Detective privado, guía fotográfico de safaris en Kenia, instructor antiterrorista y asesor judicial, Don Winslow (Nueva York, 1953) no solo ha vendido más de veinte millones de ejemplares de sus libros en todo el mundo sino que se ha convertido en uno de los más enconados enemigos de Donald Trump. De hecho, hace dos años, tras publicar Ciudad en ruinas, anunció que abandonaba la literatura por la lucha política.
Afortunadamente, este autor desbordante y cordial, considerado el rey de la narconovela, lanza el próximo 28 de enero 'Resultado final' (Harper Collins), un libro de relatos sobre el precio del poder, la supervivencia y la traición.
Enamorado de nuestro país ("España me apoyó años antes de tener millones de lectores en Estados Unidos, siempre les estaré agradecido", nos dice), ahora conversa con El Cultural desde su refugio en California.
Pregunta. Hace un par de años anunció que Ciudad en ruinas sería su último libro antes de retirarse. ¿Ha cambiado de opinión después de publicar Resultado final?
Respuesta. No lo sé, de verdad que no. Las historias de Resultado final simplemente daban vueltas en mi cabeza, exigiéndome ser escritas, así que las escribí. Lo cierto es que no estoy seguro de lo que voy a hacer después. Sé que siempre voy a escribir, pero si volveré a publicar o no es una incógnita.
P. Como narrador, ¿qué le ofrecen los relatos que las novelas ya no le dan?
R. No es tanto que las novelas hayan dejado de satisfacerme sino, más bien, que los formatos del cuento y de la novela corta me permiten escribir con gran variedad de enfoques, estilos y planteamientos. Además, hay ideas y temas que son buenos, pero no lo bastante amplios como para sostener una novela completa. Aun así, merecen ser contados. Y son un desafío, en el sentido de que debo ser conciso y lograr que cada palabra importe.
"Estas historias daban vueltas en mi cabeza, exigiéndome ser escritas, así que las escribí. No estoy seguro de lo que voy a hacer después"
P. En uno de los relatos del libro escribe que si hay que elegir entre la codicia y la lealtad, siempre gana la codicia. ¿Cree que si algo caracteriza a Donald Trump es precisamente eso, la codicia?
R. Desde luego, su codicia no tiene límites. Una de las historias menos difundidas de su administración es la corrupción descarada y desvergonzada. Como dirían los mafiosos, "este tipo come con las dos manos". Es un delito y una vergüenza. Y no sé si llegaremos a conocer todo su alcance hasta que deje el cargo. Lo más inquietante es que su ejemplo ha fomentado la codicia en nuestro país, la ha hecho aceptable.
P. ¿Qué siente al ver a agentes del ICE deteniendo a migrantes y acosando a ciudadanos?
R. Siento una profunda vergüenza de que esto esté ocurriendo en Estados Unidos. Es una desgracia. No es lo que deberíamos ser. ¿Qué pienso? Pues que no deberíamos sorprendernos. Él nos dijo que iba a hacerlo —y aun así casi la mitad del electorado votó por él—, y ahora lo está haciendo. ¿De qué nos asombramos? De todas formas, la tensión antiinmigrante en la política estadounidense se remonta a siglos atrás. Trump solo ha explotado una vieja corriente.
P. De todas las decisiones del presidente Trump, ¿cuál le parece la más increíble?
R. Bueno, hay un montón de opciones. Supongo que si tuviera que elegir una sola, diría que lo más increíble es su obsesión con "apoderarse" de Groenlandia porque no le dieron el Nobel de la Paz (¿como regalo de Reyes el 6 de enero?). Es una locura. Y para colmo, ayer mismo parecía incapaz de distinguir entre Groenlandia e Islandia. Este es el tipo que nos gobierna.
P. Hace tiempo dijo que “la época que nos ha tocado vivir exige de mí una respuesta diferente a la que podría dar en una novela”. ¿Qué está haciendo ahora? ¿Qué puede hacer el resto del mundo?
R. Sigo activo en las redes sociales, expresando mi opinión. ¿Qué puede hacer el mundo? Plantarle cara a este tipo, dejar de besarle el... Descubrir sus faroles.
P. ¿Cree que los estadounidenses son conscientes de cómo ven algunos países a Estados Unidos, como una amenaza para la paz en lugares como Groenlandia, Gaza o Irán?
R. Creo, o al menos eso espero, que cada vez son más conscientes de cómo nos ve el mundo, con toda razón, y de lo escandaloso que es realmente este payaso malévolo. Su propia base lo apoyó en gran medida porque prometió no involucrarnos en combates en el extranjero y luego lanza ataques con misiles sin tener en cuenta la legalidad o las víctimas, amenaza a nuestros aliados... De todos modos, las encuestas indican que una amplia mayoría de estadounidenses desaprueba sus acciones. Ojalá lo hubieran hecho antes del pasado noviembre.
P. Antes nos contaba lo que significa España para usted. ¿Qué es lo que más te sorprende de sus lectores españoles?
R. Más que sorprenderme, me impresiona (y, de nuevo, agradezco) su lealtad y apoyo. Han sido muy amables conmigo y he disfrutado de cada aparición que he hecho allí. Además, me encanta ir a España. Ojalá tuviera más tiempo para viajar y explorarla. ¿A quién no le gusta España?
P. ¿Y a qué autores españoles o latinoamericanos contemporáneos lee?
R. Bueno, por supuesto, a mi querido amigo Lorenzo Silva, Carlos Ruiz Zafón, Elmer Mendoza, Juan Pablo Villalobos, Alberto Urrea, Anabel Hernández... Siempre me cuesta hacer listas como esta por miedo a dejar a alguien fuera. Y, aunque por supuesto no es contemporáneo, no olvidemos que Cervantes es el padre de la novela negra moderna.
P. Hablando de lecturas: ¿cuál de sus libros recomendaría a alguien que aún no le ha leído?
R. Es una pregunta difícil, porque cada persona es diferente, claro. Supongo que mi primera novela, Un soplo de aire fresco, porque suele ser un buen punto de partida. O quizá El poder del perro, la primera de mi trilogía sobre el tráfico de drogas, porque fue el comienzo de mis veintitrés años escribiendo sobre el tema. Pero me da igual por dónde empiecen.
