El general Paulus, después de ser capturado por los soviéticos en 1943

Edición de Walter Görlitz. Traducción de Víctor Scholz. La Esfera de los Libros. Madrid, 2017. 324 páginas. 21,90€

No hace falta ser experto en la historia reciente para saber que el mero nombre de Stalingrado evoca uno de los momentos decisivos de la Segunda Guerra Mundial y una de las batallas más devastadoras -si no la que más- de la historia de la humanidad. Todo lo que rodea a ese trágico episodio alcanza niveles desmesurados, empezando naturalmente por la cantidad de víctimas, cuyo número exacto es difícil de determinar pero que al final pudo aproximarse grosso modo a los dos millones de personas. En casos así la mente humana no puede concebir las dimensiones de la hecatombe y termina refugiándose en la frialdad estadística.



Los testimonios directos nos hablan sin embargo de una destrucción apocalíptica, un escenario dantesco, lo más parecido que uno puede imaginar al infierno en la tierra: centenares de miles de hombres asediados, innumerables muertes por hambre, frío y epidemias, lucha despiadada casa por casa, lluvia de fuego, resistencia encarnizada, crueldades inenarrables...



Al nombre de Stalingrado está unido también indisociablemente el de Friedrich Paulus (1890-1957), uno de los grandes protagonistas de la tragedia como jefe del cercado 6° Ejército alemán en la mencionada ciudad soviética. Ascendido a Mariscal de Campo por Hitler como medida de presión para que no capitulara, Paulus tuvo no obstante que rendirse a comienzos de febrero de 1943, tras casi seis meses de sufrimiento atroz, cuando solo contaba con unos efectivos diezmados y exhaustos, unos noventa mil hombres, apenas un tercio de sus fuerzas iniciales. La derrota germana dio alas a los rusos y marcó el definitivo cambio de signo de la contienda.



El libro lleva como subtítulo en portada "las memorias del hombre que rindió Stalingrado ante el Ejército Rojo". El mencionado epígrafe, sin ser completamente falso, puede inducir a confusión por dos razones: la primera y principal, porque no son unas memorias en sentido estricto sino tan solo unos apuntes -sin un claro hilo conductor- escritos con posterioridad a los hechos y, por otro lado, una parte de su correspondencia personal y oficial. El segundo motivo se deriva de lo anterior: la falta de cohesión interna del material de primera mano ha forzado al editor, Walter Görlitz, a realizar un magnífico trabajo de preparación de los textos, hasta el punto de que casi podría decirse que el resultado final, el libro que el lector tiene entre las manos, pertenece más a Görlitz que a Paulus: del primero es una larga introducción, que ocupa más de un tercio de la obra y luego, en la parte denominada "Documentos", una precisa ordenación, glosa y contextualización de los diversos escritos del general germano.



Otra precisión nada despreciable: aquí no debe buscarse una visión de conjunto del drama de Stalingrado. Puede comprenderse a tenor de lo dicho que estamos por el contrario ante una evaluación sesgada, la que proviene del alto jefe alemán. Además, sin que ello suponga desestimar la meritoria labor de Walter Görlitz, debe tenerse en cuenta que este adopta el punto de vista del general hitleriano y que, más allá incluso de la batalla que da título al libro, traza una biografía justificatoria o incluso abiertamente laudatoria del militar germano. De hecho el libro -cuya edición original es de 1960- está hecho con el apoyo de la familia y lleva significativamente el prólogo del hijo de Paulus.



Con estas especificaciones el lector podrá sin duda valorar en su justa medida el sentido de este volumen, como un testimonio -importante, pero al mismo tiempo parcial- para completar la comprensión de uno de los acontecimientos más cruciales de la Segunda Guerra Mundial.