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Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) forma parte de la Real Academia Española (RAE) desde 2003, pero a lo largo de más de dos décadas no ha mostrado jamás reparos en cargar contra la propia institución cuando lo ha considerado conveniente.

Hace poco menos de tres años protagonizó una sonora polémica a propósito de la tilde diacrítica en la palabra 'solo' cuando operaba como adverbio. El creador del Capitán Alatriste se mostró taxativo a favor de su uso cuando comportara "riesgo de ambigüedad", mientras que la RAE se limitó a introducir un matiz en la normativa: que la ambigüedad quedara "a juicio del que escribe".

Ambigüedades de este tipo son las que molestan a Pérez-Reverte. En un artículo publicado en El Mundo este domingo, el escritor y académico lamenta la falta de autoridad de la institución, que se habría "doblegado" a la presión de las esferas políticas y de las redes sociales.

Según Pérez-Reverte, "un tertuliano, youtuber o influencer analfabetos pueden tener más influencia lingüística que un premio Cervantes" desde que "la actual RAE acepta construcciones que hace años habría considerado erróneas". Esto representaría un peligro, pues "si todo uso mayoritario, por vulgar o incorrecto que sea, resulta automáticamente válido, la noción misma de corrección pierde sentido".

La RAE estaría traicionando el sempiterno eslogan con el que asociamos a la Academia: "Limpia, fija y da esplendor". Y es que "limpiar, en el origen del lema, significaba depurar el idioma de usos incorrectos, confusos o innecesarios". Además, "hoy la RAE se muestra incómoda con la idea de fijación", lo que el escritor define como "establecer consensos estables".

Pérez-Reverte habla de "cambios poco justificados, explicaciones confusas y decisiones cuestionables erosionan la autoridad académica". Incluye, a propósito, ejemplos como el de la tilde en 'solo', ya citado, o en 'guion', y las mayúsculas opcionales. "La respuesta académica suele ser tibia", resuelve. El resultado, dice, es "una normativa cada vez más laxa, ambigua y contradictoria". Y sentencia: "Una institución que no fija, duda; y una que duda, deja de ser referencia".

La causa de esta presunta perversión del lenguaje reside en "un miedo general asentado en la RAE: miedo a parecer elitistas, conservadores o excluyentes en un ámbito cultural hipersensible", lo que estaría desembocando, según el escritor, en la pérdida del esplendor, la tercera idea del lema. Y es que la RAE "maneja un registro cada vez más vulgar, adaptado al lenguaje de redes sociales", lo que "deteriora su imagen".

Por otro lado, "la RAE ha mostrado una evidente falta de liderazgo cultural frente a la avalancha de anglicismos, tecnicismos innecesarios y empobrecimiento léxico", considera. Y rescata, a propósito, la posición de la Academia ante el lenguaje inclusivo, propuesta siempre impulsada desde las esferas políticas: "La resistencia académica viene siendo honorable, pero sin la contundencia propia de su autoridad".

Pérez-Reverte se muestra partidario de "ser inflexible con quienes desde el interés partidista intentan contaminar la lengua o adaptarla a sus intereses", pues "al no plantar cara públicamente a ese oportunismo ignorante e irresponsable, la RAE contribuye a la confusión general y abdica de su autoridad y prestigio".

Señalamiento a Muñoz Machado

Amén de las consideraciones acerca de la autoridad de la Academia en el uso del lenguaje, hay un pasaje del texto que sorprenderá a algunos, habida cuenta de que hace solo unos meses el autor de Falcó cerró filas con el director de la RAE, Santiago Muñoz Machado, que se encontraba inmerso en una amarga disputa con su homólogo en el Instituto Cervantes, Luis García Montero.

Pérez-Reverte denuncia en su artículo "la invisibilidad intelectual de muchos actuales académicos". "Históricamente, la RAE estaba integrada por figuras literarias y filológicas de primer orden", dice, mientras que "hoy están lejos los tiempos en que los jueves [los días que se celebran los plenos en la Academia] suponían fascinantes discusiones de gran altura".

Es imposible que estas frases no nos recuerden a las declaraciones con las que García Montero inició el enfrentamiento contra Muñoz Machado. El poeta lamentó que el director de la RAE no fuera "un filólogo", sino un "experto en llevar negocios desde su despacho para empresas multimillonarias". Y añadió que "estaba acostumbrado a hablar con Fernando Lázaro Carreter, Víctor García de la Concha o Darío Villanueva, grandes filólogos y hombres de la cultura".

El caso es que "durante el mandato del actual director [...] se ha roto el vínculo histórico, el respeto mutuo, el equilibrio al que antes aludía entre creación literaria y técnica lingüística", según Pérez-Reverte, que no duda en señalar que "los talibanes del todo vale" son "el sector ahora dominante en la Academia".

"La lengua sin autoridad literaria se vuelve plana; y una academia que no escucha a quienes mejor la manejan renuncia a dar esplendor", resume el escritor. Y "mientras no practique la valentía de señalar el error en vez de certificarlo, y de sostener la autoridad superior de quienes a uno y otro lado del Atlántico mejor escribieron y escriben en nuestra lengua, la RAE será una institución útil pero traidora a sí misma".