Borja González es uno de esos creadores capaces de construir un universo propio y reconocible. En 2017 conquistó a muchos lectores con The Black Holes, su primera novela gráfica con una editorial importante, Reservoir Books. Con un estilo visual original y sofisticado, un dominio absoluto de la línea y un gusto exquisito para la composición de las viñetas y el uso del color, el autor ha regresado este año con Grito nocturno. Publicada por la misma editorial que el anterior, es una historia en la que de nuevo solo hay personajes femeninos y está impregnada de la misma atmósfera macabra y bella a la vez, de aires góticos y con referencias constantes a la cultura pop.

The Black Holes contaba la historia, ubicada temporalmente en 2016, de Laura y otras dos amigas que quieren montar una banda de punk sin tener ni idea de música. Al mismo tiempo nos cuenta la historia de Teresa, que vive en 1856. Teresa es fantasiosa, escribe poemas sobre vampiros y fantasmas y hombres-planta del futuro, lo cual disgusta a su familia, que espera que se comporte como es debido en su inminente puesta de largo. De un modo sobrenatural, Teresa se encuentra con Laura en el bosque a pesar de vivir en épocas distintas, y por fin ambas dejan de sentirse solas e incomprendidas.

En Grito nocturno, González vuelve a contarnos una historia de chicas soñadoras, cautivadas por la cultura gótica y pop y hastiadas de la vida cotidiana en una pequeña ciudad, mientras un fantasma vestido de novia vaga por ahí llorando y haciendo desaparecer a la gente. Lo importante de la trama es la amistad, el amor no correspondido y las ganas de salir volando dejándolo todo atrás, en una trama que González narra con delicadeza, a partir de los detalles, los diálogos y los silencios.

Teresa conoce a Laura tras invocarla con un conjuro. Viñeta de 'Grito nocturno', de Borja González (Reservoir Books)

 

La protagonista del cómic, Teresa, es la dueña de una librería especializada en literatura fantástica y de terror a la que acude todos los días la pequeña Matilde. Sus monótonas vidas dan un vuelco la noche en que Teresa lee un conjuro que, lejos de lo esperado, no invoca a un demonio, sino a un genio con forma de chica vestida con una camiseta de Pokémon, llamada Laura y a la que le gusta el manga y todo lo relacionado con la cultura pop japonesa.

Habrán adevrtido que entre los dos cómics hay nombres que se repiten. No obstante, no son literalmente los mismos personajes. ¿O sí? "La Teresa de Grito nocturno y de The Black Holes es la misma, aunque la historia no tenga continuidad", explica González. "En The Black Holes era una chica que no estaba a gusto con la época que le toca vivir, una visionaria que abandona su casa y se dirige al futuro. Esa Teresa de 1856 recala en la Teresa de Grito nocturno. Y se encuentra con que el futuro no es lo que ella esperaba".

['The Black Holes': romanticismo punk]

Aunque Teresa es el alter ego del autor, su parte "más siniestra, pesimista y autodestructiva", también hay parte de él en el resto. "Mi parte chorra, jovial, de mirar al futuro y confiar en lo que viene, que estaba en Laura en The Black Holes, en Grito nocturno se reparte entre Laura y Matilde".

Portada de 'Grito nocturno', de Borja González (Reservoir Books)

Además de las similitudes entre los personajes, en Grito nocturno el autor sigue indagando en el mismo universo creativo, en el que no hay adultos, solo las protagonistas, y en el que se mezcla el relato gótico con la cultura pop actual. "Fue en mi obra La Reina Orquídea donde encontré esa conjunción de temática, atmósfera y estilo visual, fue como descubrir mi piedra Rosetta. La cultura pop es fundamental en mi trabajo, y en este nuevo libro más todavía. Se hace incluso corpórea, ya que hay un fantasma que nace de un fanzine", explica González.

Emoción sin rostros

Uno de los rasgos más definitorios del estilo de González es, curiosamente, la ausencia total de rasgos faciales. Su mayor mérito radica en que, a pesar de ello, consigue mostrar con mucha eficacia las emociones de sus personajes. “Eso se consigue trabajando mucho todo lo que no son rasgos faciales. Entre La Reina Orquídea y Grito nocturno hay una diferencia bastante grande. En el primer libro, los personajes eran maniquíes, no había muchos gestos ni movimientos, todo estaba volcado en la composición y los diálogos. Pero no me gustó y empecé a corregirlo en The Black Holes y en Grito nocturno he quedado más contento con el resultado”, explica el autor.

El manejo del ritmo narrativo es otra cuestión importante y se logra a través del tamaño concedido a determinadas viñetas y la composición de la página. “Le dedico mucho tiempo a pensar cuál va a ser el ritmo de lectura del lector. Cuánto va a tardar en leerse el cómic, en qué viñetas quiero que se detenga. En ese sentido quiero que sea como un disco de música, algo que terminas en media hora, así que recorto mucho para que la lectura sea fugaz”, señala González. 

