Ensayo

Cuba hoy. Analizando su pasado, imaginando su futuro

Jorge I. Domínguez

16 noviembre, 2006 01:00

El autor estudia los "escenarios de futuro" tras la muerte de Castro. Foto: Archivo

Trad. Julio Rodríguez. Colibrí. Madrid, 2006. 439 páginas, 20 euros

Cuba fue con Berlín, a comienzos de los 60, la falla más frágil entre las dos placas tectónicas que formaron durante medio siglo la OTAN y el Pacto de Varsovia. Con el hundimiento de la URSS, el régimen quedó aislado, debilitado y olvidado, pero sobrevivió. Dieciséis años después, con Fidel Castro en grave estado desde finales de julio, vuelve a ser centro de atención preferente por miedo a lo que pueda pasar tras la muerte del dictador.

Rara es la semana que no llega a las librerías un nuevo libro sobre la situación cubana. Cuba hoy. Analizando su pasado, imaginando su futuro es, con diferencia, el mejor publicado hasta ahora y cuento más de cien sobre el tema en mi atiborrada librería. Se trata de la colección de los mejores trabajos sobre Cuba publicados a lo largo de toda su vida por Jorge I. Domínguez, catedrático Clarence Dillon y director del Centro Weatherhead de la Universidad de Harvard, al que pertenece desde 1969 y donde centenares de estudiantes han investigado sobre Cuba durante cuarenta años bajo su dirección. Pocos autores se atreven, como hace Domínguez en la introducción, a criticar sus propias obras. En su caso, la lectura de la introducción es imprescindible para comprender el resto de la obra: la dificultad (en su caso relativa) de acceso a algunas fuentes, la imposibilidad de contar con encuestas de opinión, sus raíces cubanas, el exilio y la obsesión por escapar de todo banderismo.

El resultado es, posiblemente, el análisis más riguroso, imparcial y documentado del pasado, presente y futuro de Cuba desde el triunfo de la revolución, en 1959. El propio autor reconoce la confusión analítica que algunos de sus textos pueden haber producido en los lectores. Su decisión de respetar, salvo en el antepenúltimo capítulo, el texto original (conferencias, artículos largos para revistas o capítulos de otros libros) genera saltos en la narración y complica la lectura.

A pesar de ello, sigue siendo la mejor guía para conocer la evolución del régimen cubano y los escenarios de futuro que se abren con la desaparición de Fidel Castro. El primero -escribía meses antes de que los hechos le dieran razón este verano- es "una sucesión dinástica similar a la ocurrida en Corea del Norte", de Fidel a Raúl Castro. Es el que parece consolidarse desde agosto, con la confirmación de los militares en el Buró Político del Partido y en el Comité Central, la preservación del monopolio político por el Partido Comunista y, esperemos que pronto, "una mayor apertura hacia una economía de mercado" siguiendo la estela de China desde 1979.

El segundo escenario partiría de una reforma constitucional similar a la que se negoció en España tras la muerte de Franco y de la abolición de las actuales fuerzas armadas y de seguridad interna. "Este escenario funcionaría mejor si los Estados Unidos se comportan con moderación, cancelando la demanda de la ley Helms-Burton de que se establezca un protectorado del Gobierno estadounidense sobre Cuba", escribe. Facilitarían ese futuro la inclusión de la nueva Cuba en el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica tras la transición necesaria y la revisión del acuerdo sobre la base militar de Guantánamo para que Cuba recupere su plena soberanía, que nunca ha tenido.

Reconociendo la enorme carga utópica de ese segundo escenario y el riesgo de desestabilización interna en toda transición, es más probable un tercer escenario, en el que Cuba, en vez de convertirse en Costa Rica bis, seguiría contando con un Ejército capaz de defender al nuevo régimen -esperemos que democrático- contra sus enemigos potenciales. Esa fuerza, obviamente, debería tener miles en lugar de decenas o centenares de miles de soldados como la actual.

Partiendo de las reformas políticas necesarias para establecer una democracia y del éxito de las intervenciones militares de su Ejército desde Bahía de Cochinos a Angola -"sólo dos países (Reino Unido y Francia) no africanos cuentan con ejércitos profesionales con tanta experiencia y capacidad de despliegue en áfrica"-, se imagina, como cuarto escenario, una Cuba en la vanguardia de las misiones de paz de la ONU. La transición, concluye, no empezó hace tres meses sino hace años. Ha sido y, salvo un huracán político, seguirá siendo lenta. Una reforma de la Constitución vigente de 1992 es, en su opinión, mucho mejor que cualquier otra alternativa, como la restauración de la Constitución de 1940 o la idea de negociar una nueva, a partir de cero, haciendo tabla rasa de enorme experiencia acumulada.