Toine Heijmans. Foto: Merlijn Doomernik

Traducción de Goedele de Sterck. Acantilado. Barcelona, 2018. 160 páginas. 14 €

Los ciudadanos acabamos perdiendo el equilibrio personal cuando la vida pública da tumbos, agitada por el populismo político, y carece de ejes éticos que permitan su funcionamiento de una manera normal. Entonces, la literatura resulta imprescindible para reconectar con quienes somos, con nuestra persona. El texto literario ofrece un refugio, donde el silencio del acto de lectura permite comunicar con otro, y pasearnos con el narrador por las galerías del ser. Cuando la fantasía se cruza con la realidad en esa frontera literaria experimentamos un alto grado de conciencia, que permite encarar el ruido social con mayor calma y determinación.



El escritor holandés Toine Heijmans (Nimega, 1969), periodista de profesión, en esta su primera novela, nos aísla por un momento del parloteo mediático en que vivimos envueltos, para contarnos una historia protagonizada por un matrimonio y su hija, que viven en corto espacio de tiempo hondas tensiones emocionales, permitiendo al lector experimentar la fuerza de la conciencia humana. Heijmans, un periodista premiado por sus libros de viajes, es conocido por su interés en desentrañar el impacto de la inmigración en Europa, y con esta novela consiguió el distinguido premio francés Médicis Étranger, dedicado a laurear obras traducidas.



El texto consta de veintisiete capítulos, la mayoría contados en primera persona por Donald, el protagonista, que al final cede la palabra a Hagar, su mujer. El argumento resulta sencillo. Donald decide emprender un viaje de tres meses en su modesto barco de vela, llamado Ismael, el nombre de quien cuenta la historia del capitán Ahab en Moby Dick, para disfrutar de una especie de año sabático, dejando atrás las tensiones de su trabajo profesional, donde cada año las presiones aumentan y los compañeros son más jóvenes. El periplo le lleva de Holanda a rodear las Islas Británicas y vuelta. La acción transcurre en los últimos días del viaje, las dos jornadas náuticas que separan Dinamarca de Holanda. Nos cuenta que lo acompaña María, su hija de siete años. Hagar accedió con cierta dificultad, según Donald, a que la niña se embarcase por el peligro que entraña la travesía, la puso en un avión, y el padre la recogió en el aeropuerto cercano al puerto donde tiene atracado el velero.



Una novela en estado puro donde la fantasía y la realidad convergen para contar cómo un ser humano intenta escapar de la realidad

Juntos viven una experiencia única, recorrer en un frágil barco de vela la distancia que separa la costa danesa de la holandesa. La niña, poco acostumbrada a la navegación, se marea, tiene que devolver, aunque acto seguido quiere darse un baño, y el padre siente un momento de confusión mental, duda si la hija podrá subirse de nuevo al barco, si la escalerilla está tendida. Luego, busca a María en el camarote, y no la encuentra, finalmente la ve, y piensa que quizás estaba en el servicio. El mar se encrespa y apenas puede mantener contacto con su mujer por el móvil, pero le asegura que todo marcha bien, que mañana llegará a puerto.



Cuando Hagar pasa a ser la narradora la encontramos preocupada, pues la llegada de su marido al puerto de Harlingen se dilata, y descubrimos que la acompaña María, que ha hecho un dibujo para el padre. Por tanto, la niña no acompañó a Donald, esos dos días de viaje sólo fueron un figmento de su imaginación, el idear la grata compañía de la hija para acompañarlo en la soledad, mientras trata de olvidar que el futuro laboral en su empresa peligraba, y que quizás lo iban a despedir. Finalmente, Hagar consulta al práctico del puerto, que le dice que tienen localizado el barco, que parece anclado junto a una boya, mientras amaina la tormenta. Sabe también que el mar siempre escribe el último capítulo de la vida de un marinero…



En el mar se trata, pues, de una novela en estado puro, donde la fantasía y la realidad convergen sutilmente para contar cómo un individuo abrumado por las angustias propias de la crisis existencial de quien se acerca a la cincuentena intenta escapar de la realidad y trata desesperadamente de rimar su destino personal con el de sus seres queridos, con su hija, con su mujer.



@GGullon