Matilde, en pleno ataque de celos en un momento de 'Grito nocturno'

Tanto The Black Holes como Grito nocturno ofrecen a los lectores un final abierto, incluso habrá quien lo considere demasiado abierto o repentino. “Ahora es muy típico acercarse a la ficción con una expectativa clara de lo que queremos, y si no lo encontramos nos podemos llegar a cabrear. No aceptamos que una ficción nos dé otra cosa que no es lo que buscábamos, porque lo entendemos como una derrota o pensamos que la vida ya es suficientemente confusa. Pero en mi trabajo las influencias de mi niñez y de mi adolescencia son las más importantes. Yo no me enfrentaba a la ficción de esa manera en que lo hacemos hoy. Yo me leía un cómic que alguien me había prestado sin ninguna expectativa concreta. No sabías qué te ibas a encontrar, y esa manera de afrontar la ficción era más estimulante”, explica el dibujante y guionista.

“Ahora me gusta jugar con los lectores proponiéndoles una sinopsis bastante evidente. En este caso se supone que es una historia de misterio en la que desaparece gente, protagonizada por un grupo de amigas, y puedes pensar que te vas a encontrar una historia de investigación y lo que te encuentras es gente hablando y cero respuestas”.

En efecto, en los cómics de Borja González lo más importante no es la acción, sino las emociones, las relaciones, los diálogos, la búsqueda de la propia identidad y el rechazo al mundo de los adultos. "Mis personajes son más jóvenes que yo. Voy a cumplir 40 años, estoy lejos de la adolescencia. No es que ellas sean adolescentes por edad, sino que tienen un sentimiento adolescente".

"Cuando cumples cierta edad la vida te sigue sorprendiendo, pero también te haces un poco el sorprendido, tiene esa parte más oscura de no esperar tanto de ella. Cruzar eso con un sentimiento de irrealidad, de no entender muy bien la época que te ha tocado vivir, era un tema importante en The Black Holes y también lo es en Grito nocturno. En este último ya no solo se trata de no entender la realidad, sino de no fiarse de ella. Y en este preciso momento que vivimos, que alguien intente explicarme la realidad, si puede".

Del fanzine al éxito editorial

The Black Holes fue uno de los mejores cómics que muchos leímos el año en que se publicó y tuvo bastante repercusión. En aquel momento, González venía del mundo de la autoedición y los fanzines. "Mis expectativas con The Black Holes eran moderadas, pero no vi venir en absoluto lo bien que funcionó. Se reeditó en menos de un mes y se vendió en un montón de países. De todas formas, por vivir en Badajoz y estar desconectado del mundo del cómic, el éxito del libro me sorprendió pero no me zarandeó demasiado. Eso sí, gracias a ello pude dedicarme al cien por cien a hacer el siguiente cómic y no tener que hacer mil cosas para llegar a fin de mes", recuerda.

"También fue muy enriquecedor llegar a tanta gente no solo en España, sino también en Alemania, Francia, Polonia o Estados Unidos. Yo tengo muy claro cómo quiero hacer las cosas, pero presto muchísima atención al feedback de los lectores y a las críticas, soy permeable a la opinión de los demás. Luego eso se filtra lo justo en mi trabajo, pero sí me ayuda a afinar", añade. 

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González empezó autopublicándose. Fundó la editorial El Verano del Cohete y ahora tiene el proyecto Spiderland/Snake junto a su pareja, la también autora de cómic Mayte Alvarado. Ambos son autores invitados en 'Viñetas desde o Atlántico', el salón del cómic que se está celebrando estos días en La Coruña.

El dibujante dice que empezó en el mundo de la autoedición y los fanzines "por necesidad". "Viviendo en Badajoz, me sentía un poco aislado, en el sentido de que lo que hacía no salía de aquí. Cuando conocí a Mayte nos dimos un empujón para movernos fuera e intentar que más gente pudiera conocer nuestro trabajo", explica.

"Junto al escritor Rui Díaz montamos El Verano del Cohete, que empezó como un proyecto para salir del mundo del fanzine y aprender a hacer libros de manera real: el diseño, la impresión, la promoción, la distribución… El objetivo era profesionalizarnos un poco. La idea era sacar un libro cada uno. Al final publicamos ocho o nueve, pero acabamos quemados. Aprendimos lo suficiente para darnos cuenta de que la parte industrial de hacer libros nos gustaba tanto como una patada en la cara. Nunca me consideré editor. Valoro lo suficiente la labor editorial como para saber que yo no hacía nada parecido a eso. Por otra parte, hacer fanzines es algo que no se te pasa nunca. Es tan libre y placentero hacer algo con esa inmediatez… Nunca dejaré de sentirme fanzinero".