Carme Molinero y Pere Ysas

Crítica, 2014. 352 pp. 21'90 e. Ebook: 12'34 e

Especial: Leer Cataluña

Molinero e Ysas, dos historiadores catalanes que han publicado importantes trabajos sobre el franquismo y la transición, ofrecen en La cuestión catalana una útil crónica de los debates acerca del encaje político de Cataluña en el Estado español, desde la movilización democrática y autonomista de los últimos años del franquismo (llibertat, amnistia, estatut d'autonomia) hasta la aprobación del estatuto en noviembre de 1978. Su enfoque se caracteriza por la precisión y la ponderación y permite al lector conocer en detalle las sucesivas tomas de posición respecto a la cuestión catalana de todos los actores políticos significativos, desde el ultraderechista Blas Piñar hasta Heribert Barrera, exponente de la entonces minoritaria Esquerra Republicana, prestando tanta atención a los políticos catalanes como a los del resto de España. Sin dejarse arrastrar por el ambiente actual, evitan la polémica y dejan al lector la valoración y la reflexión acerca del proceso que condujo a la autonomía de Cataluña.



Las reflexiones que pueden surgir de su lectura son múltiples, pero la primera es la referente a la voluntad de consenso que dominó la transición. Ello no significa que no hubiera debate, al contrario, todo se debatió desde posiciones muy encontradas, pero al final siempre surgieron fórmulas de consenso. Todos los diputados catalanes, excepto Barrera, votaron a favor de la Constitución de 1978 y el 68% de los ciudadanos catalanes participaron en el referéndum constitucional, el 90% de ellos con un voto afirmativo. El proyecto de estatuto recibió el voto de todos los parlamentarios catalanes, salvo uno que se abstuvo, y cuando se votó en el Congreso de los diputados sólo Piñar votó en contra, mientras que los diputados de Alianza Popular se abstuvieron.



Como concluyen Molinero e Ysas, cuando Pujol ganó las primeras elecciones autonómicas, la cuestión catalana parecía razonablemente resuelta en el marco de la democracia española y la satisfacción de los catalanes con su autogobierno se mantuvo hasta comienzos del siglo XXI. Qué se ha torcido desde entonces no es algo que los autores aborden, más allá de algunas breves consideraciones, una de las cuales me parece muy discutible: no creo que el gobierno del Partido Popular haya vuelto desde 2012 a las posiciones de Alianza Popular en 1978. Me temo, en cambio, que el nacionalismo catalán ha vuelto a 1934.