real (21,1 %). Sin embargo, la subida en Cuenca apenas alcanza el 8 %.
Todas avanzan, pero a velocidad desigual
En todo caso, la evolución del paro se antoja como la mejor métrica para calibrar la salud laboral de la región. Si se compara el momento actual con el que había 2016 se comprueba un evidente progreso, aunque desigual por territorios.
El 31 de marzo de 2026, Toledo tenía unos 58.000 parados. Suponen 35.200 menos que hace diez años (-37,8 %); sin embargo, un lustro atrás esta provincia acumulaba 300 desempleados menos. El hecho de que más vecinos se encuentren en el dique seco se relaciona con la extraordinaria eclosión residencial que sacude a esta zona; también con las dificultades del mercado de trabajo toledano para absorber tanto mano de obra.
Por su parte, Ciudad Real protagoniza una destacada recuperación. En el último decenio ha restado 36.500 parados, hasta los 32.600 actuales (-52,8 %). La tasa de paro se sitúa en el 14 %, un dato algo más halagüeño que el de Toledo pese a partir de una posición peor en 2016 (29,4 %).
De forma similar, casi de la mitad de los desempleados de entonces han encontrado acomodo en Albacete: la demarcación del sureste regional ha pasado de 45.200 demandantes a 23.500 (-48,1 %). La proporción de parados es del 11,3%: hace diez años, era del 24,7 %; hace cinco, del 19,9 %.
También Cuenca se ubica en la mitad oriental de Castilla-La Mancha, la franja mejor parada de la región según los datos relacionados con el empleo. Su tasa de paro es del 12,6 %, sensiblemente inferior a la de 2016 (19,8 %), pero similar a la 2021 (13,9%).
Los patrones que afloran
Casi seis puntos porcentuales separan las tasas de paro de Guadalajara y Toledo, sima y cima — respectivamente— de los niveles de desempleo en la región. El contraste entre ambas provincias relativiza el efecto de la cercanía a la Comunidad de Madrid, uno de los factores que define sus economías.
En los últimos cinco años, la población activa de Guadalajara se ha incrementado un 13,3 % — 22.900 personas más—, mientras que la de Toledo lo ha hecho en un 12,8 % —ha añadido 44.300 vecinos—. En tal periodo, el paro en el territorio toledano ha crecido en 300 personas y ha bajado en 5.200 en Guadalajara.
Aunque el alza poblacional es más cuantioso en Toledo, una circunstancia que complica la integración de los nuevos moradores en el mercado de trabajo, también su tasa de paro en origen era mayor que la de Guadalajara, una situación de desventaja que le otorgaba un margen más amplio para recortar el desempleo en un contexto favorable como el que se vive.
Asimismo, el desglose provincial evidencia cómo el crecimiento en el número de personas activas no se traduce necesariamente en un descenso simétrico del paro: se han observado, como ejemplifican las dos que colindan con Madrid, tendencias de absorción laboral discordantes.
Otro patrón que emerge de la comparativa entre la última revisión estadística con la realidad registrada hace cinco y diez años es el de la consolidación de la brecha entre el este y el oeste de la comunidad autónoma: el paro es más alto en las dos provincias occidentales, Toledo y Ciudad Real.
Por otra parte, Albacete ha incorporado 18.400 personas a su población activa desde 2021. En ese tiempo, ha descontado 14.000 personas. Ambas magnitudes ratifican la buena marcha del empleo en este territorio.
En el caso de Cuenca, aflora un mercado laboral de pequeño tamaño y poca capacidad para la creación de nuevos puestos de trabajo: es, junto a Toledo, la que muestra un menor descenso relativo del paro, apenas 1,3 puntos, desde la pandemia.