Los lectores disfrutamos de una rica oferta cultural, alimentada por el imparable carrusel de títulos de ayer y de hoy que lanza la industria editorial. Nos llega así este libro excepcional de Rafael Cansinos Assens (1882-1964), un escritor que parece haber vivido dos vidas simultáneamente, la real y la literaria. En esto se parece a Jorge Luis Borges, su amigo y compañero de ultraísmos: sus biografías vienen cargadas de hechos y anécdotas en las que lo real y lo ficticio se cruzan. Ocioso parece intentar separarlos, pues toda biografía es en parte ficción.

La novela de un literato

Rafael Cansinos Assens

Arca Ediciones, 2022. 864 páginas. 36 €

El volumen llega remozado, las tres partes del mismo publicadas por primera vez juntas, gracias a la diligencia y buen hacer de su hijo, guardián de su legado, Rafael M. Cansinos, autor asimismo de unos apuntes autobiográficos que abren el texto y sientan la base factual de la vida del autor.

La importancia para nuestras letras del escritor sevillano afincado en Madrid desde 1898 ha sido testimoniada mil y una veces. Cuando preparaba una antología de la vanguardia española, mi padre, Ricardo Gullón, y cuantos expertos consultaba (Francisco Ayala, José Luis Cano...) me repetían: no te olvides de Cansinos Assens. Advertencia que chocaba con la desvaída presencia de su obra en los programas de estudio e historias literarias. Sin embargo, la riqueza de la obra y su influencia aparecían por doquier. Los inicios poéticos, las prosas modernistas, luego el fundador del ultraísmo, el crítico literario, el traductor, el novelista, y la figura principal en las tertulias de la época, certificaban la admiración de los letraheridos mencionados.

Lo que desconocía era que Cansinos iba escribiendo en horas sueltas pedazos de sus recuerdos, de los escritores con quienes se relacionaba, los protagonistas de un largo periodo, desde comienzos de siglo hasta la guerra del 36, que componen un mural de retratos de personas, personajes y lugares significativos para la cultura de la capital en el primer tercio del XX.



Hay dos hechos en su biografía que quiero destacar, porque enmarcan su vida. Uno, que al terminar la guerra fue depurado por la dictadura y acusado de judío y de llevar una “vida rara” (pág. 17), obligándolo a permanecer confinado en su domicilio, lo que le apartó de su hábitat natural. Retomará a partir de entonces uno de sus empeños más fructíferos, la traducción, y de su pluma saldrán títulos de Balzac, de Turguénev, Schiller, el Corán, las Mil y una noches, entre otros, y orientará su presencia autorial hacia Iberoamérica, hacia Argentina, donde sus obras seguían teniendo éxito gracias a los exiliados.

Leer esta obra constituye un enorme placer, por la sencillez del estilo, la soltura y el humor con que describe la vida cultural madrileña

Un segundo hecho es que cuando en 1961 terminó un borrador de este libro, se lo ofreció al editor Manuel Aguilar, con quien mantenía una excelente relación, y este le ofreció publicarlo con la condición de que lo censurase él mismo. Sugerencia rechazada de plano. Junto a estos dos hechos, hay que añadir que era un hombre extraordinariamente desinteresado, rara ave en el mundo literario, en figurar, en conseguir prebendas por medio de la alabanza a los poderosos.

Leer La novela de un literato constituye un enorme placer por la sencillez y trasparencia del estilo, la soltura y humor con que describe el escenario de la vida cultural madrileña, bosquejando el retrato de sus protagonistas sin caer en el ataque personal ni escamotear la verdad tal y como él la entendía. Es además una de esas obras que nacen cuando al autor le rebosan las ganas de contar su historia. “Hay un momento en la vida del escritor en que, cansado o desengañado, [...] vuelve la vista a sus recuerdos, que le brindan el argumento de una novela vivida en colaboración de sus contemporáneos¨ (pág. 22).

Así declara un aspecto esencial de su libro, el que la vida literaria vivida por Cansinos resultaba una novela, desde luego, porque la cultura española entre 1900-1960 vivía la edad de la literatura, y ésta ocupaba el podio donde se dirimían los debates culturales y en parte los políticos. Cuanto Cansinos emprendía tocaba el mundo de las letras, ya fuese escribir libros, artículos, ir a tertulias de café, a la RAE, a teatros, a la primera feria del libro, y las personas con quienes se trataba y visitaba eran literatos, que llevaban una vida singular dedicada a dejar constancia de su realidad en la página escrita. Y este panorama, novela, tiene múltiples protagonistas, mientras que Cansinos es el narrador y testigo principal del texto.

Veremos aparecer a personajes del ayer, a Benito Pérez Galdós, a quien conoció cuando visitaba a Vicente Blasco Ibáñez. Este le pidió que le acompañase a un café a encontrarse con Galdós. Le impresionó lo pequeño que era comparado con Blasco, y comenta que el valenciano se creía superior al maestro canario, por ser más moderno. Enseguida aparecen Salvador Rueda y Francisco Villaespesa, quien pronto le brindó su amistad. Luego asoma Juan Ramón Jiménez.

Cansinos Assens es un escritor que parece haber vivido dos vidas simultáneamente, la real y la literaria

Villaespesa sabe que el andaluz está en Madrid, y arregla una visita de Cansinos con los hermanos Machado al sanatorio de El Rosario. El poeta les leyó unas rimas, ellos quedaron impresionados por la tristeza del poeta y por el lujo del aposento. Señal de que Juan Ramón tenía dinero: en efecto, pronto financiaría la revista Helios, dedicada a los elegidos, y donde publicará Cansinos. ¨¡Oh, este Juan Ramón!… Qué delicado y pulcro. Es para mí la imagen de la pureza y me acuerdo de él siempre que veo un ramo de violetas” (pág. 109).

Años después le visitará en casa del doctor Simarro. Y así van apareciendo los protagonistas de aquel mundo, Gregorio Martínez Sierra, Carmen de Burgos, Ramón Pérez de Ayala, Isaac del Vando Villar… Un día va a Rosales a escuchar un concierto de la banda municipal, donde encuentra a Antonio Machado, solo y vestido de luto, porque acaba de enviudar de una mujer joven a la que amaba. Cansinos se acerca a dar el pésame, con un trasfondo de fuertes trompetazos wagnerianos (p. 303).

También Cansinos sabe ser directo y de juicio firme. Acompañado de Francisco Torres acude a la RAE para asistir a la entrada en la docta casa de su amigo Ricardo León. Habla Antonio Maura, a la sazón presidente de la entidad, que lanza “su discurso de tópicos. Tan reaccionario en literatura como en política” (pág. 351).

Sin embargo, de los más de quinientos perfiles de personajes de su tiempo, la mano fina, el comentario que sugiere suele ser la tónica general. Durante una visita a la tertulia de Concha Espina, a la que trata con dignidad, comenta cómo la escritora se queja de que Azorín nunca habla de sus libros, “para él yo no existo dice la dama, claro que él tampoco para mí” (pág. 618). El libro confirma que Cansinos Assens es el memorialista mayor de las letras de la edad de la literatura.

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