El libro da cuenta del lamentable estado en el que ha quedado Argentina tras los Kirchner

Planeta, 2014. 580 páginas, 21'90 euros

La década ganada es el pomposo nombre con el que el relato kirchnerista designa su paso por el poder a lo largo del mandato de Néstor Kirchner y los dos de Cristina Fernández. Según la versión oficial es tanto lo que se hizo por el desarrollo del país, que durante años creció a tasas chinas, y por el bienestar de su gente que asistimos a una versión win - win, ganan todos, del crecimiento económico y social.



El punto de partida de esta gestión exitosa fue la debacle de 2001 y el famoso corralito, que sumió a Argentina en una crisis profunda y severa, aumentando de forma exponencial la pobreza nacional. También quedó como herencia una deuda pública de imposible pago, agravada por el default declarado cuando se abandonó la convertibilidad del peso. Esta visión idílica no coindice con la realidad. Para comenzar está la falsificación y maquillaje sistemático de las estadísticas oficiales, comenzados a fines del primer gobierno kirchnerista. Para sostener las posiciones oficiales el gobierno se esforzó sistemáticamente en elaborar un relato que convenciera a la opinión pública de lo acertado de la posición de sus máximos líderes.



El libro de Jorge Lanata (Mar del Plata,1960) quiere desmontar pieza a pieza el entramado argumental sobre el que descansa el kirchnerismo. El prólogo a la edición española muestra de forma clara sus cartas: "Este es un libro sobre una religión denominada populismo: en los últimos doce años el periodismo, la política, las instituciones de la democracia, las estadísticas y la justicia han quedado, en la Argentina, reducidas a una cuestión de fe". El corolario de todo esto es que así como durante la última dictadura militar desaparecieron miles de personas, ahora han desaparecido los hechos.



Son los hechos y los datos la obsesión de Jorge Lanata. En torno a ellos gira su programa de televisión Periodismo para todos, una contundente denuncia de la corrupción kirchnerista. El nombre se contrapone a uno de los buques insignia de la propaganda gubernamental, Fútbol para todos, el programa de la televisión pública que emite en abierto todo el fútbol argentino a un coste multimillonario.



Los ejes de su denuncia son la corrupción y el crecimiento exponencial del patrimonio de la familia presidencial y los principales cuadros gubernamentales, incluyendo al actual vicepresidente, imputado en varios procesos; la política de prensa y el feroz intento de controlar los medios, comenzando por la batalla contra Clarín; el lamentable estado de la justicia, a la que se ha tratado por todos los medios de subordinarla a la voluntad del poder ejecutivo y el poder corrosivo del narcotráfico.



La denuncia es contundente y las pruebas presentadas, producto de una sistemática investigación, muestran los mecanismos que llevan al populismo gobernante a controlar todos los resortes del poder, aún al precio de manipular los datos y falsificar la historia. Si el kirchnerismo, siguiendo la estela del primer peronismo, se ha ganado los corazones de numerosos argentinos se debe a su forma exitosa de agitar las banderas del nacionalismo y el antiamericanismo. Su denuncia de los fondos buitres es un claro ejemplo.



La pasión fáctica de Lanata lo lleva a cometer algunos excesos. Así, por ejemplo, introduce en el texto una sumamente detallada cronología, de casi 250 páginas, sobre la política informativa y de radiodifusión kirchnerista, sintetizada en la consigna de "Clarín miente". O también en los meticulosos cuadros y cifras que quieren dar cuenta del estado de la deuda y la forma errónea en que negociaron los Kirchner con los tenedores de bonos.



Pese a estos excesos, La década robada da cuenta del lamentable estado en que ha quedado postrado el país. Pero no sólo eso. Quizá lo más grave de la denuncia de Lanata es que una vez más en la historia reciente de Argentina el ansiado paraíso quedó convertido en una quimera. Al igual que ocurrió con Menem, los gobiernos kirchneristas igualmente movidos por consideraciones partidarias y no por el interés general fueron incapaces de aprovechar una coyuntura tan favorable para romper el techo de cristal que sigue impidiendo al país transitar la senda del crecimiento.