Francesc Fernández

Alfaguara. Madrid, 2011. 264 páginas, 18'50 euros



Quiere Agustín Fernández Mallo (La Coruña, 1967) dejar bien claro, casi provocadoramente claro, desde el propio título, El hacedor (de Borges), "Remake", que su nueva novela parte de un texto anterior. Esto no supone ninguna novedad absoluta, pues los antecedentes se remontan en los siglos, pero sí lo afronta con la originalidad que insinúa también el título. Fernández Mallo, listo y puntilloso, utiliza un término muy intencionado, "Remake", para definir, o al menos describir, su trabajo. Otros podría haber utilizado: descartado "refrito" por su connotación peyorativa, podría haber dicho "contrafacta", manipulación clásica de escritos anteriores, pero habría resultado ininteligible para el lector común; o "palimpsesto", más divulgado y accesible a un lector culto, pero habría orientado su escritura en una fuerte dirección culturalista.



Ha elegido, en cambio, con total propiedad un anglicismo de dominio popular, "remake", que acota su significado a un ejercicio común del cine, la televisión y, en fechas recientes, los videojuegos.



"Remake" nos lleva, por tanto, a un dominio peculiar, el de la tecnología, y de modo complementario al de la ciencia, de manera que por esa portilla entra en El hacedor (de Borges) la preocupación distintiva del conjunto de la obra, breve pero de considerable resonancia, de Fernández Mallo, aportar la ciencia pura, las matemáticas y la técnica a la tradición humanística. O sea, dar un paso adelante en la demolición ya cantada de las vetustas murallas de los géneros tradicionales, buscar la expresión artística novedosa propia del siglo XXI y erigirla en el canon de nuestro tiempo.



El hacedor, el genuino, es un breve libro de carácter radicalmente misceláneo que Borges rubricó en 1960. En sus apenas cien páginas contiene 54 textos que abarcan minirrelatos, poemas, divagaciones y citas. Fernández Mallo repite tal estructura con mínimos cambios como si fuera una plantilla. El desarrollo del "remake" resulta en verdad paradójico porque nuestro autor se somete, por una parte, a tan onerosas andaderas y, por la otra, actúa con la mayor libertad del mundo. Aunque respeta todos los títulos originales de la primitiva "desordenada silva de varia lección", los contenidos se los toma a beneficio de inventario.



El planteamiento global del Remake implica un homenaje borgeano y la voluntad de dar nueva vida a páginas de la era Gutenberg en la era de la Red. Ahí paran, sin embargo, las coincidencias, porque Fernández Mallo reescribe las piezas seminales como le viene en gusto, las reinventa sin limitaciones, incluso las traiciona. A veces lo hace con quiebro gracioso: un poema primitivo lo liquida con un "Éste me lo salto" y otro dedicado a una mujer con un "A ti no / te conozco". El poema metafísico "El otro tigre" lo convierte en "ISBN 84-206-3333-X". Y la reescritura del "Poema de los dones" no puede ser más antiborgiana: "don, don, / ding ding don / don, don, / [toma Lacasitos]". Otros muchos juegos y transgresiones más se encuentran: presenta una lista de claves técnicas de comunicaciones producidas en las Torres Gemelas en 2001, incorpora documentos gráficos de Google Maps, utiliza fórmulas científicas, reproduce en su orden las letras del abecedario...

En fin, Fernández Mallo hace alardes de ingenio bajo una impronta vanguardista y demuestra gran versatilidad. Todo ello a instancias de incorporar al relato el pálpito de una actualidad que abarca desde la ciencia hasta las costumbres.



Ante una problemática obra rupturista, el crítico puede hacerse el despistado, pero el lector de una reseña tiene derecho a pedir un juicio y una orientación. A mí, El hacedor (de Borges) y las otras novelas de Fernández Mallo me resultan más interesantes que logradas y, apreciando mucho su energía innovadora, no veo que conduzcan a ningún sitio. Remake no es una obra -tampoco lo pretende- para el disfrute de quien entienda la novela como la exposición fabulada de un conflicto humano.

PALABRA DE AUTOR l ¿Por qué ha elegido El hacedor, y no otro libro de Borges? -Porque fue el primer libro de Borges que leí y me fascinó: son piezas muy cortas y sugerentes y cada vez que las he releído me han despertado muchas historias en muchos formatos. Tenía que escribirlas ya, rodarlas y experimentar con ellas. l ¿Piensa repetir la fórmula del remake en sus próximos libros? -Creo que no, se trata de algo muy concreto, sólo para El hacedor. l ¿Queda algo del proyecto Nocilla en este libro? -Todo. En esta obra están las anteriores, pero no sólo las del Nocilla Proyect, también los libros de poemas y los ensayos. l Ayer hizo 32 entrevistas, hoy también: ¿le gustaría despertar mañana en Tailandia, donde escribió Nocilla Dream y todo empezó? -Bueno, estoy muy cansado, pero esto no es una pesadilla, piense en cómo nos quejamos los escritores cuando no nos hacen caso...