Castilla la mancha EL ALCANÁ

La guerra de Pedro

Publicada

A la guerra de Pedro le prendió fuego el otro día Yolanda Díaz como si fuera una falla de Valencia. Ardieron los ninots de Sumar mientras Sánchez decidía si indultaba alguno o no. Finalmente, se decantó por la amnistía, que tiene más familiaridad y como en el soneto de Cervantes, fuese y no hubo nada. O, en realidad, sí. Porque vino a demostrar el verdadero casus belli que habita en las entrañas de Pedro desde que comenzó la legislatura.

Respeta la legalidad internacional, pero pasa de la nacional, no presentando un proyecto de presupuestos al que ahora pueda sumar medidas contra la guerra. No a la guerra por primavera en El Corte Inglés, con medidas de saldo y otra ronda. Tú pagas y yo invito, que es lo que más le gusta y le pone.

Sánchez ha quitado cinco mil millones de euros de la pantagruélica recaudación, que eso es como quien deja el azúcar por la sacarina, pero luego pide un chuletón. En realidad, ha intensificado la guerra con quien realmente la mantiene desde el inicio del mandato. Contra Page y el PP, las autonomías, que son quienes gestionan el tanto por ciento más elevado de lo que se dejará de recaudar, vía combustible.

Es decir, rebaja fiscal a cargo de quienes no son de mi cuerda y ya les financiará Rita. O cómo pagar educación, sanidad y prestaciones cada vez con menos dinero. Es la pena o lástima de no haber tenido un partido independentista en la Mancha, aunque El Bonillo siga siendo una nación. A Pedro eso le da igual… Solo le cuesta hacer la escena del sofá con Yolanda mientras ella recoge el Óscar a la mejor interpretación secundaria y Rufián la echa del reparto.

La guerra de Pedro le ha podido venir un poco tarde, en tanto que el personal ya tiene calado al sujeto. Page y el PP se quedan con menos dinero para pagar la cuenta, pero Sánchez pone cara de contrito por sucumbir a la rebaja de unos eurillos.

Del alquiler ni hablamos, que ya está Barcelona y el resto de España sacudida de okupas que hacen imposible el mercado. No sé yo si sobre esto debiera pensar algo Isabel Rodríguez en sus ratos libres. Si no hay seguridad jurídica, no hay mercado. Aunque los ricos sean cochambrosos y estúpidos. Si bien tener ahora una casa en la playa, es obra de altos burgueses financieros y no resultado de la inversión y el ahorro del trabajo durante toda una vida.

La guerra de Pedro es la de Gila con Abascal, llamando al enemigo para que se ponga y bombardee Génova desde Bambú. Los daños colaterales empiezan a ser intensos en el partido purgado. La realidad supera la ficción, porque jamás pensé que la derecha dura pasara al comunismo en el índice de purgas por partido. Los revoltosos buscan ahora una reparación, aunque lo que tendrían que hacer es entenderse con el PP, si quieren echar a Sánchez o que no termine convirtiéndose en una plaga bíblica.

A Pedro la guerra le ha venido bien, pero no sus efectos. En realidad, es como Trump, que pasa del Parlamento y va desde el salón a sus asuntos. El americano se ha equivocado en los bombardeos porque no lee Historia. Sólo Alejandro Magno conquistó Persia y terminó casándose con ellos. Ni Cayo Licinio Craso, uno de los hombres más ricos de todos los tiempos, fue capaz de hacerse desde Roma con el territorio. Hay que leer más y gritar menos.

La guerra de Pedro en primavera se convierte en antorcha que llega a la escalera de Moncloa. Torrente arrasa y Almodóvar trasciende y pone metafísico. Entre los dos, hubieran rodado la película del viernes en el Consejo de Ministros. Ábalos negociando y Yolanda como María Barranco en Mujeres al borde de un ataque de nervios, raptada por un comando chiita. Pero no llega a tanto el atrezzo.

La guerra se cuela por el trastero del patio y aparecemos alineados con Irán, Cuba y Venezuela. Una suerte de contubernio de Múnich, con Merz de madrastra principal. Se nos va a quedar un país muy chulo. Menos mal que dentro de una semana, sacamos cristos y vírgenes a la calle. Digo yo que algo harán.