El chiringuito del ICAA en el Festival de Cannes fue un cromo. Como un objeto de decoración. Si algo debe hacer el emisario cultural del Ministerio en el corazón del mercado cinematográfico mundial es promocionar su propio cine, pero en el tenderete "cultural" no había siquiera información sobre el cortometraje que competía ese año en el festival, Pueblo, de Elena López Riera (magnífico, por cierto), la única presencia española en el certamen junto a la película de Fernando León."Bah, es que eso no interesa a nadie", nos dijeron. Y tan panchos. Luego nos preguntamos por qué Thierry Frémaux, el director del festival, nunca selecciona nuestro cine. Nos dicen en petit comité que es que nadie se lo da a conocer. Lamentable la labor de promoción estatal de nuestro cine. Muy lamentable.



Por si no estaban suficientemente desdibujados los límites entre ficción y no ficción, entre novela y reportaje o crónica, viene el bueno de Martín Caparrós, hambriento y ahíto de cruda verité, para defender que la no ficción sigue siendo verdad aunque no todo lo escrito haya sido presenciado. Y dice él que no cree en el registro notarial, que "el compromiso con la verdad consiste en asegurarse de que todos los datos que se han reunido para contar ese episodio sean ciertos", y que "la forma de contarlos no los hace más o menos verdaderos". O sea, que en las mismas, puede escribir lo que ahora, por estos pagos y con creciente éxito, llamamos novela. Y luego dicen que la imaginación es cara.



Un día. Eso es lo que ha tardado Sergio Villanueva en rodar, sin un guión preconcebido, Los comensales. Sólo un día han trabajado Silvia Abascal, Juan Diego-Botto, Peris-Mencheta, Denise Despeyroux y Quique Fernández. La trama es sencilla: una directora de teatro invita a comer a los cinco actores con los que quiere montar su próximo espectáculo. Emociones, miedos y sueños desangrarán a los comensales. Original y... baratita.



P.D. Muy dóciles he visto estos días pasados a los directores de los tres grandes museos de España. Demasiado. ¿Por qué se prestarán a apadrinar eventos que no les gustan? ¿Qué ganan con ello? Y no, no me refiero al posado galáctico ante la cámara de Bernadí Roig.